Por Vivian García Hermosi
No sé a ustedes, pero Muriel Santa Ana me cae bárbaro. Más allá de que haya representado el entrañable papel de Lucía en Ciega a citas, siempre me pareció una mina canchera que se abrió paso gracias a su sentido del humor. La otra tarde me puse a ver la publicidad que hizo para Dove, en donde habla de la moda y cómo caemos en sus trampas y perdemos el control.
Después de verlo, se me ocurrió hacerles una lista de todas esas cosas que juré que nunca iba a usar (por ridículas o anticuadas) y que finalmente me puse, y de las que posiblemente me arrepienta de acá a 5 años:
Borcegos. Después de los 15 regalé los borcegos geniales que tenía porque me comenzaron a parecer espantosos, mientras me recriminaba mi outfit de la adolescencia con pantalones elastizados y remeritas mostrando el ombligo. Y ya ven, este año me regalaron un par y me emocioné. Los amo. Me hacen feliz.
Labial rojo o coral. Mi abuela siempre tenía entre sus maquillajes labiales, rojos y fucsias que me parecían “de vieja”. Hoy, cuando quiero cambiar un poco y destacar mi piel, no dudo en recurrir al antiquísimo labial rojo o coral. Glamour puro.
Animal Print. El referente del animal print en Argentina siempre fue Susana Giménez. Con una mano en el corazón, ¿qué mujer se quiere parecer a Susana, a parte de Lorna? Ninguna. Siempre que la veía en la tele me encantaba criticarla por ridícula. Ahora, por supuesto, tengo una remera, un pantalón, unas medias y un pañuelo en textura de animal print que fui comprando sin darme cuenta. ¿Estoy cometiendo algún crimen contra mi archivo personal?
El jopo. Cuando era chica, y dado que siempre tuve un pelo incontrolable, caí bajo los efectos del jopo. No yo sola, sino todo el curso. Viendo las fotos, siempre le recriminé a mi madre haberme dejado salir de casa así, y hoy me parecen muy cancheros los peinados como ese.
Calzas. No sé a ustedes, pero por muy cómodas que sean, a mí, salvo que sean negras, me engordan como 5 kilos en cada pierna. ¡Pero son tan lindas! Así que me compré una con flores. Y no me bastó. Las miro en la vidriera con deseo, pero las evito, pensando en las fotos del futuro.
Plumas y moñitos. Cuándo veían en alguna entrega de premios a una mujer con plumas o moños en sus accesorios, ¿qué pensaban? “Por Dios, qué mal gusto”. Ahora, todas estamos teniendo una suerte de fiebre colectiva por las plumas y los moños. Vinchas, aros, prendedores.
La lista es interminable: perlas, zapatos de plataforma, puntillas, encaje, tachas, pañuelos llenos de colores que menospreciábamos por colorinches, o polleras hippies que ahora son neohippies y tienen toda la onda. Así que, chicas, mi consejo es nunca criticar a las abuelas y empezar a revisarles el placard, porque ahora lo vintage está de moda.
¡Seamos felices así como somos! ¡Cambiantes! ¡Descontroladas!
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