Seis imposibles por día

Cuando Alicia en su país de las maravillas se plantó frente a la Reina y segura esgrimió la idea de que nadie puede creer cosas que son imposibles, la Reina, ni lenta ni perezosa, le respondió que cuando ella tenía su edad solía pensar en seis cosas imposibles todos los días durante media hora y que finalmente terminaba creyendo que eran posibles.

Por Bárbara

Hoy por la mañana te dan ganas de poner en práctica la teoría de esta Reina que ya la quisieras tener de amiga un jueves por la noche, cerveza negra mediante, y escucharla decir de su boca que todo es posible.

Bien, si la Reina hubiera sido argenta lo primero que recomendaría sería preparar unos ricos mates, luego escuchar ese tema que hoy es tu tema especial pero que mañana puede dejar de serlo, respirar hondo y atreverse a pensar en seis imposibilidades antes de empezar el día.

Ponés en práctica tales recomendaciones al estilo receta del buen vivir sacada de un libro de autoayuda, pero ya hay algo que no te cierra: Su Majestad quiero que sepa que me cae de perlas y no esta demás decir que sería un honor para mí cocinarle un día de estos unas ricas pastas con una salsa que me salen de rechupete. Le pido disculpas por tal palabra lejos de todo léxico formalista, es que es la única que describe a la perfección mi don, pero volviendo al tema, me acabo de dar cuenta de que hay algo de su teoría que no me cierra y me parece que es en el verbo pensar.

Si, así como lo oye: Pensar, acción que me ha traído muchas satisfacciones porque, sobre todo, me ha servido para abrirme paso entre tanta supuesta rama fuerte del árbol de la humanidad, pero la verdad es que cuando me pide enumerar imposibilidades, la primera que se me presenta es que no podría pensar en ellas, sino imaginarlas o soñarlas.

Si me permite, con todo el respeto que su Majestad merece, creo que deberíamos reformular la teoría y establecer no pensar en imposibilidades sino imaginarlas o soñarlas. Le solicito que tenga a bien considerar estos dos nuevos métodos que le propongo ya que tengo pruebas fehacientes de que funciona, de que no es verdad que lo onírico quede en ese terreno y no se vuelva realidad. Permítame decirle, que en estos treinta años, llevo casi once mil noches soñando con imposibilidades y otros tantos días viéndolos hacerse posible, para bien o para mal, más lo primero que lo segundo.

Así que mi queridísima Reina, y ahora perdóname que te tutee y que no me arrodille ante tus pies pero te propongo pensar menos y soñar más, aunque esto sea el primer ítem de la lista.

Empezemos ahora, tomate el primer mate de la ronda, acá tenés lápiz y papel. Te concedo el cálido placer de empezar la lista, después sigo yo y luego vos, sí, vos que estás leyendo.

¿Qué vamos a soñar hoy?







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