Argentinian Idol

Alejandro Perazzo inaugura su columna "¿Y vos qué mirás?" donde analizará un poco (con un desfachatado humor) los medios de comunicación en Argentina. ¡A prepararse! 





La Dirección

Vivimos en un país en el que casi cualquier organismo monocelular se puede convertir en ídolo de alguien. Está científicamente comprobado que Argentina dejó de ser considerado un país al que se podría tomar más o menos en serio el día en que algún infrahumano con capacidades especiales consideró una buena idea pedirle un autógrafo a Jacobo Winograd. Triste, contundente, lapidario.

Tenemos como diva madre a una señora que, sin repetir y sin soplar, dijo cosas como “¿encontraron un dinosaurio vivo?”, “está bien la ecología, pero un tapadito de visón cada tanto se puede usar…” (a un activista de Greenpeace), “el que mata tiene que morir” y sus dos recientes éxitos: “ni loca me casaría con un pobre” y, genial de toda genialidad, “Vanucci, ¿qué le hiciste al Ogro Fabbiani para que te pegue?”. Se la suele declarar inimputable con un tono de cariño, como de complicidad. Es como la forma más sutil de decir “y qué querés que diga, si es una pelotuda”.

Y ahora, como para terminar de hundirnos en ese mar de lípidos que es nuestra TV, tenemos como referentes a unos gatones cuyas cartas de presentación son genialidades como “la que se abarajó a Robbie Williams” o, el horror, “la piba a la que Tristán le dio un tortazo”.

Pero bueno, si tenemos en cuenta que muchos ven la tele mientras comen sánguches de miga de jamón y lechuga, y que cuando la apagan lo hacen para ir a ver un tributo a Arjona (¿existirá algo peor en este mundo?), descubrimos que no estamos tan mal. Podríamos tener como ídolo a un boxeador que faja a la mujer o a un técnico de fútbol que se viruleó a un pibito, ¿no?

Pará, no me digas que…



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