El sueño de toda chica

Las chicas suelen hablar de que quieren hombres caballeros, atentos, sensibles y siempre bien dispuestos a complacer las necesidades afectivas y pasionales de sus parejas. ¿Pero es eso lo que quieren las mujeres? ¿Es lo que buscan? ¿Es lo que valoran? ¿Es el sueño de toda chica, como algunas pretenden hacernos creer?

Podría hablar a partir de mi vasta experiencia, pero como no es tal, o como no me basta, haré un mix: tengo amigos, tengo amigas, he hablado con gente sobre el tema y además viví algo como para poder ejemplificar.

Caso 1

Un hombre “bien macho”, recio, indiferente a las sensibilidades ajenas, más predispuesto a salir con los amigos, a jugar al fútbol o a la playstation antes que a pasar una tarde caminando de la mano con su chica. De los que no se acercan, ni acarician ni duermen abrazados. Más bien frío, mandón, y con la opción del sexo para cuando él tiene ganas.
Eso gusta. Tendrán que reconocerlo: les gusta. A las mujeres les gusta cierta dejadez, la indiferencia, el sentir que no tienen nada a mano: el mensaje sería que al amor (y al sexo) hay que ganárselo.

Hay quejas, desde ya, siempre (¿cómo no?) "Que no me atiende, que no me da bola, que para ir a ver a Boca hay tiempo, pero para acompañarme a mí, nunca". Es la vida misma, la misma vida de todos. “Para conformarse se ha inventado el 'jamás'”, dice una canción.

Caso 2

El segundo caso es  un hombre sensible, caballero, cariñoso, atento a las preocupaciones de su chica, que es su prioridad número 1. Jamás será el fútbol el que deje a un costado el paseo con su novia. Jamás. Abre las discusiones, deja elegir, sugiere pero no manda. ¿Les gusta? ¿Es lo que quieren?
Mi teoría es que no. Que es demasiado bueno, o le falta algo. Que no tiene actitud o que es muy lento. O simplemente es “demasiado fácil”.

Están las mujeres que se horrorizan cuando un hombre las invita a pasar la noche en la primera cita. Pero están, a la vez, las otras, las que consideran que el que “no intenta nada” en el primer encuentro es un bobo, un “dormilón”.

Están las que se enojan con una mano encima, y las que piden a gritos que las toquen ya mismo. (No estamos, nosotros, los hombres, exentos de eso: si pide a gritos es una chica rápida, si se acuesta a esperar le falta actitud).

Equilibrio. Tal vez sea bueno encontrarlo, desde este lado, y pretenderlo, desde el otro. O viceversa.

 “Una dama en la mesa, una puta en la cama”, pregona un viejo refrán, un tanto machista, o más que un tanto.

Pero, a ver, votemos. ¿Y ustedes, de los hombres, qué quieren? ¿Se quedan con el caso 1 o con el caso 2?

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