Festejá como se te cante

Las fiestas nos alteran. Llegamos con miles de compromisos que nos pesan, miles de cosas que quisiéramos terminar y no podemos, miles de problemas que si paráramos un poco la máquina los resolveríamos más rápido. Por eso, en estas fiestas, lo que más deseo… ¡es que festejes como se te cante!


Por Clarisa Ercolano

Llega la Navidad, llega el año nuevo. A todos, a mí incluida, nos da el ataque por hacer en veinte días lo que no hicimos en trescientos. Motivo por el cual, justamente, llegamos a estas celebraciones con cara de cansadas, fundidas, trasnochadas. Corremos contra el tiempo. Vemos arbolitos de navidad y coronitas de muérdago como si esto fuese Canadá y nos agarra la desesperación por el furor festivo.

El fin de año, las fiestas, alteran porque nos damos cuenta del paso del tiempo. Tiempo de vida correteando atrás de pelotudeces, creyéndonos la sucursal de Caritas parroquial (porque una cosa es ser buena y otra buenuda), gastando energía en “amigas” que a la hora de ser justamente eso, amigas, tienen más requisitos que un crédito hipotecario, o bien, rompiéndonos la cabeza ante problemas que, si les dedicáramos más tiempo de acción y menos de andar refunfuñando, desaparecerían solitos.

El problema con el paso del tiempo no es que envejecemos o, como diría Violencia Rivas, que estamos un año más cerca de morir. Hablo de otra cosa. El problema está en no observar nuestro lugar finito pero valioso en este desbarajuste llamado mundo, desesperarnos viendo el bosque cuando tenemos el árbol enfrente.

Ojo, soy anti conformismo, no digo que debemos estar contentas porque “ay, al menos no soy inválida”. Lo que digo es que debemos reencontrarnos con nosotras mismas y descubrir qué queremos, para que el dichoso espíritu navideño no nos termine dando por el forro de los ovarios.

Hablo de ver este fin de año como la oportunidad de decir, “ok, a la mierda, reseteo y vengo con más polenta que nunca”. Puede haber de todo en la vida, pero todavía no nació ese o esa que pueda robarnos el futuro.

Y sobre todo, no hagas cosas si no te gustan. Si odiás la cola del súper, comprate las cosas on line. Si detestás mandar tarjetitas pedorras a docientas personas, saludá a las cinco que de verdad lo valen y a otra cosa. Si tenés ganas de quedarte con X persona y no ver a otras tantas por compromiso, no las veas o deciles que te fuiste a Arabia Saudita. Si te da pachorra hacer fila en el boliche top después del brindis, quedate con tu amor (o con algo parecido, dependiendo el cuadro de cada una). Y si querés, ni siquiera cumplas con el ritual de la bombacha rosa. O no te pongas nada.

Descargate de lo pesado. No ser políticamente correcta muchas veces tiene sus ventajas. No vender lo que no sos, también. Así sea que lo que estás vendiendo sea un producto con fallas, vale. Siempre lo verdadero, lindo o feo, vale más. Y después de todo, no te preocupes tanto, que a lo mejor en el 2012 los mayas tenían razón y volamos por el aire. O a lo mejor no, y seguimos estando acá, corriendo con los lobos, como siempre.



Related Posts with Thumbnails


MODA

Estar cómoda está de moda: las zapatillas tipo Keds

Leer más


 
::Staff ::Así empezó todo ::Cómo anunciar ::Confian en nosotras::