El hombre de la ROSA

Todos los años millones de mujeres reciben en nochebuena una bombacha rosa con el propósito de ser estrenado en Año Nuevo para llamar a la buena suerte, pero ¿existe un fetichismo especial de los hombres por esta prenda? Navidad con el hombre de la rosa…de la bombacha rosa.


Por Silvana Amorena


El psicoanálisis nos dice que el fetichismo es clínicamente un modo de perversión donde la excitación sexual tiene como condición necesaria y excluyente un objeto diferente a los genitales. Las fiestas despiertan el fetiche de la bombachita rosa o el traje sexy de "Mamá Noel" en muchos de nuestros compañeros. Cómo reconocer si tu pareja forma parte del hasta ahora desconocido grupo de “los fetichistas de la Navidad”.


1) El hombre de la rosa siempre va a elegir pasar Navidad con tu familia, de esa forma se va a asegurar de que alguna de tus tías te regale la tan añorada prenda: la bombacha rosa.

2) Es tan importante para él ser el afortunado ganador de ese objeto que va a asegurarse verte el 25 o el 1, según la tradición que sigas para el estreno de la bombachita, así que al menos tenés asegurada una cita el día después.

3) Es un gran promotor de que uses pollera y es capaz de hacerte subir una escalera miles de veces con tal de poder espiarte la entrepierna.

4) El fetichista de la bombacha es de esos hombres que siempre quieren poner el lavarropas ellos, así se aseguran unos instantes de privacidad con esa tanguita o culotte que tanta felicidad les da.

5) Otra particularidad que podrás notar es que va a insistirte en que te pongas el traje de Papá Noel la noche de Navidad y, luego de que entregues todos los juguetes, va a besarte apasionadamente en la cocina sin sacarte la barba blanca.

6) Como no deja de ser un romántico, el entusiasta de la Navidad va a adoptar cualquier costumbre extranjera que implique tocarte, ejemplo, pondrá muérdago en toda la casa para besarte en cada rincón.

El espíritu navideño nos puede traer muchas sorpresas, hay que darle la bienvenida y divertirse un poco jugando con las costumbres y tradiciones que heredamos.

Que la bombachita rosa nos regale un 2012 lleno de orgasmos y felicidades a todas.



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Así se festeja el año nuevo en…

Aunque el 2012 llega inmerso en profecías mayas de fin del mundo, cada país le dará la bienvenida a su modo.¡Te contamos algunas!





España:
¿Alguna vez en tu casa recibieron el año nuevo comiendo doce uvas? ¡Esa tradición viene de España! Después de una cena familiar se comen doce uvas junto a las 12 campanadas. La última coincide con la llegada del año nuevo.

Italia:
En Nápoles, Sicilia y Calabria se sigue manteniendo la tradición de arrojar algunos muebles por la ventana como símbolo de despojarse de lo negativo del año pasado y dar la bienvenida al año entrante. Mientras que en el primer almuerzo del año se acostumbra a comer un buen plato de lentejas que simbolizan el dinero y la abundancia.

Brasil:
En Brasil, las playas se llenan de gente y, siguiendo una vieja tradición pagana, se dan ofrendas al mar, en forma de flores a la diosa del mar, para recibir el año llenos de amor, salud y abundancia. En la vestimenta predomina el uso del blanco.

Japón:
El año nuevo es una de las festividades más importantes de Japón. Se celebra durante 4 días, antes y después del primero de enero (Gantan). Se prepara Osechi Ryouri, una comida especial de Año Nuevo que simboliza la vida, suerte y felicidad. Otra comida que se suele comer el 31 por la noche son los Toshikoshi Soba: “fideos para cruzar o pasar el año”, si uno desea tener una vida larga. Finalmente, llega la “campana de la víspera del Año Nuevo” (Jyoyano Kane). Si sos impaciente y doce campanadas te parecían demasiado, en los templos budistas son ciento ocho campanadas las que se escuchan. Representan el número de los pecados del ser humano mientras se va purificando. La última campanada coincide con el comienzo del Año Nuevo.

Sea como sea que acostumbres recibir el año nuevo, con amigos o con familiares, lo importante es a las 12 levantar la copa bien en alto, por el año que se está yendo… ¡y porque un año nuevo lleno de posibilidades está llegando!

¡Brindemos!










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Festejá como se te cante

Las fiestas nos alteran. Llegamos con miles de compromisos que nos pesan, miles de cosas que quisiéramos terminar y no podemos, miles de problemas que si paráramos un poco la máquina los resolveríamos más rápido. Por eso, en estas fiestas, lo que más deseo… ¡es que festejes como se te cante!


Por Clarisa Ercolano

Llega la Navidad, llega el año nuevo. A todos, a mí incluida, nos da el ataque por hacer en veinte días lo que no hicimos en trescientos. Motivo por el cual, justamente, llegamos a estas celebraciones con cara de cansadas, fundidas, trasnochadas. Corremos contra el tiempo. Vemos arbolitos de navidad y coronitas de muérdago como si esto fuese Canadá y nos agarra la desesperación por el furor festivo.

El fin de año, las fiestas, alteran porque nos damos cuenta del paso del tiempo. Tiempo de vida correteando atrás de pelotudeces, creyéndonos la sucursal de Caritas parroquial (porque una cosa es ser buena y otra buenuda), gastando energía en “amigas” que a la hora de ser justamente eso, amigas, tienen más requisitos que un crédito hipotecario, o bien, rompiéndonos la cabeza ante problemas que, si les dedicáramos más tiempo de acción y menos de andar refunfuñando, desaparecerían solitos.

El problema con el paso del tiempo no es que envejecemos o, como diría Violencia Rivas, que estamos un año más cerca de morir. Hablo de otra cosa. El problema está en no observar nuestro lugar finito pero valioso en este desbarajuste llamado mundo, desesperarnos viendo el bosque cuando tenemos el árbol enfrente.

Ojo, soy anti conformismo, no digo que debemos estar contentas porque “ay, al menos no soy inválida”. Lo que digo es que debemos reencontrarnos con nosotras mismas y descubrir qué queremos, para que el dichoso espíritu navideño no nos termine dando por el forro de los ovarios.

Hablo de ver este fin de año como la oportunidad de decir, “ok, a la mierda, reseteo y vengo con más polenta que nunca”. Puede haber de todo en la vida, pero todavía no nació ese o esa que pueda robarnos el futuro.

Y sobre todo, no hagas cosas si no te gustan. Si odiás la cola del súper, comprate las cosas on line. Si detestás mandar tarjetitas pedorras a docientas personas, saludá a las cinco que de verdad lo valen y a otra cosa. Si tenés ganas de quedarte con X persona y no ver a otras tantas por compromiso, no las veas o deciles que te fuiste a Arabia Saudita. Si te da pachorra hacer fila en el boliche top después del brindis, quedate con tu amor (o con algo parecido, dependiendo el cuadro de cada una). Y si querés, ni siquiera cumplas con el ritual de la bombacha rosa. O no te pongas nada.

Descargate de lo pesado. No ser políticamente correcta muchas veces tiene sus ventajas. No vender lo que no sos, también. Así sea que lo que estás vendiendo sea un producto con fallas, vale. Siempre lo verdadero, lindo o feo, vale más. Y después de todo, no te preocupes tanto, que a lo mejor en el 2012 los mayas tenían razón y volamos por el aire. O a lo mejor no, y seguimos estando acá, corriendo con los lobos, como siempre.



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La mesa de los chicos

En las fiestas se vuelve a verificar esa disposición espacial a la hora de comer que divide a los grandes de los chicos. Lo que cada vez es más difícil de distinguir es qué es ser grande o ser chico. ¿Cuándo decide la familia que uno ya no es un niño?


Por Eugenia Rombolá

En casi todas las reuniones familiares se suele reservar un lugar especial para los más chicos de la familia. Vasos de plástico y cuchillos que no cortan son algunas de las principales diferencias con respecto a la mesa de los adultos. Pero los tiempos cambiaron.

Hace varios años atrás, la mesa de los chicos llevaba bien su nombre, no había ninguna contradicción entre nombre y uso. Los comensales de esa mesa todavía iban al colegio y no tomaban alcohol, al menos no frente a sus padres. Pero ahora, digamos que abundan las familias donde los más chicos de la familia tienen veinti largos, por no decir treinti y hasta cuarenti.

La distinción entre mesa de adultos y de chicos se torna cada vez más confusa. La de los chicos se convirtió en una mesa intergeneracional, donde se mezclan retoños quilomberos a los que no les gusta la ensalada waldorf y grandulotes que toman cerveza en vasos irrompibles y les cuesta cortar el peceto con el cuchillito sin filo.

Hoy por hoy, la edad ya no es un pasaporte seguro para ingresar a la mesa de los grandes: podés tener más de treinta, una profesión consolidada, llegar con tu pareja y seguir ubicado en la mesa redonda de la punta donde abundan las botellas de gaseosa y para llenar otra vez tu vaso con bebida alcohólica tenés que dar la vuelta al mundo.

Es posible que la entrada al otro lado sea tener hijos. No lo comprobé personalmente, así que no puedo afirmarlo con certeza. En mi caso, me imagino toda mi vida en la mesa de los chicos, con mis propios hijos, peleándonos por el vaso de Mickey.

Tal vez, algún día, la mesa de los chicos sea más grande que la de los grandes. Tal vez, llegue el día en que ya no existan diferencias entre ambos lados.




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¡Felices Fiestas para todos!

Les deseamos una dulce nochebuena y una hermosa navidad. ¡Gracias por compartir otra navidad más con Victoria Rolanda!












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Hechizos amor y dinero en navidad

Algunos habran escuchado acerca del poder mágico que tiene la Navidad. Es una fecha en la que todos estamos más receptivos y nuestra energía personal alcanza su grado más alto. Compartimos con ustedes dos hechizos. Uno para atraer el dinero y otro para atraer el amor para quienes necesiten una mano durante el 2012.  No sabemos si será verdad o si es solo una superstición pero vale la pena intentar. 










Sortilegio para atraer prosperidad económica:
En la mañana del 24 de diciembre debes ir a caminar solo a un lugar en contacto con la naturaleza para lo que necesitarías llevar un pañuelo blanco y amplio. Con la mente muy positiva deberás pensar por qué mereces ser prospero y visualizar esa situación.
Comienza a recolectar elementos naturales que te llamen la atención:  piñas, hojas, flores, para ir colocándolas dentro del pañuelo. Los frutos son la abundancia y simbolizan la riqueza que te pertenece. Tu situación financiera mejorará.

Hechizo para atraer el amor: 
Para realizarlo vas a necesitar las siguientes cosas:
  • 1 hoja de papel
  • 1 boligrafo rojo o marcador
  • 1 sobre carta
  • Tu perfume favorito
  • Pintura de labios preferiblemente rojo
  • Algunos pétalos de rosa rojas
Escribe todas las cualidades que deseas para una pareja en la hoja, con algunas gotas del perfume en el papel. Ahora dobla el papel y colocalo dentro del sobre. Sostiene los  pétalos de Rosa con tu mano derecha. Ahora concentrate e imagínate muy feliz en los brazos de alguien y manten  los pétalos apretados en tu mano por 5 minutos.
Deja caer los pétalos dentro de el sobre y  al cerrarlo, lo tendrás que besar para dejar las marcas de tus labios.
¡Suerte! 


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Cólera Festivo

Estamos aquí reunidos para celebrar la Navidad. Corre la abuela a buscar al Niñito Jesús que escondía bajo la cama, empolvado y sin ojos. Corre la sobrina a cambiarse el protector diario de la bombacha rosa antes de que sea demasiado tarde para brindar, o coger o rezar. Y llega, finalmente llega, ese pan dulce horrible, con esas frutas barnizadas que los años increíblemente no permiten olvidar. La Navidad no solo nos une a la gente sino que también nos reencuentra con la comida bizarra.

Por Melisa Sansotta




“¡¡¡¡Melllllllllllllllllll, veníiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, vení, dale, dale, daleeeeeeeeeeeeee, apuraaaaaaaaateeeeeeeeeeee!!!!”, me gritaba mi vieja: “¡¡¡¡Dale que está viniendo Papá Noeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeellllllllllll!!!!”. 

Me acuerdo que cuando mi vieja me llamaba corría desde la planta alta de casa, bajaba la escalera de a dos escalones, abría la puerta del garaje y ahí estaba ella con mi papá. En el aire había un dejo de purpurina que había quedado flotando y el sonido de las palabras: “Uh, hija, te lo perdiste… otra vez”. Años después entendí que era más fácil simular que yo había llegado tarde a que mi padre se disfrazara una hora con ropas de invierno en verano y morir de deshidratación.

A esta altura los mensajes de texto festivos comenzaron hace casi una semana. El celular se bloquea no por la falla en las operadoras, sino porque está harto de ser el emisor de deseos como “que el Niño Jesús te cumpla la gracia del Espíritu Santo” o “ya estás grande para Papá Noel, pero abrí mi paquete y encontrate con ésta”.  A partir de hoy comienza a recibirse el hijo pródigo de la comunicación veloz: el email. En este formato se permite volar un poco más, ya con chances de adjuntar Power Points, los favoritos de las mamis, esos mismos que nadie abrirá porque dicen ni más ni menos que lo mismo que todos los años anteriores.  Ni hablar de las redes sociales, donde serás etiquetado en un sinnúmero de fotos, postales de pinitos y un millón de etcéteras, de los cuales irás gradualmente desetiquetándote después de dejar un Me Gusta, tampoco querés quedar antipática.

Y, como un cólera, el espíritu festivo se propaga con optimismo entre la sociedad hasta que nos sorprende el Año Nuevo. Llegan las 23.59 y la abuela, con lo poco que ya le quedaba de vida en Noche Buena, se para sobre una silla al grito de “las malas ondas pasan por abajo y no quiero que me toquen, ¡vamos todos!”, y ahí vas. Te parás arriba de la silla, sosteniéndote del respaldo con una mano que accidentalmente apoyaste sobre la ensalada de papa y huevo. Sin quedarse atrás, la tía desde arriba de la mesa te acerca 563 pasas de uva que hay que comer con cada campanada de un reloj que en realidad no tenés, pero te amenazan con que no hacerlo provocará mal sexo hasta que las palomas sean líderes de una nueva conquista mundial... no entiendo, pero seguís la corriente y te las comés todas de un saque. Intentás saber la hora exacta. Con la mano que no manchaste de ensalada de papa y huevo cambiás el canal de la tele. Todos los programas tienen un minuto de diferencia y es entonces cuando confiamos en Crónica TV para decir “ya es hora de brindar”.

Faltan 30 segundos para las 00.00, pero papá está borracho y desvirga el momento con el primer “feliz año” de los 653.548.562 que vas a escuchar durante toda la noche. Los de al lado arrancan con los petardos, papá  destapa ahora una Sidra Real, la tía vuelca un vaso, la novia agarra el teléfono y llora porque el novio no atiende, la casa de repente se llena de vecinos oportunistas, los artificios toman una intensidad impensada al tiempo  que el 80% de la población canina y hámster muere mientras sus dueños están demasiado ocupados buscando botellas vacías para usar de dispara cañitas.

Veinte minutos dura la celebración hasta que simplemente querés irte de esa casa, que tu abuela se acueste y que algún santo fabrique una remisería de sobrios para recorrer los kilómetros que sean necesarios hasta llevarte al paraíso del primero de enero. Pero no existe el transporte a tu domicilio y la alternativa es viajar en el auto de un amigo de tu papá, que llega con otros tres amigos de tu papá, que te miran las tetas mientras te besan el cachete al son de “feliz Año, chiquita, ¿cómo la pasaron?”. Y, la verdad, si te ponés a pensar, la pasaste fantástico.





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Una navidad a puro brillo

En esta ocasión queremos compartir con vos algunos secretos para que  tu decoración navideña no pase desapercibida. Nuestro aliado será Rust Oleum, la linea de aerosoles para pintar de la manera más simple y práctica.

Por Vicky Gonzalez 




Llega diciembre y el espíritu navideño que dejamos atrás vuelve para llenar de brillos, colores y luces el hogar. Te dejamos algunas ideas para cambiarle la pinta al mismo arbolito aburrido de siempre.



Nuestro árbol de navidad se viste de gala


El árbol de navidad es el símbolo por excelencia de esta época. Sofisticados detalles en Oro y Plata pueden transformar el viejo árbol en el objeto principal de la decoración de nuestro living. Podemos seleccionar algunas figuras en madera y plástico como renos, estrellas o muérdagos y colorearlos para colgar de nuestro arbol. Con Rust-Oleum Specialty Metallic color plata podremos darle un brillo especial a los objetos que contrasten con el verde característico de las hojas y colgarlos con cintas rojas que acompañen la decoración.




Esperando a Papá Noel

Cuando pequeños esperamos ansiosos el 24 de diciembre a la noche y la llegada de Papá Noel nos llena de emoción. Este año tenemos la posibilidad de encontrar un lugar especial para señalizar el lugar donde ubicar los regalos y donde los más chiquitos pueden correr a buscar sus presentes navideños. Con el aerosol Rust-Oleum Specialty Metallic Oro podemos pintar letras en madera para ubicarlas arriba de la chimenea, sobre una mesa complementaria o colgando desde las escaleras. Un complemento ideal para esta decoración son pequeñas velas que iluminen y contrasten con el dorado y generen un efecto especial.



¡Ahora manos a la masa... o al aerosol!

Cómo pintar figuras en madera:

Para realizar este proyecto sugerimos utilizar los colores rojo y verde de la línea de aerosoles Rust- Oleum Ultra Cover 2X o bien los colores Oro y Plata de la línea Rust-Oleum Specialty Metallic.


Materiales

- Figuras en madera
-Pintura en aerosol Ultra Cover 2X de Rust-Oleum
-Trapo seco y limpio

Paso a paso:
1. En primera instancia debemos cubrir con papel de diario o similar la superficie en la que vamos a trabajar. Esto nos va a permitir contar con unos centímetros extra en tanto el
tamaño de la figura sin marchar la superficie debajo.2. Luego, limpiamos con cuidado la figura en madera.

3. Una vez elegido el color comenzamos el rociado de la pintura.
4. Aplicamos 2 o 3 manos suaves siempre con el aerosol en movimiento, al menos dos capas.
Tiempo del proyecto: 10 minutos

Los podes encontrar en:

En nuestro país, los productos se  comercializan en Easy y en las principales pinturerías.








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¿Panchos gourmet?


Más Conocido en Colombia como “Perros calientes”, en Argentina como “panchos”, en Chile, como “Completos”, en Bolivia, como “Mencho”, en Europa como Toasty Dogs, y en Australia como Dagwood Dogs y el mundo como Hot Dog. Ahora también aparecen nuevas propuestas que unen viejas recetas con ingredientes nuevos. Llegaron para quedarse los panchos gourmet ¿Una opción distinta para sumar como entrada a la mesa navideña?

Por Ángela Trejos ( Colombia)

Conocido en el mundo saludable como “Comida Chatarra”, atraído por muchos, y por todos los transeúntes que vamos por la calle dejándonos envolver por el olor, el antojo o una simple comida rápida, que nos saque de apuro por el tiempo. El Hot Dog, tiene 200 años y hasta ahora, es uno de los platos más preferidos y conocidos por todas las personas en el mundo. Es la única comida que varía de sabores, estilos y preparación, según el país en el que te encuentres, aunque ya todos sabemos que, cuando nos dicen Hot Dog solo se trata de uno.



¡El Perro con más años en el mundo!

Según las investigaciones el Hot Dog fue creado por un señor Alemán, llamado, Charles Feltman quien puso un puesto de carros de “Hot Dogs” y las vendía a las afueras de las playas de Coney Island, cerca de la Ciudad de Nueva York. Así mismo, este se fue extendiendo por todo EE.UU, se vendían en las afueras de los estadios de Beisbol, o establecimientos con gran número de personas, se comprueba una vez más, que fue y sigue siendo, la comida rápida más vendida en ese País y el cual generaba cualquier cantidad de ingreso, gracias a su alto consumo.

…..Me suena CRUNCH!!

Muerdo el pan, la carne, muerdo papitas… ¡Me suena Crunch!

Con la opción de tostar el pan, o sin tostar, ya no solo se comen con el tradicional "pan de salchicha". Hoy los panchos se hacen en mini-baguets o, incluso, con pan casero.

Tiene muchas salsas, que a su vez, se combinan de muchos colores; rojo, amarillo, rosado, blanco, que, a simple vista y olfato, dan hambre

La clave gourmet esta en las salsas

¡Cada día hay más sabores para acompañar a tu pancho! Salsa de tomate, salsa de ajo, salsa rosada, salsa barbacoa, salsa de piña….pepinillos, cebolla, tocineta, queso, mucho queso... Hay muchas opciones y de todas las formas. Le dan el sabor único entre dulce y ácido que tienen los hot dogs. En Perú, por ejemplo, el invitado estrella de los ingredientes es la salsa de ají amarillo. ¡Y las papitas Pay le dan un toque de gusto y sabor!

Nuevos modos de cocción 

Tradicionalmente las salchichas se hierven y en unos minutos tenemos los resultados. ¿Y si nos animamos a hornearlas o asarlas en la parrilla? ¡Te sorprenderás! 

Para estas fiestas, te recomendamos que introduzcas los panchos gourmet como un buen plato de entrada, suculento para niños y también para los grandes.



Y tú, ¿Cómo armas el tuyo?



Cómo preparar un pancho al estilo peruano


  • Vienissimas XL
  • Mini baguettes: son ideales las de pan precocido congelado, que se ofrecen en panaderías al paso, estaciones de servicio, rotiserías y minimercados, pero también para llevar a casa en algunos supermercados.
  • Salsa de ají amarillo: envasada o casera
  • Maíz cancha frito: triturado
  • Lechuga: en juliana
  • Cebolla roja: se puede curar en jugo de limón por unos minutos para que tenga un sabor más suave
  • Cilantro fresco: un puñado
  • Peperoncino: una pizca
Receta extraída de la revista CUKMI







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Solidificación o Muerte

Las luces dicroicas son unas hijas de puta, pero gracias a ellas noté que la flacidez estaba colonizando mis piernas con la velocidad en la que un velocirraptor destruye un trencito de tíos borrachos comandados por un nono en un cumpleaños de quince. Si a eso le sumamos vacaciones en Brasil con novio y amigos de novio, la conclusión es clara: solidificación o muerte.

Por Melisa Sansotta

Entré a Google, escribí “gimnasio + olivos” y se abrió una especie de mapita con varios puntos marcados. Oh fortuna, uno de esos puntitos estaba a tan solo ocho cuadras de mi departamento. Una estadística personal indica que si me determino a arrancar algo un lunes, el margen de abandono antes de llevar a cabo la acción es de un 98%, por eso mismo decidí empezar un jueves.

Salí del trabajo, pasé por casa, cargué una botellita de Sprite con agua de la canilla del baño y elegí mi vestimenta. Tengo tetas, pero no corpiño deportivo. Arranqué, entonces, por los pies, para no complejizarme de entrada: zapatillas regaladas por mi abuelo, blancas y dos números más grandes. Pero no hablamos de un 38 calzando 36, hablamos de un 42 calzando 40. Enormes, cada una podría servir de casa quinta para una familia de hombres papa. Soquetes y calzas negras, una camperita tapando la desgracia de esa tela elástica pedorra encastrada entre mis carnes anales y, ahora sí, a vestir el torso.

Me puse el corpiño que más chico me quedaba, cosa de no andar revoleando los pechos por el mundo. Arriba un top, el único que tengo, a rayas blanco y negro. Más arriba una musculosa color azul eléctrico, apretada, como segunda contención en caso de que el top no tolerara tanta presión. Y, como última capa, una musculosa Topper heredada de cuando mi papá jugaba al tenis hace unos 15 años. Cabe recordar que no tengo espejo, y que cuando salí a la calle y vi mi primer reflejo en una vidriera quise esconderme debajo de un puesto de tortas fritas que estaba levantando su toldito justo en el instante que pasaba.

No importa, seguí adelante, total ocho cuadras de ridículo no se le niegan a ningún espectador. Me había enganchado el MP3 en una tira elástica en el brazo para poder escuchar música durante la actividad, tenía el pelo atado tirante para que no estorbara en mi rostro, estaba totalmente preparada. Vi el cartel del lugar desde la mano de en frente, crucé determinada a ejercitarme como un bajonero a su Burger King, subí las escaleras y largué el “hola, me vengo a anotar para empezar hoy”. “Dale”, me dice la señora, “¿qué vas a estar haciendo?”. “Y, cola y piernas principalmente... aparatos”, respondí instantáneamente, justo antes de recibir la gran decepción de la tardenoche: “Ah, pero acá no tenemos aparatos”.

Un manto de odio circundó mis ovarios. Por un instante mis muslos se tensionaron. La señora me acercó un papelito con clases extrañas, me habló de pelotas, colchonetas, almohadas… yo solo quería hacer una brochette con sus pezones. Me fui. Caminé unas cuadras, llamé a mi papá y le dije que realmente me había tocado el único gimnasio sin aparatos de la historia del mundo. Se rió. Y en la mitad de su carcajada, divisé otro espacio solidificador.


Con emoción entré, saludé, pedí lista de precios y pregunté si había aparatos. El recepcionista habrá pensado que soy medio pelotuda, porque su “obvio” tuvo un dejo de daiquiri de conchudez y pena que me hizo sentir no del todo a gusto. Me dio una llavecita por si quería cambiarme. Le dije que así había venido de casa. Hubo un silencio.

Dejé mi carterita, agarré la botella de Sprite recargada con agua de baño y saludé a Dany, mi nuevo entrenador, el forro que me dijo que anduviera en esa bici hasta que la rayita dejara de titilar. Hoy voy a tener pesadillas con esos puntitos de mierda iluminándolo todo eternamente…
Terminé cada uno de mis ejercicios.

Al final de la hora le pedí a Dany un aplauso. Para mí es importante el reconocimiento. Me miró fijo y prometió que cuando hiciera algo con peso y sin preguntarle constantemente iba a ser el primero en aplaudirme.


Ya tengo rutina en una ficha prolijamente completada, cené en la cama y me duele desde el culo hasta más allá del sol. Las señales son optimistas. Auguro que llegará febrero sin abandono, ¿se animan a apostar?




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Todo por dos besos

Si tuvieras que hacer hoy, a tus treinta, la típica lista que hacías a los quince de los chicos que te gustan, te chapaste, te curtiste o todo eso junto, no alcanzaría la producción de madera del Amazonas. En ese extenso listado, te están faltando pocos prototipos masculinos para completar el álbum de la raza masculina. Piloto de avión, artista hippie chic, fisicoculturista, el depresivo seudo feliz, pirulinero, hétero devenido en homo y hasta un señor de las cuatro décadas casi cinco. Pero en esa lista te faltó uno que hasta que no lo viviste no lo creíste: el obsesivo por el número dos.


"Todo lo cuento por dos", te dice mientras pide un trago para vos y dos para él."Que curioso", pensás. Así empezó la cita. Por lo que tenés entendido, en las primeras citas uno intenta impresionar al otro con sus mejores cualidades. Este había sacado la peor a las dos menos dos minutos de una madrugada que hasta el momento era prometedora por el solo hecho que desde hace dos meses que no hay moros masculinos en la costa y menos en tu cama.


Promediando su segundo trago y mientras come de dos en dos los pochochos salados, te regala un hermoso relato acerca de algunas de sus pequeñas e inofensivas manías. "Si tengo sed y hay cuatro botellas en la heladera, tomo dos para dejar dos", confiesa. "Mientras manejo voy contando de dos en dos los postes de luz y si el semáforo me va a frenar en el impar sigo de largo". "Desde chiquito trato de evitar las veredas con baldosas, pero si no puedo, solo piso en las pares, evitando tocar los bordes". "Si voy de shopping compro la misma prenda de a dos o de a cuatro". "Lo bueno", sigue -pero ahora guiñándote el ojo y sonriendo a lo galán de culebrón-, "lo bueno, es que en la cama también es todo por dos".

Justo en el momento en el que estás a punto de pensar que ese último comentario podría borrar con el codo todo lo otro que escribió con la mano, termina confesando que así como ofrece doble, pide doble y no solo de una mujer –porque sería impar- sino de dos.


Pintás de blanco el fondo de tu trago impar y recordás que en algún momento de tu vida –sobre todo en los de profundo desamor- evaluaste la posibilidad de bifurcar el camino, pero también recordás que, a pesar de todo, los seguís eligiendo. Así es que pergeñás un plan de escape.

Podrías ir al baño y de paso fugarte del planeta, hacer una autollamada e inventar una historia con final trágico o presentarle al Mr. Hyde que tenés adentro confesando que si él tiene un desorden obsesivo compulsivo numérico, vos tenés un problemita de doble personalidad.

El punto es que no tenés ganas de modificar tu vida impar para que se compatible con su mundo par de fiestas de a tres. Así que diste la cita por terminada, no sin antes preguntarle cómo hace con los cinco dedos de su mano, su único miembro viril y la única y última posibilidad que acaba de perder con vos.



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Estar cómoda está de moda


¿Qué tenían en común Audrey Hepburn, Marilyn Monroe y Jackie Kennedy, además de ser tres íconos de belleza y estilo? La respuesta es sencilla: las tres usaban zapatillas Keds.


Por Irene Connelly
Las zapatillas Keds existen desde 1916 y rápidamente se convirtieron en un clásico americano. Luego salieron un montón de otras marcas que imitaron el modelo y digamos que casi no hay mujer en occidente que no haya usado este tipo de calzado.
Es que son cómodas y además hacen que el pie luzca angosto y alargado. Resultan ideales para salir a pasear, las caminatas veraniegas por la playa, estar en casa tomando un jugo de naranja frente al ventilador, ir a visitar a tus amigas y mil otras circunstancias informales.
Quedan bárbaras con vestidos, jeans, shorts, polleras y todo atuendo veraniego que se te pueda ocurrir. En los noventa fueron furor por estos pagos, y desde hace algunos años, pero sobre todo en esta primavera, se están viendo nuevamente por todos lados.
Las blancas, negras y azules llevan la delantera. Pero la oferta hoy en día es enorme, casi no hay color que se haya quedado afuera, sin olvidar, claro, las animal print, escocesas, rayadas, con pintitas, etcétera.
Hay varias marcas locales muy copadas que nada tienen que envidiarle a las originales. Las zapatillas tipo Keds se están imponiendo y todo indica que este verano se van a convertir en un infaltable para tu placard y también para tu valija.



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¡Decime que me querés, boludo!

La editorial uruguaya La Propia Cartonera es un proyecto editorial independiente, inspirado en Eloísa, la cartonera, de Buenos Aires. Se trata de libros de cartón hechos a mano. Publica autores tanto inéditos como consagrados. El libro del que Melina Perlongher habla en esta nota, Contar con los dedos hasta el infinito, forma parte de la colección Gilda Vive, una colección que reúne poesía de mujeres latinoamericanas.


Por Melina Perlongher*

Hay que tener mano para escribir. Y mucha mano para escribir bien. Pero si hablamos de escribir poesía, hay que tener algo más que mano. En las manos del poeta estalla la pasión. Y se necesitan dedos muy fuertes y muy hábiles para darle forma. Dedos como los de Eugenia Rombolá.

Pocos pueden hacer lo que ella en 'Contar con los dedos hasta el infinito', poética y literalmente: ha desarrollado una mano entrenada, precisa y justiciera, llena de dedos que le permiten desde contar hasta el infinito hasta apuntar entre los ojos de un tremendo paparulo y clavarle dieciséis poemazos, uno detrás del otro. Y luego, si le quedan fuerzas, llenarle la cara de dedos (que es lo que todos querríamos hacer al terminar de leer el libro).

No nos confundamos: el libro no habla de 'él', habla del dolor, la impotencia y frustración de que el otro no haga nada por retenernos. O peor aún, nunca nos haya registrado. A pesar de habernos tenido a su lado. Y hasta a sus pies.

Puedo hablar de la belleza conmovedora de cada verso, cada palabra adecuada y desgarradora. Pero hay algo que destella en el libro de Eugenia y es que no es una historia particular: es el retrato que nadie se atreve a hacer del problema de toda una generación para conectarse verdaderamente con los otros, entre sí o -al menos- con un otro. Y más precisamente, con un otro que me ame. Porque eso es lo que faltó: amor. Del básico, del simple, del concreto. Del que alimenta un buen libro de poesía.

Y aunque abunda el sexo, y este pareciera dar por obvia una cercanía -al menos física,- poema tras poema se nota que a más sexo hay, más distancia hay. Una distancia que parte desde lo parental, para ser entre la pareja, para ser habitacional, hasta que todo anclaje físico se pierde y entramos a recorrer el mundo del sueño y del deseo: del sueño como ilusión y del deseo de que vuelva el deseo. Pero no el sexual, sino el existencial: que me vuelvan las ganas de vivir, de ser. Y para eso, necesito ser reconocido en todo sentido: visto, deseado y valorado por un otro.

Hay versos de una dulzura tremenda, pegados a otros de una ironía degolladora; pero sobre todo hay una mujer a quien no se la valoró y quedó perdida en un mundo de pensamientos que intentan devolverle el sentido y el valor, todo los tipos de valor. Y sin embargo, ella tiene sus valores, que le sirven para aferrarse a la vida como raíces capaces de levantar las vereditas porteñas, dice la autora. Y he aquí la crítica: para lograr eso no hace falta ser muy profundo, sepámoslo, con mis disculpas a la autora.

¿Te pasó? ¿A una conocida? Bueno, te propongo tomar la mano de Eugenia y dejarle los dedos tatuados en la jeta al boludo/a de turno que no te valora. Y luego pegarte un sopapo vos, por ser tan boluda/o de estar con alguien así de boludo/a.

Ok, aportamos al arte grandes obras como esta cuando nos rompen el corazón; pero la poesía debería ayudarnos a ver por qué estamos con alguien así. Algo que puede ser tan simple como contar con los dedos hasta el infinito.

*Redactora creativa y poeta.

Título: Contar con los dedos hasta el infinito
Género: Poesía
Autora: Eugenia Rombolá
Editorial: La Propia Cartonera (Uruguay)
Edición: Noviembre 2011



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¿Qué pasó con Winona?

En unos días se cumplirán diez años del escándalo que tuvo como protagonista a Winona Ryder en Saks Fifth Avenue, cuando las cámaras (de seguridad, no de cine) la capturaron robando ropa. ¿Por qué después de eso la vimos tan poco en buenas producciones? ¿Este hecho marcó un antes y un después en su carrera?


Por Verónica Barrionuevo 

Los ‘90s fueron la década del grunge. Es una definición amplia y arbitraria, pero ahora, a veinte años de su comienzo, parece tener sentido. Jeans rotos, camisas a cuadros y música depresiva caracterizaron los últimos años del milenio.



Y en el medio, como joven ícono del cine, estaba Winona Ryder. Una chica menudita que protagonizaba las clásicas chick flicks de la década, pero que también fue la musa de grandes directores, entre ellos de Tim Burton. De hecho, su salto a la fama (si bien había trabajado en cine anteriormente) lo hizo de la mano de “Beetlejuice”. De allí en más, una carrera ascendente: fue la novia del chico manos de tijera, Jo en “Mujercitas”, la inolvidable Lelaina Pierce en “Generación X” (o “Reality Bites”, como se llamó originalmente) y la novia abnegada e ingenua de “La edad de la inocencia”, la adaptación cinematográfica de la clásica novela que realizó Martin Scorcese. 
Nada parecía detener la carrera ni la popularidad de Winona. De hecho, rechazó el papel de la hija de Michael Corleone en “El Padrino 3” (¡nada menos!) por “agotamiento”. Podría haber sido inmortalizada en una de las trilogías más importantes de la historia del cine si no hubiera decidido lo contrario.
Es que supo encarnar a la heroína de la década: algo decepcionada del mundo, reflexiva, llena de cuestionamientos. Muchos de sus personajes eran chicas que escribían y por eso las adolescentes de entonces vimos en ella un faro. Ni hablemos de su romance con Johnny Depp: en los tempranos ‘90s eran “la” pareja de Hollywood. Los dos jóvenes, talentosos, bellos y enamoradísimos… ¡Si hasta él se tatuó “Winona Forever” en el brazo! 

Justo cuando la actriz estaba garantizándose un lugar consagratorio en cine, como Susanna Kaysen en “Inocencia interrumpida” (“Girl, interrupted”) y como la protagonista de destino trágico en “Otoño en Nueva York”, sobrevino el escándalo: ¿Qué pasaba en la vida de esta chica que parecía tenerlo todo? ¿Por qué agarrar algunas prendas y decidir no pagarlas, sabiendo que la iban a descubrir? ¿Era justamente ese el problema: tenerlo todo?

Algunos dijeron que sí. Seis años después del incidente, en 2004, Winona declaró no sentirse culpable por el robo (pese a haber recibido una sentencia judicial) porque “no había dañado a nadie”. Lo cierto es que desde ese momento, si bien nunca dejó de trabajar, la calidad de los papeles que le otorgaron disminuyó mucho. Nunca volvió a estar a la altura de Drácula ni a bailar junto a Cher. Fue la madre del Capitán Spock en “Star Trek XI” y tuvo un papel en “El cisne negro”, pero los días en que brilló en la pantalla grande parecían haber pasado.

Quizás el destino le tenga reservada una revancha: se espera para 2012 el estreno de “Frankenweenie”, donde volverá a trabajar con Tim Burton. Quizás esta colaboración reavive la llama quienes, de adolescentes, la vimos brillar junto a Burton y la lleve a una nueva etapa de popularidad, ya con más de cuarenta años. Quizás, le traiga suerte volver a actuar para el director que la lanzó al éxito por primera vez. Como sea, la veamos en nuevas producciones o en viejos DVDs, hurte ropa o se comporte de una manera más tranquila, para toda una generación será siempre su ícono de jeans rotos y camisas a cuadros. Para toda la generación de quienes éramos muy jóvenes en los ‘90s: una generación X.


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