Apuntes sobre el desarrollo de la Red de Ciclovías en la Ciudad de Buenos Aires y algunos desafíos que quedan por delante.
Por Marisa Fernández Villalba
La Red de ciclovías es un proyecto del Gobierno de la Ciudad iniciado en 2009, que apunta a construir una red de carriles preferenciales que cubra los principales circuitos urbanos. Estos carriles para bicicletas ya funcionan sobre el carril izquierdo de las avenidas Belgrano, Corrientes, Rivadavia, Independencia y Juan Bautista Alberdi; y los automovilistas pueden circular por ellos dando prioridad a los ciclistas y respetando una velocidad máxima de 40 kilómetros por hora.
Masa Crítica
De la mano del crecimiento de los ciclistas urbanos se desarrollaron fenómenos como el denominado “masa crítica”, término acuñado a lo largo del mundo para reivindicar una mayor presencia de las bicicletas en las ciudades. La denominación proviene del concepto sociológico homónimo, que hace referencia al número de individuos necesarios para que un fenómeno adquiera una dinámica propia que le permita sostenerse y crecer por sí mismo.
Quizá uno de sus lemas más interesantes sea “No bloqueamos el tráfico, ¡somos tráfico!”. Por ejemplo, pensemos ¿cuántos motivos válidos podemos encontrar para defender que un transporte motorizado privado tenga más prioridad que una bicicleta para trasladarse de un punto a otro de la ciudad?
El término Masa Crítica fue adoptado para referirse a un fenómeno concreto observado en China: en los cruces sin semáforos, los ciclistas se van acumulando hasta llegar a un número que les permite cruzar sin riesgo.
Sin embargo, antes del boom económico en Shanghai (la ciudad más poblada de China), debido a la cantidad de bicis y la escasez de semáforos, para cruzar una esquina la masa crítica la tenían que hacer los automovilistas. ¿Llamativo, no?
Un poco de historia
Al mismo tiempo que los hippies yanquis reaccionaban contra la violencia en el mundo con "paz y amor", nacían los provos holandeses con su anarquismo y rebeldía. Una de las propuestas de los provo fue la de poner a disposición de los desempleados e indigentes, bicicletas (pintadas íntegramente de blanco) para que se transportaran. Esta prehistoria de los sistemas de bicicletas compartidas (de los cuales uno es el local Bicing), no llegó a tener peso social debido, fundamentalmente, a la bajísima cantidad de bicis disponibles y a la casi total falta de organización y mantenimiento.
Así y todo, lejos de ser en vano, cualquiera que pasee por las céntricas calles de Amsterdam y observe una ciudad limpia en la que se circula en bicicleta, tal vez esté observando los resultados de una lucha social iniciada con frescura y sentido del humor hace ya más de cuarenta años.
Muchas veces se habla de "copenhaguenizar" la ciudad, en referencia al éxito que ha tenido el sistema en ese país, con la obviedad de que los resultados nunca van a ser los mismos. Copenhague comenzó adaptando los caminos de caballos que corrían junto a los canales, los cuales remolcaban barcos en los años 50. Alrededor de estos caminos fue creciendo la ciudad y la cantidad de ciclistas que los usaban.
Voces en contra
El proyecto se planteó en dos etapas y apenas se implementó la primera, empezaron las quejas. Se le adjudican el caos vehicular y el rechazo de los vecinos. "No somos un país con cultura de bicicletas", "Tal vez funcionaría para Holanda o para China, pero no acá", afirman algunos vecinos. Y es que la implementación todavía tiene varias falencias, las dos principales están relacionadas con la información disponible.
Uno de los problemas es la falta de señalización en la vía pública. Pocos saben que los ciclistas pueden circular también en sentido contrario al tránsito, lo cual no es obvio, y no está claramente indicado. A esto se le suma, al igual que a los cambios de sentido en algunas calles, las quejas de los comerciantes por la imposibilidad que tienen los camiones para estacionar y descargar mercadería.
Otro, es la falta de información clara en el sitio de la Ciudad de Buenos Aires. Sería muy útil por ejemplo tener la posibilidad de descargar el mapa online, que hoy no está disponible. Actualmente, la información más útil y actualizada en internet es proporcionada por usuarios de bicicletas que suben información y temas de discusión a sitios y blogs.
Voces a favor
Hay un factor que parece ser muy directo y claro, el cambio tiene que estar acompañado de educación para todos: ciclistas, vecinos, peatones y conductores motorizados.
A diferencia de las experiencias europeas, en Argentina todavía nos subimos a la bici más como deporte que como medio de transporte.
Pero podemos empezar a reconocer que el contacto con la bici en nuestro país se puede dar para mejorar la calidad de vida física, como también a nivel mental y social.
Los automovilistas no están preparados para tener cuidado con los ciclistas; los peatones no saben que en las bicisendas se puede circular en ambos sentidos; los ciclistas no siempre respetan los semáforos en rojo: la medida de adoptar una Red de Ciclovías es buena para empezar a generar un cambio cultural, pero sin dudas lleva tiempo y tiene que estar acompañada de educación que acompañe nuestras conductas. Es muy común, por ejemplo, ver autos estacionados sobre ellas (los veo siempre en calle Corrientes y me da una brrrronca!).
Así como para muchos representan una complicación para el tránsito porque reducen las calles, también podemos esperar que algún día muchos más porteños que circulan en auto se suban a la bici sacando provecho de un modo de transporte para distancias cortas con el cual no es necesario pagar pasaje, no es contaminante, es saludable, nos da libertad para movernos y puede reducir la estresante cantidad de autos que hoy circulan por todas las calles.
Saludable y sostenible
Es cierto que las bicisendas porteñas están modificando algunas estructuras de nuestra ciudad, pero también nos desafían a cambiar algo mucho más profundo, y a veces más difícil de cambiar, que son nuestras estructuras mentales.
Las bicisendas son actualmente una opción al transporte motorizado, ya sea privado o público, para transportarse de un punto a otro de la ciudad.
Creo que uno de los desafíos más grandes que nos queda es dejar de pensar a las bicis en la ciudad como un modelo mal adaptado de ciudades europeas o asiáticas, y empezar a apropiarlas como una opción seria de estilo de vida saludable y de desarrollo urbano sostenible.
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