De Robert a Roberto sin escalas


Cuando en la agenda de tu celular reemplazás el amoroso y super canchero Robert al frío y despechado Roberto es que la cosa pasó de Guatemala a Guatepeor sin escalas.



Noche, oscura noche. No tanto como va a estarlo dentro de unos minutos. Vos y él en su auto frente a tu casa. Algunas cervezas negras de más, no tantas como hubieras preferido para poder ahogar la pena que te va a dar la siguiente frase que salió sin filtro de su boca: me acaba de llamar mi ex y quiere hablar. 

Parece que hubiera deletreado esa daga en forma de frase así, muy suelto de cuerpo y de culpas. “Así que quiere hablar con vos, mirá que divina –pensás-. ¿Por qué no la invitamos a tomar la decimocuarta ronda de birra que necesito para entender lo que me estás diciendo? Dale, yo pago una vuelta mas para los tres y hasta para la bandada los borrachos del tablón ¡Mira el sentido de la oportunidad que tiene esta chica, es maravillosa! Seguro que es de esas minas inoportunas que acotan comentarios pelotudos en plena escena de suspenso hitchcockiana en el cine. O en medio de una presentación familiar pregunta sobre un pariente que seguro murió hace pocos días y a continuación se disculpa por el error llevándose la servilleta a la boca solo para atajar la incontinencia de frases hechas que se le ocurren para disculparse. ¡Qué diosa! ¿De dónde la sacaste? ¿Del Olimpo De las Púberes de Tetas Alzar?"

No podés creer que justo cuando estás a punto de concretar una segunda cita con un pibe que luego de la primera no desenrrolló el pergamino de patologías congénitas, a este pimpollo de yegua se le ocurre arrepentirse de haberlo dejado y encima quiere hablar. ¡¿De qué?! ¿De por qué el Ken no formalizó con Barby Cristal? 

¡Flaco te dejó! –te morís por gritarle- ¿Qué parte no entendiste? ¡Ahora vos pasas a ser su ex! Si jugamos al ahorcado con la palabra seguro que no me ganás. Te la deletreo rápidamente: E-X. Wikipedealo, googlealo, hojeá el Libro Gordo de Petete, hace algo para enterarte el significado de la palabra y sino leeme los labios: dícese de alguien que fue, alguien que ha dejado de ser, puede ser novia, amante, concubina, madre, tutora o lo que haya sido. Alguien que te dejó como te deja el bondi cuando llegás tarde al trabajo un día de tormenta. 

Ahora si, la noche es la más oscura en mucho tiempo y eso que no estaba pronosticada ni por el más acertado de los meteorólogos. Ningún censo nos alerta de que en el mundo hay mas turcos de lo que creemos, más neblina de lo que pronostican o más hombres perdidos de los que nos imaginamos. El se va sin brújula y vos te quedás tranquila en la puerta de tu edificio porque aunque no sabés donde encontrar el norte por lo menos tenés claro que no es ninguno de los otros tres puntos cardinales. 







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