Y un día me volví gordita y no se murió nadie

A veces los cambios de la vida repercuten en la balanza






Por Clarisa Ercolano

Llega la primavera, temporada por excelencia para tirarse medio ropero arriba aunque en realidad andemos todas mostrando todo lo que podamos. El tema es que esta primavera es distinta. Distinta porque me agarró a mí que siempre fui flaquita con casi 8 kilos de más (o al menos para mi gusto). El tema es el siguiente. Mi madre, vivaracha ella, me dijo alegremente que me había conseguido un médico chino que hacia acupuntura y que “te sirve para relajarte”. Pero era mentira, mamá y el señor oriental deben haber pautado subrepticiamente que yo deje de fumar o al menos que baje considerablemente la cantidad de puchos.

El tema es que los muy malditos no pautaron que hacer con mi hambre y ansiedad. Un kilito fue trayendo al otro y de repente, la mitad de la ropa no me entraba o me hacía parecer encorsetada. Por si algo faltara, me mudé. Pero no me mudé a cualquier lugar. En mi nuevo barrio hay en una misma manzana una fábrica de churros y berlinesas, dos pizzerías geniales y a dos cuadras una cantina alemana donde hasta los grisines son ricos. Y como me mudé conmi novio, que claro, el es varón y no engorda (desgraciado!), dale que te dale con vamos a comer algo acá o allá y así Clarisita se convirtió lentamente en Clarisota. ¡Justo ahora! 

Pero, lo bueno de ya tener 30 a veces pasa porque en otra época me hubiese buscado tirar ácido muriático arriba de la barriga además de salir con burka a la calle y ahora, además de morirme de risa, me lo tomé mucho más a la ligera y empecé a hacer las cosas bien. Léase, fui de un nutricionista y punto. La cuestión es que de los 8 ya bajé 4, no me muero de hambre, no hice nada tremendamente dañino para mi salud, no me puse tan loca como era esperable y hasta me animo a escribir sobre eso. Me anime también antes y por un tiempo a comer lo que se me cantaba (menos animales porque soy vegetariana) y a no tener una culpa enorme por eso. Me sentí libre con mi cuerpo por primera vez en la vida. Aunque libre no quiere decir que me guste, obvio.

Lo más simpático, fue que al médico fui acompañada por un niñito de 7 años que en ese momento estaba mi cuidado. Y que sinceramente, y como son los pibes a esa edad, le largó al médico que me pesaba ¡ELLA NO ESTA GORDA! El doctor lo miró sonriente aunque lo habrá querido revolear contra la balanza. Pero se ve que tampoco es tan tremendo el tema. Y la verdad, empezar la primavera al menos con un condicionamiento un poco más rebajado, viene bien y te renueva. ¡Vamos que ahora tengo que pasar las fiestas!

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