La maravillosa breve vida de Lhasa de Sela

Dice la bio de su página web: Al escuchar los primeros acordes de La Llorona, europeos y norteamericanos suspiraban: “¡Ah, México!” mientras que los mexicanos se preguntaban: “Qué música tan curiosa, ¿de donde vendrá?”.




Por Verónica Barrionuevo

Para los críticos ávidos de clasificaciones, la obra de Lhasa de Sela representa un desafío. La artista nos legó tres discos estilísticamente inclasificables: La llorona (1997), The living road (2003) y Lhasa (2009).Y es que no se puede ser rígido frente a su música: en parte, porque intentar hacerla encajar en un casillero es como intentar retener arena en los puños cerrados, y en parte porque su voz y su música son suaves, dulcemente melodiosas: están plagadas de ondulaciones. Las letras de sus canciones (compuestas en español, inglés y francés) coquetean con la poesía y son exquisitamente melancólicas. Siempre le gustó la música triste.

Tampoco podemos ser rígidos si queremos hablar de su vida privada. Probablemente Lhasa haya sido música desde siempre, pero comenzó a actuar en público, de manera muy informal, a los 13 años. Pese a la buena recepción que sus actuaciones tuvieron desde el comienzo, nunca consideró seguir la exitosa carrera mainstream que su talento y su creatividad le hubiesen garantizado: ni siquiera después del éxito de La Llorona.

Uno pensaría que una chica joven, talentosa y reconocida va a dedicarse en un 100% a su carrera, pero Lhasa estaba ansiosa por explorar las diferentes aristas de la vida. Así, con un disco ya editado y antes del segundo, se unió junto a sus hermanas, artistas circenses, al circo “Pocheros” en Europa, donde permaneció durante un año. De allí se mudó a Montreal, ciudad en que se presentó en vivo en pequeños cafés y preparó su segundo álbum, The Living Road.

Era de esperarse esta naturalidad para moverse por el mundo, y era de esperarse que el disco se llamara así: desde chica se había acostumbrado a ser nómade. Gran parte de su infancia había transcurrido en un autobús devenido casa rodante, sin electricidad ni agua corriente, con la que sus padres, sus tres hermanas y ella (y una dotación de mascotas variopintas) recorrieron los Estados Unidos y México.

Desde la portada de su página personal, Lhasa, quien murió en 2010 a los 37 años, nos sigue mirando, con la ruta desierta delante de ella, como invitándonos a unirnos al viaje imprevisible que proponen sus canciones. Recomendamos seguirla: es un viaje al mismo tiempo vertiginoso y suave, sumamente placentero.







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Argentinian Idol

Alejandro Perazzo inaugura su columna "¿Y vos qué mirás?" donde analizará un poco (con un desfachatado humor) los medios de comunicación en Argentina. ¡A prepararse! 





La Dirección

Vivimos en un país en el que casi cualquier organismo monocelular se puede convertir en ídolo de alguien. Está científicamente comprobado que Argentina dejó de ser considerado un país al que se podría tomar más o menos en serio el día en que algún infrahumano con capacidades especiales consideró una buena idea pedirle un autógrafo a Jacobo Winograd. Triste, contundente, lapidario.

Tenemos como diva madre a una señora que, sin repetir y sin soplar, dijo cosas como “¿encontraron un dinosaurio vivo?”, “está bien la ecología, pero un tapadito de visón cada tanto se puede usar…” (a un activista de Greenpeace), “el que mata tiene que morir” y sus dos recientes éxitos: “ni loca me casaría con un pobre” y, genial de toda genialidad, “Vanucci, ¿qué le hiciste al Ogro Fabbiani para que te pegue?”. Se la suele declarar inimputable con un tono de cariño, como de complicidad. Es como la forma más sutil de decir “y qué querés que diga, si es una pelotuda”.

Y ahora, como para terminar de hundirnos en ese mar de lípidos que es nuestra TV, tenemos como referentes a unos gatones cuyas cartas de presentación son genialidades como “la que se abarajó a Robbie Williams” o, el horror, “la piba a la que Tristán le dio un tortazo”.

Pero bueno, si tenemos en cuenta que muchos ven la tele mientras comen sánguches de miga de jamón y lechuga, y que cuando la apagan lo hacen para ir a ver un tributo a Arjona (¿existirá algo peor en este mundo?), descubrimos que no estamos tan mal. Podríamos tener como ídolo a un boxeador que faja a la mujer o a un técnico de fútbol que se viruleó a un pibito, ¿no?

Pará, no me digas que…



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Mujeres al Poder

Amor, infidelidades, sindicalismo y política, en la nueva comedia de François Ozon. Un homenaje al cine pasatista francés de los años 70, lejos de la Nouvelle Vague, pero cerca de la risa y del corazón de los espectadores.

Por Soledad Gónzalez 

‘Potiche’, en francés significa jarrón, claramente ‘Jarrón’ no sería un titulo muy atrapante para una película, es por eso que esta vez la decisión del distribuidor de cambiar el titulo por ‘Mujeres al poder’ no podría haber sido más acertada.




Suzanne (la genial Catherine Deneuve) es un ama de casa dedicada a su marido y a sus hijos, pasa sus días bordando y escribiendo poesía sobre lo hermosa que es la vida. Tiene todo lo que quiere, joyas, una mansión, un auto moderno, pero no consigue tener la atención de su marido que ni siquiera recuerda su cumpleaños.



Su esposo, el empresario Robert Pujol es el director de la empresa de paraguas que Suzanne heredó de su padre. Chequear “Los Paraguas de Cherburgo”, film francés protagonizado por una jovencísima Catherine Deneuve.

Las protestas sindicales amenazan con parar la fábrica y Robert sufre un ataque producto de las tensiones. Allí es cuando Suzanne decide ponerse al frente, incorpora a sus hijos a la empresa, y con su encanto natural conquista incluso hasta los trabajadores mas hostiles.

Lo inesperado de la situación, la vuelve a juntar con un amor del pasado (Gérard Depardieu), los malos entendidos y las complicaciones no se hacen esperar, en esta adaptación al cine de la obra teatral.

François Ozon es uno de los directores mas eclécticos que hay, con su filmografía nos ha sumergido en dramas profundos “Bajo la arena”, “5x2”, policiales “La Piscina”, comedias musicales “8 mujeres”, y dramas contemporáneos “Tiempo de vivir” y “El Refugio”.

Con “Potiche” revive la comedia clásica, y efectiva. Para los que piensan que el cine francés es lento y aburrido, les aseguro que con esta película eso no les va a pasar, para los que aman a este director, tampoco se van a sentir defraudados, su impronta esta marcada en cada uno de los fotogramas que componen este film.


Título original: Potiche
Basada en la obra de teatro de: Jean-Pierre Grédy y Pierre Barillet
Dirección: François Ozon
Género: Comedia
Reparto: Catherine Deneuve, Gérard Depardieu, Fabrice Luchini, Karin Viard, Judith Godrèche, Jérémie Renier.
Director de Fotografía: Yorick Le Saux
Música: Philippe Rombi
Montaje: Laure Gardette
Origen: Francia
Año: 2010
Duración: 103 min


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El karma de la moda

Muchas veces habrás escuchado la frase: “la moda vuelve” pero nunca tuviste certeza de por qué esa afirmación. Te cuento el secreto mejor guardado del mundo de la moda.

Por Lucía Guareschi

Como dice la ley del karma: “cada una de las sucesivas reencarnaciones quedarán condicionadas por los actos realizados en las vidas anteriores”. También  la moda puede que tenga un Karma propio.

Es cierto que por más que pasen los años, temporada tras temporada, a los diseñadores les gusta hacer un guiño al pasado, y rescatar esas “joyitas” retro que fueron furor en su época para traerla a la actualidad modernizadas y más cancheras. También es cierto que revisando el cajón de los recuerdos de nuestras abuelas, podemos encontrar reliquias que están de última moda.
Pero esto no es un suerte del diseñador, ni un hallazgo nuestro, todo tiene una explicación lógica ya que la moda, también tiene sus ciclos.


Para ser más exactos la moda tiene un ciclo de 18 años. Los países productores de tendencias como son Paris, Milán, New York, Tokio… van siempre un paso mas adelantados que nosotros. No solo porque nuestras estaciones del año están disociadas, sino porque son estos mismos los encargados de presentar las “nuevas” tendencias, que luego el resto de los países las adaptarán tomándolas como referentes.




Etapa de novedad: se produce el lanzamiento de lo que es tendencia, que dura aproximadamente 2 años. Es una primicia con el fin de captar la atención del consumidor, ver si le gusta o no. Es un tanto contradictorio, ya que el denominador común de la gente no se entera de este “lanzamiento”, más que nada en Argentina que no lo encontrás ni buscándolo con lupa, y de ser así, puede que se encuentre en los locales más top y no vas a querer embargar tu casa porque el precio te vuela la cabeza.

Etapa de uso masivo: producida a partir de una consecuencia de la etapa anterior. Contraria a esa, se provoca una sobre explotación de la tendencia, tanto en prendas, colores o materiales. Acá es donde lo llamamos “moda” y lo consumimos como tal. En esta época encontrás la prensa hasta en la sopa, y es tan grande el monopolio de venta y publicidad que genera consumirla de cualquier modo a tal punto que ya no es “quererlo” sino “necesitarlo”. Igualmente la saturación que provoca va a llegar dos años después.

Etapa de agotamiento: se da al 4to año. Acá es donde ya no queremos saber mas nada del asunto. No la consumimos, y si la tenemos en el placard no la usamos, porque canso, y sobretodo aburrió. Ya paso las liquidaciones de temporada de ese año, y seguramente del anterior. Su precio es bajísimo, y la encontramos en las resacas de los Outlets o tiendas de segunda mano.

Etapa de desaparición: se da más o menos al 7mo año y dura aproximadamente 12 años. Es cuando esa prenda se transforma en un recuerdo o en una anécdota divertida, esta “pasada de moda”. Esto, hasta cumplir 18 años desde su aparición, y convertirse en tendencia una vez mas. Una cuenta super sencilla que más de una puede poner en practica.


Sin embargo hay prendas que se salvan de estas idas y vueltas que tiene este ciclo, que son los famosos “clásicos”: como el escocés, los jeans, los básicos. No se censura su uso, sin embargo no quedan al margen y también tienen sus etapas de latencia o de mayor uso.

El karma de la moda actúa como un boomerang y lo bueno siempre vuelve, así que empezá a guardar lo que te guste, recicla lo viejo, revisa el cajón de los recuerdo de tu abuela, o simplemente ponete a ojear revistas viejas. No sabés cuando ese saco negro y dorado que usaste para tu cumpleaños de 15 pueda estar de última moda, ni tampoco te olvides que como sostiene Coco Chanel: “las modas pasan, el estilo permanece”.



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Se necesita un papelón...

En el instante en que decidimos usar el feriado para ir a comprar regalos de cumpleaños, justo volvió a caer esa lluvia finita asquerosa que moja todo con un rocío pegajoso y predispone al mundo a caerse redondo al suelo. La temperatura promediaba entre los 18 y los 22 grados, demasiado calor para borcegos. Mi plan B era un par de ojotas. Quizá me excuso en la temperatura para no hacerme cargo de que debería haber salido con un calzado diferente para no tentar a la desgracia.
Foto: Bambo

Por Melisa Sansotta

A mis espaldas, tenía un bolso bastante pesado, ya que de la casa de Novio debía irme a la ciudad de Quilmes a celebrar un año más de vida de una de mis mejores amigas. Mi papá pasaría a buscarme por la zona de Parque Centenario al finalizar la compra del regalo. El shopping de Caballito hizo de su escasez una efectiva salida. Tras menos de cinco vueltas ya estábamos casi hechos.

La caminata hacia el shopping había sido divertida. Varias veces durante esas cuadritas sentí que resbalaba y musicalicé varios momentos con “Uopaaa’s”. Pero nada. Firmes rodillas, que le dicen. La salida del predio no mantuvo el éxito.

“Vení, vamos por acá”, estableció Novio. Lo seguí, con el bolso a cuestas y ahora también con la bolsa del regalo (de cerámica, un cerdito alcancía violeta). Empezamos a cruzar por el Parque Centenario, lugar que, claramente, tras la garúa y la lluvia de la noche anterior tenía un problema con la solidez de sus tierras, ahora convertidas en barro absoluto. Todo estaba empapado, menos los caminitos y bancos para tórtolos.

Venía congratulándome por mi excelente control de caídas cuando de pronto, sin darme un segundo de tregua, una ojota se me sumergió en el barro, resbaló como haciendo sapito y todo mi cuerpo del lado derecho quedó aplastado en una pileta de lodo. Escuché cómo el cerdito alcancía rebotaba contra el único pedacito de suelo de todo el parque… Novio había quedado agarrando el pañuelito que envolvía mi cabeza y estaba parado inmóvil, llorando de risa, al lado de mi cadáver embarrado. Mis pies estaban tapados por barro mojado, mi culo era el jarrón de Ghost, sin el fantasma, sin Demi Moore y sin la gracia.

En el afán por corregirme intenté pararme dos veces, sin suerte. Novio tuvo que extraerme con la fuerza torpe de una máquina saca peluches que le dan un objetivo gigante. Las manos y los pies estaban hechas de barro. Nos sentamos a un costado del parque, no podía respirar de la risa. Comencé con mi sweater de calaveritas a sacar los cachos de tierra empapada que tenía entre los dedos de los pies. Mientras corría el pelo de la frente, manchaba mi cara con barro. No había una parte de mi cuerpo, de la calza negra, de la musculosa, que no tuviera sustancia barral.

Una vez que mis pies estuvieron menos sucios, até a mi cadera el sweater con el que me había limpiado y seguimos camino hacia donde me aguardaba mi padre. No habíamos hecho dos metros cuando el papá de Novio sorpresivamente apareció en escena… Lo mejor en este caso hubiera sido implosionar como un Chasqui-Bum, pero estaba tan empapada que ni dándome mecha hubiese podido lograrse. El señor me miraba como buscando una explicación sobre por qué su único hijo varón estaba caminando con esta psicótica embarrada. Yo estaba demasiado tentada como para contarle. La vergüenza detona mi risa como pocas otras sensaciones.

Novio dijo “se cayó”, Padre de Novio ofreció su hogar para lavarme, pero me negué gentilmente a ser vista por el resto de la familia en este estado de mugre y decadencia. Caminé sola hasta donde estaba mi padre. Los hombres me miraban imaginándose que venía de una pelea erótica con otra contrincante, los taxistas me pasaban cerquita, esperando que cediera y me recluyera en alguno de ellos. Pero ahí cerca estaba mi padre y su auto. “¿Qué te pasó, hija?”, preguntó al abrir la puerta. Le conté que me había caído y se rió bastante. Verifiqué que el cerdito alcancía no estaba roto y me puse contenta. “Evitá moverte, así no me manchás todo el auto”, dijo Papá. Acto seguido encendió el aire acondicionado, me miró y concluyó: “El fresquito va a poner el barro durito así después sale más rápido. Si tenés frío, jodete por salir en ojotas”. Se necesita un papelón para aprender una lección.



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The one

Desde que somos chicos nos imponen el concepto de alma gemela, media naranja, etc. Pero la realidad nos da evidencias muy claras de que las cosas son mucho más complejas que simplemente encontrar a  esa mitad que nos falta.

Por Carolina Pacini


Hace unos meses empecé a ver How a Meet your Mother, una serie yanqui que me tiene atrapada.

Cada capítulo comienza con un relato que les hace el padre a sus dos hijos adolescentes, contandoles las cosas por las que atravesó hasta conocer a su madre.

Las temporadas pasan y nosotros, espectadores, aún no llegamos a conocer a esa mujer. Ted, el protagonista, va teniendo varias novias. Algunas parecen que es ella, la madre de sus hijos, pero luego se separa y nos quedamos intrigados otra vez. Lo que sí sabemos, aunque todavía no la conozcamos, es que Ted encontró en algún momento al amor de su vida, “the one”, esa persona destinada solo para él.

¿Qué es eso de “the one”? Una persona única en el mundo que se supone que tiene una serie de características que son las que nos complementan a la perfección y eso dura para siempre.

Pero, qué terrible que la definición termine ahí. Terrible para quien no le toca nunca. Terrible para quien le toca y accidentalmente pierde a esa persona. Terrible para quien encuentra a la persona y no se da cuenta.

Desde que somos chicos, nos imponen ese concepto, el alma gemela, la media naranja.  Pero como pensar ciertas cosas dan vagancia -y, sobre todo, miedo-, podemos pasarnos la vida buscando a esa persona sin contemplar la infinidad de variables que ese concepto puede tener.

¿Por qué categorizamos las cosas en conceptos emocionales que nos cierran y los dejamos ahí operando?

Ampliemos la definición.

Es posible conocer a THE ONE, y coincidir en toda esa infinidad de mutaciones, y que la otra persona mute a nuestro ritmo y todos esos períodos nuevos se conviertan en una continua reeleción del otro, puede pasar... Pero muchas veces esto depende del tipo de personalidad que se tenga, el momento de la vida por el que transitemos y no necesariamente por haber encontrado a THE ONE.

Hay gente que se considera más acabada y hay otra gente que va cambiando y creciendo en estado continuo. Hay momentos de la vida en que podemos amar a alguien, pero no necesariamente coincidir en ese movimiento de crecimiento. Y, tal vez, coincidir más adelante o no coincidir nunca.

No podemos retener nada, ni manejar nada. Solo podemos tratar de entender los movimientos de la vida, ser consecuentes con esos procesos y creer sobre todas las cosas en el amor, en los múltiples formatos en los que viene, con todos sus cambios, estancamientos y vuelos.



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7 cuestiones sobre el libro

Buenos Aires fue elegida Capital Mundial del Libro 2011 y muchas actividades literarias y culturales se están llevando a cabo en torno a ese tema. Aquí les presento siete cuestiones para reflexionar sobre el libro, ese objeto maravilloso que está dando mucho de qué hablar desde que la palabra e-book irrumpió en la comunidad editorial y de lectores.

Por Eugenia Rombolá

1
Los escritores no escriben libros. Escriben novelas, cuentos, poemas, ensayos, etcétera. El libro lo hace el editor. En muchos casos el autor es su propio editor, pero siempre un libro necesita del trabajo de un editor. Sea en papel o en soporte digital, un libro siempre será un libro, en tanto un escritor escriba un texto y un editor lo edite.

2
La irrupción del e-book abrió un abanico de discusiones infinito en torno al futuro del libro. La realidad es que la industria editorial sigue creciendo exponencialmente. Cada año se editan más títulos. Un lector dedicando el cien por ciento de su vida a leer, llegaría a cubrir un porcentaje mínimo de todo lo editado.

3
Capítulos y parráfos cortos parece ser la clave para enganchar al lector en internet. Sin embargo, ese método se traslada a la lectura de papel. Un buen ejemplo de eso son los libros de Murakami, el famoso novelista japonés. Más allá de los soportes y formatos, lo que se modifican son los hábitos de lectura, cosa que también genera pánico. Pero la lectura fue cambiando a lo largo de los siglos y, sin embargo, cada vez hay más lectores.

4
¿Los libros son caros? Cuando vamos a la librería y preguntamos "¿Cuánto sale?", y nos dicen "80 pesos", nuestra cara se transfigura. ¿Por qué?

Cuando era chica estaba convencida de que los libros tenían que ser gratis. Todos tenemos derecho a tener todos los libros que queramos, pensaba. Eso se modificó con los años, especialmente cuando empecé a trabajar en una editorial.

Hacer libros es un trabajo y, como tal, merece su retribución. Siempre que estemos pagando un libro, creo que, en realidad, estaremos pagando muy poco. El libro tiene un doble carácter: mercantil y simbólico. Si lo miramos como un conjunto de papeles es caro, pero ese conjunto de papeles no es un cuaderno vacío. Al pagar por un libro estamos pagando el trabajo del escritor, del diseño, de la distribución, de la corrección, etcétera.


5
Más caro que el precio de tapa de un libro, es tener tiempo para leerlo. Las obligaciones cotidianas, en especial, la enorme cantidad de horas que la mayoría necesita dedicar al trabajo para poder subsistir, hace que el tiempo que se le podría dedicar a la lectura placentera sea acotado y fragmentario.

6
Los editores son comerciantes, es cierto, pero de una índole especial. Si meramente buscasen hacer dinero, se dedicarían a otro tipo de industria. El editor necesita que sus libros se vendan para seguir editando y, si puede, vivir dignamente. Hay editores millonarios, como así también hay escritores millonarios, pero son los menos. Un verdadero editor es, sobre todo, un chismoso: hace correr el rumor de eso que le pareció imprescindible leer, quiere que todos, o muchos, lo lean.

7
Papel o e-book es algo de lo que deben preocuparse los participantes de la industria editorial, pero como lectores no creo que nos modifique mucho la existencia. Los novelistas seguirán escribiendo novelas, los poetas poesía, los ensayistas, biógrafos, economistas, sociológos, todos seguirán escribiendo sus cosas y los editores harán sus libros. Lo que sí nos incumbe como lectores es el tema de la comunicación callejera, es lo único por lo que la desaparición del libro de papel, si es que algún día ocurre, me preocupa.

Ya no sabremos qué lee la gente en el subte, o un chico en el bar, o una señora en la estación de tren.

Ya no habrá tapas que mostrar ni tapas que ocultarle, por pura malicia, al que está sentado al lado tratando de descubrir qué libro estamos leyendo. En fin, ya no habrá más tapas que, de alguna manera, nos presenten -de forma silenciosa, pero con palabras- a los anónimos.

Más para leer sobre el tema:

Historia de la lectura en el mundo occidental (Guglielmo Cavallo y Roger Chartier)
El libro hipocondríaco (Eduardo Giordanino)



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Sí a la vida... No a la represa Endesa

Hay en el mundo millones de cosas incomprensibles. Pero nunca me va a entrar en la cabeza por qué si todos vivimos en el mismo globo, nos peleamos como si cada cual tuviese una tierra de repuesto para ir a vivir . Hace 6 meses me enteré de que la empresa Endesa quiere instalar una represa en la cuenca binacional argentino-chilena, que afecta parte del Río Puelo, en la Patagonia argentina. La represa no solamente arrasaría 16 mil hectáreas de bosque con todos sus habitantes, sino que podría partir la Patagonia, literalmente.


Por Clarisa Ercolano

Ubicada sobre zona sísmica, la presión del agua de la represa podría generar terremotos de más de 7 grados de magnitud. Una locura por donde se la quiera mirar. Pero más loco aun, es que siendo yo periodista y existiendo la lucha contra esa corporación hacía 6 años, yo jamás había escuchado nada al respecto.

La verdad es que la persona que me contó todo es mi novio, que vive a menos de 30 kilómetros del Parque Nacional lago Puelo. Como los medios están más interesados en ver a quien le cargan el muerto político que en contar la gravedad de lo que se avecina, yo, en la burbuja porteña, nunca había escuchado una noticia al respecto.

¿Pueden los intereses partidarios poder más que el sentido común que todos deberíamos tener al momento de pensar que vivimos en un ÚNICO mundo? ¿Pueden las personas ser tan necias como para decirte que “estas haciendo campaña” como si eso fuese algo delictivo? Sí, hacemos campaña por la tierra, tuya y mía.

Dicen que la Pacha, la tierra, es mujer. Como mujer, les pido que hagan circular esta noticia, así como decía el gran Rodolfo Walsh. Como puedan y por donde puedan. Por el mundo que es de todos. Y que no viene con repuesto ni con salida de emergencia.

Sumate a la causa en el link de más abajo, mandanos una foto con un cartel que diga No a Endesa, firmá el petitorio.

Muchas gracias.








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Una fiesta

Por Carolina Pacini



Ningún niño le dice no al festejo de su fiesta de cumpleaños…

Los festejos de la infancia, son los más puros, se manifiesta con plenitud la voluntad y el deseo de festejar. Lo único que importa es que vengan los amigos, recibir regalos y que llegue la hora de la piñata. ¿Pero qué pasa cuando crecemos?

Famosas Vestidas de Fiesta
El otro día tomé un taxi camino a una fiesta, una fiesta esperada y deseada por muchos, y comencé a pensar sobre los festejos. Hay momentos en la vida en los que no hay nada que festejar, y esa sensación es tan contundente, que bloquea toda inclinación hacia el festejo. Pero, también hay momentos, en los que es necesario festejarlo todo. Y cuando estamos en esos momentos, festejar es casi una obligación.

Derepente, nos asoma la vida adulta, y la voluntad de festejar comienza a enviciarse con las mismas especulaciones que la adultez exige. Y surgen cuestiones absolutamente mentales y de especulación que sabemos necesarias para que el festejo funcione pero que nos alejan totalmente del sentido de festejar. El target de la fiesta, la cantidad y el tipo de invitados, el tipo de música, la bebida que se va a ofrecer, la decoración del espacio, etc.  Entonces llegamos al día del festejo, cansados, estresados, y con un 50 % menos de energía para festejar.


Se me ocurrió una solución tentativa. Tendríamos que conseguir un compañero de festejos. Alguien que se encargue de organizar nuestro festejo por nosotros el día de nuestro cumpleaños y viceversa.  Esta persona tendría que conocernos en profundidad y querernos del mismo modo,  conocer nuestros gustos musicales, bebibles y sensoriales en sentido amplio.

Y a la hora del festejo, cuando festejamos, tendríamos que recibir el festejo con la misma naturalidad con la que eramos chicos. Permitirnos ser los agasajados de la noche, dejarnos llevar por la música, sentirnos protegidos de poder lucir como nos plazca sin ser juzgados, y simplemente, festejar, que invada la alegría de seguir en el planeta pudiendo festejar.

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"Todo" de Rafael Spregelburg

Poca gente se atreve a preguntarse sobre “Todo”. ¿Puede haber una respuesta posible? "Todo", una ambiciosa obra de Rafael Spregelburg.



Por Vivian García Hermosi

Spregelburd se interroga sobre las “superestructura” de esta “base”, de este Todo. Las tres preguntas claves que nunca responderá son: “¿por qué todo estado deviene en burocracia” “¿por qué toda religión deviene en superstición?” y “¿por qué todo arte deviene en negocio?” De estas preguntas nacen tres piezas y en cada pieza hay un relato que cuestiona las instituciones que hay detrás de cada acto que hacemos como seres sociales.

En la primera escena, se ve cómo se maneja y se inventa día a día la burocracia, con su insostenible razón de ser. Esos oficios inventados, caprichosos, que nunca dejarán de existir. También comienza ponerse en duda un tema que se desarrollará en la segunda parte: nuestro manejo del dinero y la percepción tácita de que estuvo desde siempre y se maneja por leyes eternas. El rol del artista no se queda afuera de los cuestionamientos de esta obra. Ante un artista que viene de visitar a su hermana por navidad, se deja al desnuso su snobismo, esa falta de conexión con la gente que lo iguala al burócrata (presente en la cena) y que lo aleja para siempre del arte. El intelectual, representado por el ex marido, tampoco queda muy bien. ¿Cuántos hay que se presentan con nombre y apellido en los eventos sociales? 


En la tercer pieza, y la más intensa, observamos los instintos más primarios de miedo y superstición que le surgen a los padres de un bebé enfermo. ¿Hay alguna institución que logre controlar los sentimientos más instintivos del hombre frente a la posibilidad de la muerte?

En “Todo” no se sale con ninguna respuesta posible sino con más preguntas. Después de todo la otra cara de“Todo” es “Nada”.


“Todo”. Teatro Beckett. 
Guardia Vieja 3556. 
Viernes, 20.30 y sábado, 20 hs.





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Virtualmente te amo

¿La virtualidad le está ganando al contacto de los cuerpos? 
Hoy, Jota, nos introduce en el tema de las relaciones en los tiempos de internet. 



Por Jota Hese

Hay muchas maneras de empezar un vínculo pero hay uno para el que nadie se ha preparado naturalmente. Una pregunta, clásica, suele dejarlo en evidencia:

-¿Quién sos?

Es el que te agregó porque vio una foto y no tiene la valentía de decirte “Hola, cómo andás, soy Juan Carlos y te agregué al msn/facebook porque estás más buena que el tiramisú que hace mi tía abuela”. Es, decía, una manera de empezar. Una bastante cobarde. Pero una de las tantas que se dan habitualmente en este mundo en el que el facebook, el messenger, el gtalk y el skype -y toda esa batería de herramientas para comunicarse vía web- abruman en cada una de nuestras computadoras.
Las ciber relaciones, hay que admitirlo, están de moda. ¿Quién no chateó con algún/alguna desconocido/a? Más todavía, ¿quién no pidió el mail o facebook en una fiesta, boliche o bar, en lugar del número de teléfono? ¿Quién no se soltó más de la cuenta gracias a la impunidad que dan un teclado y un monitor?
Lo digo con conocimiento de causa: es insalubre, pero se hace mucho más fácil.
La facilidad la da la carencia de contacto físico, la no necesidad de tener que poner caras y gestos que acompañen de buena manera la conversación. Es más simple, claro, hablar cuando no te están mirando. Es más impersonal, también. 
He ahí, para mí, lo insalubre: no hay nada más lindo que tener contacto con el otro, verlo mover la boca, las manos, sonreír, escuchar su voz y percibir su aroma. Usar los sentidos es impagable.
Sin embargo, hoy es más común comunicarse por la otra vía. Y tiene sus riesgos.
Uno de ellos es el de la mentira. Se pregunta, a veces:
-¿Cómo sos?
El “alto y rubio” ya se puede llegar a definir por la foto. Pero el interrogante a veces apunta hacia el yo interior. “Soy divertido, simpático, cariñoso, buena persona” son descripciones lógicas. ¿Alguien se sincerará acaso y dirá “soy maníaco depresivo, obsesivo-compulsivo y con tendencia al suicidio y a la zoofilia”? Y no. Cuidado, entonces. Nadie pone en su perfil su peor foto. Nadie contará sus patéticos episodios con sus parejas (salvo yo en mi blog, desde ya).
Hay mentiras habituales que deschavan al que esconde:
-No tengo fotos actuales -dice el que tiene apenas una, tal vez sacada de un fotolog esloveno.
-No tengo camarita, facebook ni otro mail -asegura el que tiene un correo sin nombre real.
-No tengo novia -dicen, generalmente, todos los que la tienen y la quieren ocultar.
-Nunca me pasó de tener tanta onda con alguien por chat -vamos, picarón...

Sin tener que llegar a los casos que han ocupado páginas policiales, hay que manejarse con cautela. Porque justamente la facilidad y la tranquilidad que da el no tener a la otra persona enfrente es contraproducente a la hora de “conocerse”. ¿Realmente se puede conocer a alguien sin verlo, sin tocarlo, sin sentirlo? Más aún: ¿se puede querer a otro por internet? ¿Cuánto de real hay en los “jajajaa” que colman nuestras pantallitas? ¿Cuánto de ausencia de afecto real en la búsqueda de relacionarse por esa otra vía?
Enviciado por el facebook, el messenger, el twitter y cuanta red social aparezca, mi consejo es tan simple como efectivo: salgamos de casa, dejemos las luces que aporta la pantalla y cambiémoslas por las de la calle; vamos a hablarnos, abrazarnos y besarnos más. Pero que no sea necesario escribir (K) ({) (L) para lograrlo...



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Rafael Spregelburd: "Jamás hice lo que se supone que debo hacer"


Rafael Spregelburd (1970) es un actor, director y dramaturgo que sorprende con su ingenio y agudeza. Entre sus obras figuran Acassuso, Lúcido, Apátrida, y Todo, entre muchas otras. Sus obras fueron traducidas al inglés, italiano, portugues, sueco, neerlandez, polaco y checo. Tuvo varios premios nacionales e internacionales. Pero sobre todo su sensibilidad lo distingue como uno de los dramaturgos más destacados de los últimos 10 años. 

 Le agradecemos a El Caleidoscopio de Lucy por conceder la entrevista a Victoria Rolanda.


-Rafael, cómo surge la posibilidad de hacer “Todo”?


-“Todo” surgió porque lo hizo factible un Festival, en Berlin. Fue un trabajo comisionado. El teatro Schaubühne estaba pensando un Festival con el que culminarían tres años de investigación que ellos estaban haciendo sobre las relaciones entre historia y teatro. Al final, el Festival terminaba coincidía con el aniversario número 20 de la caída del Muro. Independientemente que el pedido fuera muy libre –no tenía que ver con la caída del Muro sino que ellos estaban trabajando en eso-, le pidieron a cinco autores (Argentina, Israel, Palestina, UK, Polonia y Alemania) que escribiéramos una obra sobre la relación entre identidad e historia. La pregunta concreta era “Los alemanes revisitamos nuestra historia reciente por la caída del Muro. ¿Qué hacen otros pueblos y cuales son las nociones de “pueblo” que manejan, dentro de si, otras culturas?”. Cada uno de los países contestaba muy libremente esta cuestión. Por mi parte, decidí contestar en términos muy abstractos, que fue lo que hizo posible la obra porque si hubiera tenido que escribir sobre la Historia alemana, no lo lograba naturalmente. Ellos financiaron la escritura de la obra que se estrenó en el Festival y tuvimos que recorrer un largo camino para poder estrenarla acá.


- Cuando vi la obra, las tres historias abren un abanico de posibilidades increíble….

- A lo mejor la obra lo pone muy evidencia porque son tres y no una. Uno se pregunta ¿por qué son tres? ¿Cuáles son las relaciones que debo construir entre una y otra y cuáles son las que no puedo construir? Estas son las que generan, en general, más reflexión. Creo que esto pasa, de una manera u otra, en todas mis obras. Es decir, la idea que el material en si tiene que, forzosamente, tiene que abrir a otros territorios, otros campos. No me interesa cuando la obra habla de si misma. Si bien el hablar de si misma es una metáfora de la producción artística en general solo porque evitamos que ingrese en el territorio de la obra aspectos del sentido común, es que la obra tiene su lógica y su coherencia. Si uno viera las obras desde el sentido común que trae desde la calle, a los cinco minutos decís “esto no puede”. Pero toda obra es asi. Hamlet es asi. Como construye cada obra su verosimilitud es su tarea. En esta obra, en particular, tiene que ver con la decisión abierta y frontal de decir que son tres fábulas. Esto a la gente le genera una ampliación en sus capacidades de relación. Nada más.

- Tiene la relación de superstición, identidad, historia…
- Si, juego con unas dicotomías bastante tramposas. Cada obra tiene un título que presenta un par polar, “¿por qué todo estado deviene en burocracia” “¿por qué toda religión deviene en superstición?” y “¿por qué todo arte deviene en negocio?”. Los elementos de estos pares polares no son necesariamente opuestos por lo que te obliga a pensar. La obra no responde porque ocurren estas cosas…..

- ….muestra…

- …y ejemplifica como en las fábulas morales. Por eso, empiezo diciendo, como en las fábulas de Esopo, pero sin animales.

- Estamos en el 2011, a diez años del llamado “argentinazo” y toda esa crisis. Crees que hubo alguna influencia sobre el teatro en particular de ese acontecimiento?

- Hubo influencia en todos los órdenes de la vida. Desde el trueque o el cuestionamiento del valor del dinero. No se si te acordás pero en esa época empezaron a reaparecer los valores familiares. Las familias empezaron a tener más solidaridad, empezaron a comer juntos. Lo lógico que ocurre con estas crisis. Esas influencias dejaron…siempre me acuerdo de un razonamiento totalmente falaz de aquello que está pago, de alguien que dice “lo compré en el 1 a 1”. Ni siquiera recuerdan la época como se llamaba…O lo compró en dólares y no sabe si ahora lo está vendiendo más caro o más barato, si está ganando o perdiendo plata. Uno empieza a darse cuenta que el precio de los objetos es una brujería, como dice uno de los personajes de la obra. “Eso es el dinero que debes vos pero que queres pagar por lo que te hicieron”. Esta desconfianza marxista del valor de las cosas, se ha instalado en los argentinos de manera muy amateur. Digo, cualquier taxista es capaz de explicarte como se genera el dinero. Otras culturas no se preguntan por el valor de las cosas sino en aspectos no cuantificables, como lo humano.

- Siempre se habló de cierta influencia del menemismo en el teatro, por cierta frivolidad…

- ¿Quién lo dice?

- Algunos críticos y periodistas….

- Pero vos estás de acuerdo al respecto?

- Te lo estoy preguntando a vos….

- Estoy sosteniendo esta discusión sobre algo con lo que no estoy de acuerdo…¿Más frívolo que cuando? Que el teatro de revistas, si el teatro de revistas estuvo siempre... ¡Antes, durante y después del menemismo! ¿Por qué se habla de frivolidad cuando quienes tenían el poder para ejercerlo no hicieron nada para modificarlo? Esos que se refieren a la frivolidad de los años 90, me lo tomo como un insulto hacia autores que surgimos en esos años como Veronese. Claro que fue una época de mierda. Habría que ver donde estaba parado cada uno de los que habla para ver que estaba haciendo realmente.

- Otra cosa que siempre señalan los criticos es la duración de las obras. ¿Cómo te lo tomás eso?

- No. Tampoco lo digo como crítica sino como un comentario inevitable. Nadie suele escribir obras de tres horas veinte y hacerlas. No los tomo de ninguna manera sino como un comentario obvio. “Hice una obra con cuatro personajes”, “Ah, bien”; “Hice una obra larga”, “Ah, bien”. No tiene implicaciones éticas. No pasa nada. Si alguien me dice “la obra se me hizo larga” será un problema del otro frente a un material que uno presenta con una extensión determinada. Yo se que la gente está desacostumbrada al respecto. La gente quiere pensar cada vez menos. La verdad no tomo en cuenta esos comentarios. Estoy más concentrado en ponerme mis propios objetivos y mis límites y hacer…no soy un loco sino que soy muy razonable con respecto a lo que me propongo. Nosotros sabíamos que con esta obra, después de obras muy vastas y frondosas como “La estupidez” o “La Paranoia”, iba a implicar un movimiento difícil. El volver a una obra más posible, de una hora y media…

-¿Más convencional?

- ¿Convencional? Humm, te diría que no lo es en su contenido….

- Lo decía por la duración…

- Ah, si. La obra mezcla lenguajes de manera desaforada. Empieza siendo, prácticamente, un mimo mal hecho por actores que no saben lo que tienen en las manos. Después va mutando. Tiene una riqueza de lenguajes que consideramos análoga a la de otras obras nuestras pero una persona que haya visto “La Paranoia” y no sabía que iba a pasar en la siguiente escena, puede sentir que nosotros le estamos ofreciendo un bocado más fácil de morder. Está bien. Digo, que estoy muy alerta de adelantarme a las expectativas del público porque sino siento que pasa como con las bandas de rock. ¿Qué pasa con las bandas de rock? ¡Sacan un disco y a la gente no le gusta porque quiere que ese disco –de su banda, de la cual es fanático-, se parezca al anterior! Disco que ya escuchó millones de veces.

- Este es un tema….

- Si, seguro. Es un tema del cual el artista debe desarrollar estrategias para liberarse. Realmente es muy difícil hacerle entender al público de uno –con el cual se tiene un pacto tácito, de cariño- decirles “no me dejo gobernar por los dictámenes de lo que se supone que debería estar haciendo”. Yo jamás he hecho lo que se supone que debo hacer. Tampoco es que me lo pongo como la primera cosa de mi agenda. Me sale naturalmente. Me pongo en el lugar de mi propio espectador y digo “¿ahora que me gustaría ver? ¿Una obra más simple, una más compleja, una más elitista, una más popular?”. He transitado necesariamente, para conocerme a mi mismo, de un lado a otro, sin mucha dificultad.

- Me encantó lo que dijiste lo de la banda de rock porque se le critica cuando cambia y el público no entiende pero también si se repite, que hace siempre lo mismo.

- Por eso, la banda de rock es el ejemplo más simple. Lo que deberíamos asumir –que no es el tema de la entrevista- que el rock es conservador. Juega el juego de la rebelión –que no cree nadie- y en realidad, está regido por empresas multinacionales que son los sellos discográficos. Por eso, bandas que han sabido estar a la vanguardia de todo esto, como Radiohead cuando decidió liberarse de su sello, pueden producir con un grado de independencia y ahí uno se pregunta “¿Es rock?” porque deja de serlo porque lo artístico va por encima de los dictámenes de ese estilo musical. Con el teatro no es tan diferente. Quiero decir, ¿hasta que punto a veces, lo que llamamos “teatro independiente porteño” no ha empezado a generar sus modas, sus circuitos, sus caprichos, sus huertas y estas terminan generando esto que yo te digo, que tenga que presentar explicaciones si hago una obra más corta o más larga? Es un disparate y yo no entro nunca en ese juego.

Entrevista: Daniel Gaguine


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Victoria Rolanda invitada especial

Estos días habrán leído en nuestro facebook que fuimos invitadas por Stella Artois a cubrir la filmación de su cortometraje en Uruguay. Les dejamos el trailer del primer día de rodaje. Enviamos un saludo especial a Gustavo, el ganador del concurso por el papel del nuevo Jacques D´Azur por su simpatía, y a James, el director ejecutivo de Mother UK, como a los creativos, que nos trataron super bien. Siempre es genial que reconozcan el trabajo que hacemos.

La Dirección


También compartimos algunas fotos del detrás de escena.

El equipo de Mother UK



Eva, la protagonista femenina 
Gustavo, el ganador del papel de Jackques D´Azur. Un orgullo argentino.


Días de Rodaje con Josefina de ThinkY, Camilo de La Cosa Cine y Esteban de Mirá lo nuevo

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Separaciones

Uno decide tomar distancia, decir “basta”, “esto me hace mal”, “yo quiero otra cosa”, “me voy” o “andate”. No es tan complicado. El verdadero problema viene después del portazo, o de la charla civilizada, da lo mismo para el caso.

Por Eugenia Rombolá

Lo que más miedo da de la separación no es la soledad, sino enfrentarnos a ese yo que dejamos tan abandonado que no sabemos en que andará ahora. Nos da pánico encontrarnos con un ser desfigurado, tuerto, impotente o quien sabe con qué horrible enfermedad. Quizá esté de lo más bien, pero por las dudas preferimos no saber nada.

En este punto es cuando podemos caer en la tentación de echarnos para atrás con la separación y preferir ser infelices a dúo. Aunque suene extraño, el amor tiene mucho de costumbre, ya lo decía Proust en A la sombra de las muchachas en flor. Desacostumbrarse de la vida en común es lo que va aplacando poco a poco la angustia.

Tendemos a pensar que el amor fracasó y que la separación hay que superarla. Pero llega un momento en que nos damos cuenta de que no hay fracaso en el amor y que más que superar la separación, hay que ser lo suficientemente valientes para sostenerla. Hasta que un día, después de un mes, un año, o tres, o cuatro -para esto no hay medidas exactas- nos despertamos libres, sin que el nombre de la persona amada nos apuñale el alma, sin que una canción que compartíamos con él o ella, nos den ganas de llorar.

Recién ahí es cuando podemos volver a mirarnos sin miedo y permitirnos angustiarnos simplemente porque se nos rompió el auto, llorar porque nos duele la muela, enojarnos porque no nos aumentan el sueldo, ser uno más en el mundo, como todos los demás. Pero ser uno, uno entero, sin un yo escondido en el cajón de "no me hago cargo de mis deseos". Y después, como todos los demás también, enamorarnos otra vez, tratando, en lo posible, de no volver a abandonarnos.

Aquí les dejo un poema increíblemente bueno de Susana Thénon que habla de esa relación indisoluble que tenemos con nosotros mismos, la única que podemos decir a ciencia cierta que es para toda la vida.

Canto nupcial (título provisorio)

Me he casado
Me he casado conmigo
Me he dado el sí
Un sí que tardó años en llegar
Años de sufrimientos indecibles
De llorar con la lluvia
De encerrarme en la pieza
Porque yo -el gran amor de mi existencia-
No me llamaba
No me escribía
No me visitaba
Y a veces
Cuando juntaba yo el coraje de llamarme
Para decirme: hola, ¿estoy bien?
Yo me hacía negar
Llegué incluso a escribirme en una lista de clavos
A los que no quería conectarme
Porque daban la lata
Porque me perseguían
Porque me acorralaban
Porque me reventaban

Al final ni disimulaba yo
Cuando yo me requería

Me daba a entender
Finamente
Que me tenía podrida

Y una vez dejé de llamarme
Y dejé de llamarme
Y pasó tanto tiempo que me extrañé
Entonces dije
¿cuánto hace que no me llamo?
Añares
Debe de hacer añares
Y me llamé y atendí yo y yo no podía creerlo
Porque aunque parezca mentira
No había cicatrizado
Sólo me había ido en sangre
Entonces me dije: hola ¿soy yo?
Soy yo, me dije, y añadí:
Hace muchísimo que no sabemos nada
Yo de mí ni mí de yo

¿quiero venir a casa?

Si dije yo
Y volvimos a encontrarnos con paz
Yo me sentía bien junto conmigo
Igual que yo
Que me sentía bien junto conmigo
Y así
De un día para el otro
Me casé y me casé
Y estoy junto
Y ni la muerte puede separarme.

(De La morada imposible, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2001)










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