Ya pasaron tantos años con los que viví con un padre como los que no. Es increíble como pasa el tiempo. Hace 15 minutos estaba en el supermercado con él comprando esos cereales espantosos que no me acuerdo el nombre, y ahora soy un tipo barbudo y gordo que tuvo que aprender a afeitarse solo. Si existe un ángel de la guarda es obvio es mi papa, porque si no, no me explico como sólo tengo una sola cicatriz en la cara (y bien tapada por el pelo).
La cosa es que papá lleva muerto varios años y en todo este tiempo cambiaron mucho las cosas. Supongo que ya se imaginarán cuanto, o sea, de ser un nene cachetón y simpático a un nerd escribe-blogs hay un abismo de distancia con el cual se puede rellenar la imaginación de un mundo entero, pero aun así es importante enumerar algunos cambios.
1- Cuando papá vivía yo quería ser inventor. No sabía bien que significaba ser inventor a los 9 años, como tampoco lo sé ahora. Lo importante es que dejé de pensar en eso cuando ingresé al Huergo. Después de comprender cómo y por qué funciona un ventilador, dejé de pensar en convertirme en un Einstein mejor peinado (aunque Einstein no tuviera un carajo que ver con los ventiladores y mucho menos conmigo y mi elegancia). Ahí pasé a imaginar mi futuro como escritor.
2- Yo era hincha de River. Papá también lo era. ¡PUM! Papá murió, murieron mis domingos en el Monumental. Ok, ¿se puede ser hincha sin ir a la cancha? Por supuesto, el problema fue el tío Chiche, que no tuvo mejor idea que llevarme todos los fines de semana a ver a Velez. ¿Saben que fue lo peor? Justo ese año salieron (¿salimos?) campeones y el tío me tomó como cábala para siempre. PARA SIEMPRE. Casi repito cuarto año por un partido de mierda. Sé que mi papá jamás me hubiera imaginado siendo la cábala de mi tío. Pero la vida te lleva por caminos sorprendentes (¿?)
3- Viaje en avión. Ya sé. No es el cambio más esperado por nadie, pero papá siempre decía que algún día nos iba a llevar a viajar en avión. ¿Con qué plata? No sé. ¿A dónde? Menos. Pero esas caras que ponía cuando nos contaba aquella vez que voló al sur siempre me quedaron en la cabeza. Abría la boca mas de lo normal, los ojos parecían desorbitarse, los brazos los extendía un metro mas de lo que medían. Pero no fue con él mi primer viaje. Cuando subí a ese avión fuimos a Chubut o Río Negro (No me acuerdo, vimos ballenas, qué sé yo), me acordé de papa y esa promesa no fue incumplida, porque él estaba con nosotros ahí arriba cuidándonos (acá seguro la gente me aplaude por lo dulce que puedo ser, un pulitzer para mi mismo urgente).
Lo que significa es que las cosas cambian. No puedo ir y detenerlas porque a mi se me canta, porque eso también demostraría involución y mucho peor aun, estupidez. Hay que entender eso. La vida no para, nosotros tampoco.
Sin embargo...
3- Viaje en avión. Ya sé. No es el cambio más esperado por nadie, pero papá siempre decía que algún día nos iba a llevar a viajar en avión. ¿Con qué plata? No sé. ¿A dónde? Menos. Pero esas caras que ponía cuando nos contaba aquella vez que voló al sur siempre me quedaron en la cabeza. Abría la boca mas de lo normal, los ojos parecían desorbitarse, los brazos los extendía un metro mas de lo que medían. Pero no fue con él mi primer viaje. Cuando subí a ese avión fuimos a Chubut o Río Negro (No me acuerdo, vimos ballenas, qué sé yo), me acordé de papa y esa promesa no fue incumplida, porque él estaba con nosotros ahí arriba cuidándonos (acá seguro la gente me aplaude por lo dulce que puedo ser, un pulitzer para mi mismo urgente).
Lo que significa es que las cosas cambian. No puedo ir y detenerlas porque a mi se me canta, porque eso también demostraría involución y mucho peor aun, estupidez. Hay que entender eso. La vida no para, nosotros tampoco.
Sin embargo...
De todos estos cambios que vinieron después de la muerte de papá, hay uno sólo que me gustaría que vuelva a ser como antes. Sólo uno. Mamá.
Ella nunca se casó, ni se puso de novia, ni siquiera salió con algún hombre. Ni siquiera le tiró onda al tipo que nos vino a poner el cable. Siempre pensé que era por nosotros, por mi hermana y por mí, y en cierta forma lo fue, pero es hora que ella empiece a buscarse a alguien con quien estar. Antes estaba acompañada, ahora también lo debe estar. Por eso, el otro día me acerqué al bar de su amiga Betty. ¿Por qué? Betty se puso de novia hace poco. Mamá dijo que el tipo era buena gente y esas cosas que se dicen de los novios de las amigas cuando ellos les caen bien. Por eso, con todo el valor del mundo me acerqué al bar que tienen los hijos de Betty para hacerle a ella una simple pregunta: ¿Tenés a alguien para presentarle a mi mamá?
Continuará...
Hacete fan de Victoria Rolanda: www.facebook.com/RevistaVictoriaRolanda
Follow us in twitter: www.twitter.com/victoriarolanda






























