Un novio para mi mamá

Mi nombre es  Gastón Suckerman y tengo una historia para contarles.

Ya pasaron tantos años con los que viví con un padre como los que no. Es increíble como pasa el tiempo. Hace 15 minutos estaba en el supermercado con él comprando esos cereales espantosos que no me acuerdo el nombre, y ahora soy un tipo barbudo y gordo que tuvo que aprender a afeitarse solo. Si existe un ángel de la guarda es obvio es mi papa, porque si no, no me explico como sólo tengo una sola cicatriz en la cara (y bien tapada por el pelo).

La cosa es que papá lleva muerto varios años y en todo este tiempo cambiaron mucho las cosas. Supongo que ya se imaginarán cuanto, o sea, de ser un nene cachetón y simpático a un nerd escribe-blogs hay un abismo de distancia con el cual se puede rellenar la imaginación de un mundo entero, pero aun así es importante enumerar algunos cambios.

1- Cuando papá vivía yo quería ser inventor. No sabía bien que significaba ser inventor a los 9 años, como tampoco lo sé ahora. Lo importante es que dejé de pensar en eso cuando ingresé al Huergo. Después de comprender cómo y por qué funciona un ventilador, dejé de pensar en convertirme en un Einstein mejor peinado (aunque Einstein no tuviera un carajo que ver con los ventiladores y mucho menos conmigo y mi elegancia). Ahí pasé a imaginar mi futuro como escritor.

2- Yo era hincha de River. Papá también lo era. ¡PUM! Papá murió, murieron mis domingos en el Monumental. Ok, ¿se puede ser hincha sin ir a la cancha? Por supuesto, el problema fue el tío Chiche, que no tuvo mejor idea que llevarme todos los fines de semana a ver a Velez. ¿Saben que fue lo peor? Justo ese año salieron (¿salimos?) campeones y el tío me tomó como cábala para siempre. PARA SIEMPRE. Casi repito cuarto año por un partido de mierda. Sé que mi papá jamás me hubiera imaginado siendo la cábala de mi tío. Pero la vida te lleva por caminos sorprendentes (¿?)

3- Viaje en avión. Ya sé. No es el cambio más esperado por nadie, pero papá siempre decía que algún día nos iba a llevar a viajar en avión. ¿Con qué plata? No sé. ¿A dónde? Menos. Pero esas caras que ponía cuando nos contaba aquella vez que voló al sur siempre me quedaron en la cabeza. Abría la boca mas de lo normal, los ojos parecían desorbitarse, los brazos los extendía un metro mas de lo que medían. Pero no fue con él mi primer viaje. Cuando subí a ese avión fuimos a Chubut o Río Negro (No me acuerdo, vimos ballenas, qué sé yo), me acordé de papa y esa promesa no fue incumplida, porque él estaba con nosotros ahí arriba cuidándonos (acá seguro la gente me aplaude por lo dulce que puedo ser, un pulitzer para mi mismo urgente).

Lo que significa es que las cosas cambian. No puedo ir y detenerlas porque a mi se me canta, porque eso también demostraría involución y mucho peor aun, estupidez. Hay que entender eso. La vida no para, nosotros tampoco.

Sin embargo...

De todos estos cambios que vinieron después de la muerte de papá, hay uno sólo que me gustaría que vuelva a ser como antes. Sólo uno.     Mamá.

Ella nunca se casó, ni se puso de novia, ni siquiera salió con algún hombre. Ni siquiera le tiró onda al tipo que nos vino a poner el cable. Siempre pensé que era por nosotros, por mi hermana y por mí, y en cierta forma lo fue, pero es hora que ella empiece a buscarse a alguien con quien estar. Antes estaba acompañada, ahora también lo debe estar. Por eso, el otro día me acerqué al bar de su amiga Betty. ¿Por qué? Betty se puso de novia hace poco. Mamá dijo que el tipo era buena gente y esas cosas que se dicen de los novios de las amigas cuando ellos les caen bien. Por eso, con todo el valor del mundo me acerqué al bar  que tienen los hijos de Betty para hacerle a ella una simple pregunta: ¿Tenés a alguien para presentarle a mi mamá?

Continuará...

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El hombre que amaba a las mujeres

Contará la leyenda que una vez existió un hombre que entendió a las mujeres. Es así. Los hombres se vuelven mitos  cuando protagonizan leyendas que nos obligan a ofrendas y rituales. ¡Y el ritual se repitió tantas veces! Las ofrendas en formas de bombachas y corpiños fueron numerosas. ¿Pero por qué él? ¿Por qué el mito? ¿Por qué, Sandro?

¡Dame el fuego, dame dame el fuego!
¡Dame el fuego, dame dame el fuego!
¡Dame el fuego de tu amor!

Sus primeras seguidoras han sido nuestras madres y nuestras tías. Sandro durante sus shows les hablaba de deseo, de pasión, de albergues transitorios… Él les hablaba de SEXO a estas mujeres, criadas en la creencia de que el sexo es pecaminoso y sólo permitido para la procreación o  para satisfacer al marido. Recibía entonces, en su celebración litúrgica, alaridos de agradecimiento junto con una lluvia copiosa de ropa interior, cuando él murmuraba: "Soy gemido de un amor profundo que por ti muriendo va.." Se trata de una generación  de mujeres que conocemos mucho pero es tan diferente a la nuestra. Con dulzura y complicidad, el pícaro Sandro les daba nada más, y NADA MENOS, que permiso para gozar de su sexualidad.

Las de treinta y pico, en cambio, crecimos entreteniéndonos con sus películas que sistemáticamente se repetían en la pantalla de canal 13 todos los domingos. En nuestro imaginario, Sandro, a través de sus personajes, es el galán –deseado y picaflor- que sucumbe  al amor de una mujer especial que la vida le tenía destinada. Sus personajes son hombres que no histeriquean (especimen exinto en nuestro tiempo), que no tienen dudas, que se enamoran y que no sólo no huyen despavoridos, sino que le cantan felices a esa mujer.

Tu boca, sensual y peligrosa
Tus manos, la dulzura son
Tu aliento, fatal fuego lento
que quema mis ansias y mi corazón
Te quiero, y ya nada importa
La vida lo ha dictado así
Si quieres yo te doy el mundo
pero no me pidas que no te ame así

Entonces, Sandro logró la comunión de generaciones de mujeres. Juntas, alabando al Mito. Y es bien sabido que no hay nada que nos guste tanto a las mujeres como juntarnos, a hablar y  a celebrar.

Pero esto no termina aquí. Además, al gitano le gustaban gorditas. ¡Sí! Romances ocultos con María Martha Serra Lima, así como también con Alicia Bruzzo en sus épocas de mayor robustez. Él, que era exitoso y rico, no elegía exhibirse en revistas del corazón con modelos jóvenes y anoréxicas, sino que  se babeaba privadamente por mujeres de carácter y PESO. De carne y hueso fueron sus mujeres y sus fans. ¡Qué alivio un hombre que abrace feliz las curvas femeninas!

En qué  ha de concluir
el drama singular
que existe entre los dos
tratando simular
tan sólo una amistad
mientras en realidad
se agita la pasión
que muerde el corazón
y que obliga callar
yo te amo... yo te amo...

Roberto Sánchez se jugó  por amor, y arrebatado confesó sus sentimientos a la que fuera su última mujer y única esposa. Antes supo compartir días de su vida con la mujer que había cuidado de él y de su madre, y siempre disfrutaba el especial día de su cumpleaños con cada una de sus fans a quienes recibía religiosamente en su casa para que lo saluden.  Una celebración agradecida e inclusiva. ¡Tantos imitadores y ningún “artista” o “mediático” lo copió en un buen ejemplo!

Noche de noches pasadas,
cuando tu amor yo tenía...
si hay una ley sobre amores,
te juro no lo sabía.

Una ley de amores viejos
que destruyó  corazones,
para un amor como el mío,
no existen ley ni razones.

Pero ante tanta ignorancia,
Dios justo me ha sentenciado,
habrá  una ley sobre amores...
porque soy un condenado.

Está condenado este hombre al mito, a la leyenda y a nuestra lealtad eterna. Nos amó y celebró tal como somos. Celebró nuestro sexo, nuestras curvas, nuestro amor caritativo. Gracias por habernos amado así….

Así como una rosa desecha por el viento
así como una hoja reseca por el sol
así como se arroja de costado un papel viejo
así mi alma tu imagen arrojó.

Más hoy que estoy tan solo
y tan cansado de llorar
quiero saber si tu querrías regresar
junto a mi lado para amarnos otra vez

Te voy a extrañar.

Simona Fernández

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¡Ay, ellas!

Se dice que los hombres piensan en sexo cada 52 segundos. ¿Y las mujeres?

El próximo 8 de marzo a las 21 hs en The Cavern Club del Paseo La Plaza, se presenta “¡Ay, Ellas!”, un espectáculo ideal para ir con las amigas en el día de la mujer. Y por supuesto,  los hombres también son bienvenidos para sacarse todas las dudas que pudieron tener alguna vez.


Malena Pichot (la loca de mierda)
Malena Guinzburg
Dalia Gutmann
Alejandra Bavera
Verónica Lorca 
Nora Schiavoni.


Valor de la entrada: $20.-

Paseo la Plaza (Av. Corrientes 1660)


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Sombreritus, sombreritus

Les presento un hallazgo que nos permite estar a la moda con muy poco dinero, pero que, con un poco de imaginación, nos ofrece muchas variantes. Puede ser tanto para Victoria o para Rolanda, según los colores y complementos que usemos para realzarlo.
Por Josefina De Rosa
Cuando uno realiza compras siempre trata de obtener el mejor resultado. Una de las variables para medir el cumplimiento de expectativas son las 3B: Bueno, bonito, barato. Si logramos cubrirlas, el éxito estuvo asegurado.

Foto 1- Tulmas compradas en Jujuy. 2- Pañuelo de Isadora. con aplique de flores Kalahari 3- Pañuelo de Todo moda. 4- Pañuelo símil seda de Isadora. 
Además, siempre que hacemos una especial adquisición tratamos de que cumpla varias funciones, quizá en el afán de justificar el gasto. Siempre es mejor que la prenda adquirida pueda ser utilizadas en muchas ocasiones, sirva para día y noche, o que sea un básico que con algunos accesorios cambie completamente. Acá les presento mi nuevo compañero de aventuras (sobre todo vacacionales), que además de cumplir las 3B desempeña los papeles de estar a la moda, protegerme del sol y estar siempre combinada multiplicando las variantes para poder utilizarlo siempre sin repetirlo del todo.

Mi nuevo sombrerito. Hacía rato quería tener uno, ya que, además de encantarme, es una forma chic de protegerme del sol… mirando y mirando, los precios no llegaban a satisfacerme, y con tantos gastos (previos a las vacaciones) siempre decidía posponer la compra, hasta que posé mis ojos en las mantas de los vendedores ambulantes de la calle Florida (otra gran clave, mirar todo, entrar a cada local, las oportunidades aparecen sólo cuando se las busca). Me tomé 1 minuto y enfoqué la vista en uno en especial. La vendedora enseguida me lo acercó, junto a un espejito y el resultado fue genial! ¿El precio? $15, mucho mejor.

Color neutro y apto para la ciudad, la playa o un día de club. El broche de oro es lo flexible que es para ir cambiándolo según la ocasión y así estar espléndida en cada momento. ¿Cómo? Usándolo solo, con pañuelos de diferentes colores y estampados y, por qué no, cintas, apliques o lo que veamos dando vuelta en casa, como pueden ver en los ejemplos de las fotos en donde el toque diferente lo dan unas tulmas que aportan el estilo étnico tan en boga.

¿Qué esperan ustedes para tener el suyo?





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Nuestra ganadora


Finalizó nuestro sorteo de San Valentín.

Josefina Blanco participó y  fue la ganadora de la cena en Taj Mahal, el increíble restaurante hindú de Palermo.

Taj Mahal, Cocina de la India


¡Felicidades, Josefina!

Esperamos que disfrutes de los sabores exóticos de la India junto a tu enamorado.
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Mi cita ideal, por Josefina Blanco

Hola, soy Josefina. Hace 9 años que estoy casada y tengo dos hijos. Me encantaría ganar la cena de San Valentín con mi marido ya que estamos más pobres que los Ingalls.

Mi cita ideal seria eso: una cita. Me encantaría arreglar el horario de encuentro con mi galán y  hacer como hacíamos antes, cuando estabamos de novios. Yo, por mi parte, ir Divina y para Él. Sintiendo ese cosquilleo de mariposas mientras me preparo, imaginando como será. Encontrarnos y sentir su mirada sobre mí como cuando recién nos conocimos y verlo como si fuera la primera vez.

Tomar unos cóctels y luego ir a comer. Desearía que el lugar tenga luz tenue. Lo suficiente como para ver y una buena música que nos permita hablar. Compartir un postre y después salir a caminar por la calle en silencio para disfrutar  tener a mi lado a la persona que amo.

Lo demás viene sólo si estamos con quien deseamos.

¡Feliz San Valentín, mi amor!



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Amor de fan

Margarita González lleva adelante el blog más completo sobre Cacho Castaña. Es rosarina, estudiante de Hotelería, tiene 24 años y se define como una verdadera fanática de Cacho.

Durante la semana nos dio una entrevista para Victoria Rolanda.



¿Cuándo empezaste a admirar a Cacho?

De pura casualidad. Me acuerdo que fue un sábado que estaba en casa, totalmente aburrida, buscando en Internet la letra de un tema del grupo Reik y me apareció en la pantalla la letra del tema "Yo, si vuelvo a nacer" de Cacho. La leí y me encantó, y como estaba tan tan aburrida me dije para mí misma, "¿a ver que canta este viejito?" jaja.. y seguí buscando temas de él. Cada tema me gustaba más que el anterior, y cuando lo escuchaba era más lindo todavía...

¿Qué significa Cacho en tu vida?

Es dificil, muy dificil de explicar... Creo que esto que siento por Cacho Castaña no se entiende, se siente, y sólo la gente que siente lo mismo que yo puede saber... Cacho dice, "a las minas les gustan los tipos atorrantes". Entonces, si me tengo que dejar llevar por lo que Cacho dice, me gusta porque es un atorrante, jeje.


¿Qué fue lo que te motivó a abrir el blog?
Cuando alguien me pregunta por el blog, siempre digo lo mismo: no lo hago para Cacho Castaña, ni por Cacho Castaña, sino que lo considero simplemente un espacio para todas/os las/os fans de "El matador". Me motivó a hacerlo porque yo, como fanática, veía que no había un lugar donde encontrar información. Entonces me dije, "¿por qué no hacerlo yo y ver que pasa?" Bueh.. y así surgió este espacio donde se puede encontrar info de Cacho sin tener que andar navegando por todos los sitios de internet tratando de conseguir algo...

¿Qué satisfacciones te trae realizar el blog?
La mejor de todas, y eso no la cambio por ninguna, es que gracias a él conocí personas increíbles que hoy considero mis amigas... Y el reconocimiento de gente que nunca pense que podría llegar a conocerlo, por ejemplo los músicos de Cacho...


Contanos cómo lograste tu primera foto con tu ídolo.

Fue en Entre Ríos, en agosto de 2007. Cacho cantaba a las 23 hs en Casino Victoria y como era por orden de llegada ¡yo llegué 10 horas antes para conseguir primera fila!

Cuando terminó el show nos quedamos varias fanáticas en el mismo lugar para esperarlo, pero una persona de seguridad salió para decirnos que Cacho estaba muy cansado y que no se iba a sacar foto con nadie. La gente se empezó a ir. Pasó más de una hora y yo seguía ahí parada esperando. Entonces salió nuevamente este señor a decirme lo mismo y yo no pude contener mis lagrimas y largué el llanto.

Un chico que trabajaba en el Casino me dijo, "andá a la parrilla de enfrente que Cacho va a ir a cenar ahí". Al principio lo miré con desconfianza, pero después me dije, "el que no arriesga no gana" y efectivamente, me fui hasta la parrilla.

Lo esperé y 10 minutos más tarde baja de una camioneta negra envolviéndose la cara con una bufanda escocesa y entra al lugar... lo veo y sigo llorando porque no podia creer tenerlo tan cerca. Él me decía, "no llores porque lloro con vos". Me preguntó de dónde era y le dije que soy de Rosario. Entonces él no dudó en decirme, "ahh, bueno... el mes que viene voy a cantar a Rosario". Yo, contenta, no lo podia creer y le dije que lo iba a ir a ver.

Me saqué la foto, me dió su autografo y volví a Rosario como si en mi bolso, en vez de llevar la cámara donde tenía "LA" foto y el autógrafo, llevara una fortuna que me había ganado en el casino, ¡¡¡¡FELIZ, FELIZ!!!!

¿Cómo definirías a las mujeres que admiran a Cacho? ¿Qué significa ser su fan?

Las mujeres que seguimos a Cacho considero que estamos todas mal, no estamos bien de la cabeza, jeje... Nos creemos todo lo que Cacho dice o hace en el escenario y salimos de cada show pensando "¿será verdad todo lo que dice o hace?". Y también nos quedamos pensando días y días en el recital que pasó, para luego, una vez que se nos fue de la cabeza ese recital, pensar ¿cuál será el otro al que podré ir?". En fin, si no es por una cosa o por la otra, siempre pensamos en Cacho Castaña

En mi caso en particular, que no sé si es el mismo en todas las fanáticas, significa dedicarle mucho tiempo a Cacho. En mi caso a lo mejor más del "normal" porque en el blog tengo que subir todas las noticias, recitales, etc., así que tengo que estar informada... Pero supongo que ser fanática de Cacho es conocerlo bien como artista, sus temas, su vida, su trayectoria, todo.

¿Cuál es tu canción preferida de Cacho? ¿Por qué?

Uh, esta pregunta es la más complicada. No tengo una preferida. Hasta hace tiempo era "Y apareciste tú", simplemente por el hecho de que Cacho en los recitales, antes de cantarla, decía "ésta es la cancion que ponían en Por amor a vos cuando Beto y Margarita se franeleaban" (sólo porque decía Margarita era mi preferida).

¿Ves por qué te digo que no estamos bien de la cabeza?, jeje. Ahora no, no tengo ninguna... ¡¡¡¡ME GUSTAN TODAS!!!!

¿Viaje con amigas o vacaciones románticas?

Y... ya que estamos en el especial de San Valentín, vacaciones románticas.

¿Bombones o flores?

Lo dulce no me gusta, así que me quedo con las flores.

¿Súper cartera multiuso o Mini cartera elegante?

Súper cartera multiuso.

¿Victoria o Rolanda?

Soy una mezcla de ambas. De Victoria tengo lo RESPONSABLE y SENSIBLE y de Rolanda lo REBELDE e INTELECTUAL, pero no académica.


Entrevista: Eugenia Rombolá

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La moda se viste de luto


Murió Alexander McQueen, uno de los diseñadores más visionarios y extravagantes de la última década.


 Por Cécile 

El día jueves 11 de febrero, Alexander McQueen fue hallado muerto en su departamento de Londres. Se conoce que este hecho trágico y conmovedor para el mundo de la moda se trató de un suicidio. El famoso  diseñador llevaba a cuestas el dolor por el fallecimiento de su madre una semana atrás y el suicidio de una íntima amiga hace tres años.

Más allá de los detalles del incidente, la enorme pérdida merece reconocer a quien fuera el propulsor de una estética mezcla de osadía, oscuridad y fineza, destacada por una afilada sastrería.

Su incursión en la moda comenzó a los tan sólo 16 años, cuando ya trabajaba con sastres y aprendía las artes del oficio. Luego, su experiencia se enriqueció junto a diseñadores de vestuario, período en el que llegó a dominar la moldería de trajes del siglo XVI. Estos primeros pasos fueron fundamentales para desarrollar su estilo personal de diseño.

Su camino continuó trabajando para diseñadores de moda y estudiando en el famoso St. Martins College of Arts and Design. La colección que coronó su título de grado fue comprada íntegramente por la excéntrica estilista de moda británica Isabella Blow (quien se convertiría en la amiga que décadas más tarde se suicidaría). 

Ese hecho marcó su lanzamiento a la fama, el inicio de su propia marca y la sucesión de John Galliano en Givenchy por unos años. De allí en más se abrió todo un mundo de pasarelas, flashes y reconocimiento para el diseñador de prendas, calzado y accesorios. En múltiples oportunidades, tanto a nivel nacional como internacional, fue premiado por sus colecciones y como mejor diseñador del año.

Alexander McQueen será recordado por sus diseños altamente dramáticos que emanan una sensibilidad gótica y muy femenina, sus cortes angulares y agresivos que denotan una impecable sastrería de alta costura, y sus espectaculares desfiles que combinaron la crudeza temática con un gran poder emocional. 

No muchas más palabras (desbordan las imágenes) para quien supo dejarnos un legado “histriónico”  y sensible que contrasta tradición y modernidad.


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El príncipe azul destiñe

Los estereotipos del amor rosa, los hombres súper potentes y las mujeres siempre dispuestas y felices han marcado las sendas de las relaciones de los últimos 500 años. ¿Pueden acaso los cambios profundos del rol de la mujer modificar y romper con las ideas de amores perfectos y románticos? La realidad nos llama a la reflexión sobre el amor idílico y el amor posible.

Por Carolina Grillo

De chica miraba novelas con mi abuela. Las preferidas de ella eran las de Andrea Del Boca. Tendría yo 8 años cuando “Estrellita mía” llegó a mi vida. Andrea era Estrellita, una dulce campesina, buena, inocente, aria y sobre todo virgen. Muy virgen. Estrella trabajaba como mucama en la casa de un jovencísimo y poco talentoso Ricardo Darín que era un multimillonario casado con una malvada mujer que para colmo de males estaba en silla de ruedas y amenazaba con matarse si él la dejaba.

Previsiblemente, el millonario y la virgen se enamoran y la novela trascurre entre hijos robados, malvadas asesinas y abnegación. Es el amor casto, rosa y sufriente de Andrea el que se sostiene a lo largo de la trama hasta el final feliz.

No sé bien qué es lo que tenía “Estrellita mía” que quedó tan grabada en mí,. Intuyo que fue mi primera aproximación a los estereotipos del amor. La buena, el príncipe noble y galán, la malvada y fea esposa, el amor que siempre triunfa. Imaginarios que pueblan ,sin que nos demos cuenta, muchas de nuestras historias de amor. O de desamor, diría yo.

En la Edad Media, el amor concebido en pos de la doctrina eclesiástica, situaba a las mujeres en un espacio secular con respecto a sus maridos. Después de Dios, debían ellas adorar a sus esposos y a todo lo que proviniera de ellos. Él era por definición la figura central del universo de la mujer casada1. Nos dice Santo Tomás de Aquino que el esposo debe ser el más amado dentro de la pareja, dado que está dotado de una racionalidad mayor y que eso lo hace mucho más virtuoso que su mujer.

500 años después, una tarde cualquiera, Andrea y su Estrellita me hacían creer lo mismo. Mi abuela sonreía silenciosa a mi lado.

La concepción del amor rosa, idílico y principesco acompañó a todas las mujeres del siglo XX. Mi abuela frustró sus inquietudes en pos del “deber ser” de los años 50, mi madre, pastillas anticonceptivas de por medio retrasó su maternidad hasta los veintipico en pos de intentar alcanzar el “American dream” imperante entonces. Ambas acompañadas de príncipes azules que ya tiraban a un celeste descolorido.

Las de mi generación, o muchas de ellas, hijas de fines de los 70, adolescentes de los implacables e irrisorios 90’s y mujeres tardías del 2000, encontramos la situación del amor bastante más revuelta. Andrea ya no espera por el amor de príncipes azules. En cambio acusa a su ex de golpeador y da consejos sobre prevención del HIV por TV.

En medio de este desatino de estereotipos y lugares comunes caídos, muchas de nosotras intentamos encontrar nuestro lugar como mujeres, sosteniendo nuestras ideas, buscando pagar nuestras cuentas, intentando esquivar o no, la presión de tener el pelo lindo, la casa prolija y los kilos justos. La “chica Almodóvar” que no fuimos se pelea todo el tiempo con la “Susanita” que no quisimos ser.

Entre tanto revoltijo, el amor se vuelve algo complejo. La soledad parece la salida más sencilla para unas heroínas sin ganas de pelear. El príncipe azul no viene a caballo, a veces apenas puede pagar un taxi, está conflictuado, expuesto, agobiado. Igual que nosotras.

San Valentín fue un obispo que casaba parejas supuestamente “prohibidas”, que se revelaban contra ciertos mandatos de la Edad Media y apostaban a otra idea de amor. Hoy se reduce a una absurda postal y al comercio de miles de flores.

El amor de estos tiempos nos trae príncipes azules desteñidos, y pensándolo bien, eso es una suerte. Si ellos destiñen nosotras no estamos obligadas a ser princesas. Quizás el amor entre simples mortales, oscuros y multicolores a la vez, sea más posible, o al menos más autentico.



1 Duby G., Historia de las Mujeres. “La edad Media”. Buenos Aires 2000, Taurus, pp 154.


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¿Cómo prepararse para una cita hot?


Sí, sí, ésta es la típica nota llena de tips que abunda en las revistas femeninas. Pero si de todos los tips, hay alguno que te sirve para sentirte más sexy en tu cita, entonces cumplí mi cometido.

Lo primero que tenemos que repetirnos como un mantra es que el otro nos va a ver lindas cuando nosotras nos veamos lindas. Eso es así. Les juro. ¿Vieron esas mujeres de las que nos reimos porque teniendo varios kilos de más se ponen remeras cortitas o polleras bancas y ajustadas que les quedan horribles? Aunque nosotras nos riamos, esa seguridad y felicidad que portan esas afortunadas es mucho más atractiva que una mina super linda pero acomplejada con su cuerpo.

Entonces a la pregunta ¿qué me pongo para la cita? les respondo: ponete algo con lo que te sientas cómoda. No “cómoda” como para ir al gimnasio. Quiero decir que no te pongas algo que se ve divino parada metiendo la panza adelante del espejo pero que si te sentás en un sillón te querés matar. O algo que te queda bárbaro de frente pero no de costado y vas a estar todo el tiempo pendiente de que no te vea de costado, o esas cosas.

Por otro lado, aunque creo que todos los hombres son diferentes, es cierto que son todos más o menos iguales en una cosa: cuanta más carne muestres mejor. Dejo para otras secciones los consejos sobre cómo hacer que te tome en serio y se case con vos, pero si lo querés calentar creeme que un buen escote o una pollera super corta (¡o ambos!) es la mejor opción. Dejá ese vestido de diseñador divino y por la rodilla para salir con tus amigas que seguro lo van a apreciar más.

Otro tip: por alguna extraña razón el rojo furioso en la ropa los atrae hacia vos como el toro al torero. Ojo: tené cuidado de que tu cita no sea fanático de Racing porque podés tener el efecto contrario.

Tips para prepararte para una noche (o mañana, o tarde) hot:

  1. Pensá que sos el plato principal: En realidad no importa tanto lo que hagas como que le dediques tiempo. ¿Viste cuando cocinás algo que te lleva 3 horas y muchos ingredientes distintos? Seguro que cuando lo servís estás super convencida de que todos se van a chupar los dedos por el tiempo y dedicación que le pusiste. Dedicate todo el tiempo que quieras y consideralo una inversión.




  2. Las citas son como los viajes: se disfrutan durante, pero también después y muchísimo antes (cuando lo planeás). Pensá en todas las cosas que te dan ganas de hacer y que te haga cuando lleguen a la cama. Imaginá cosas muy específicas que querés que pasen (o que vuelvan a pasar). Mientras más fantasees antes más te vas a mojar cuando llegue el momento y eso siempre suma.




  3. Masturbate: Sobre todo si hace mucho que no cogés, así no llegás desesperada. La desesperación nunca es sexy y hace que te pierdas el juego previo que es lo mejor del mundo. Además tener un orgasmo hace que la piel esté más brillosa, te va a poner de buen humor y vas a sentir que estás en control de tu sexualidad. Eso también es sexy. Para las más osadas: no se laven mucho las manos después de tocarse. Durante la cena pueden olerse los dedos y acordarse de su tarde de amor con ustedes mismas. Lubricación instantánea. Para las super osadas: en algún momento estratégico de la noche denle los dedos para que los huela él y diganle que estaban pensando en él mientras se tocaban. Infalible.De paso les recomiendo un juego muy divertido de un gel íntimo apto para gente sexualmente activa.




  4. Depilación: Aunque en mi experiencia siempre nos importa más a nosotras que a ellos, les recomiendo depilación rigurosa por varios motivos. El primero es que todas sabemos que no estamos del todo cómodas si no estamos bien depiladas. El segundo es que hay más de un fetichista de las axilas al que no le va a gustar que pinche mientras pasa la lengua. La tira de cola: un must. Un papelón tener esa zona toda peluda. El cavado: como te guste siempre y cuando no sea un bosque, un poco de tijeretazo adelante siempre viene bien.
Acordate de que no es tan importante que los pelos no se vean como que no se sientan. Esto es para las que se afeitan: toquense las piernas a contrapelo y asegúrense de que no pinchen. Nada menos sexy que eso.
  1. Crema: Para muchos hombres –aunque usted no lo crea- es muy importante la piel. Y no hablo de la química. Les encanta tocarte y que estés super suavecita. Siempre ponete crema en todo el cuerpo antes de una cita. Podés aprovechar y ponerte una crema que además tenga rico perfume. Ellos no lo saben, pero eso les encanta. Creen que es tu olor natural y que sos lo más.




  2. Higiene personal: Es obvio que te tenés que bañar, ¿no? No se rían pero tengo más de una amiga a la que hay que recordárselo. Pero no te pases de limpia: no está bueno que te chupen la concha y tenga gusto a jabón. El jabón común suele ser difícil de sacar del todo. Además te puede irritar porque tiene perfume. Yo recomiendo lavarse esas partes con jabón blanco (sí, el de lavar la ropa) o con jabón de glicerina neutro sin perfume. Y no se olviden de meterse un dedito con jabón el culo para que esté super limpio. Es incómodo pero necesario.




  3. El dilema Bridgette Jones: ¿me pongo la tanguita mínima que es genial para cuando me saque la ropa o la bombacha enorme que me sostiene la panza y hace que me quede mejor el vestido? ¡Tengo la respuesta! Te ponés la bombacha enorme para el principio de la cita, total el plano general te lo va a hacer ahí y va a ver que estás divina. Después, cuando estés por terminar de cenar te vas al baño con la tanguita en la cartera y te cambiás la bombacha. Lo mismo cuenta para el corpiño con push up pero que es horrible y duro para tocar.




  4. Momentos privados: Como decía al principio, lo importante es que te mimes y te dediques tiempo. Cualquier cosa que te guste hacer y te haga sentir bien vale. Ir a hacerte las uñas, darte un baño de inmersión son sales y escuchando tu música preferida, bailar como loca en bolas por la casa, probarte toda tu ropa y hacer combinaciones ridículas. Lo que quieras. Eso sí: dejate tiempo suficiente para la última parte de vestirte peinarte y maquillarte porque si lo hacés a los apurones vas a llegar medio nerviosa a la cita.


Con todos estos tips ya estás lista para estar super relajada durante tu cita hot, así que, como me dice siempre una amiga....que te la pasen bien.

Espero que me cuenten cómo les fue,


Amy








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La fiesta



Por supuesto que fuimos a la fiesta. Me puse pollera de jean y una remera bastante fea que mi hermana consideró que no le molestaría prestarme. La hermana de Luciana, más caritativa que la mía, ofreció maquillarnos. Recordemos que yo era una inexperta en cuestión de preparativos femeninos. Si quieren ponerlo en formato de película sería el personaje de la anteojuda con el pelo atado y mochila gigantota que se desplaza con torpeza a lo largo de todo el film.


Llegamos temprano y conseguimos pasar cuando todavía estaban los familiares de los egresados retirándose. Nos sentamos a conversar en una escalerita que desembocaba en la pista de baile. Cuando de pronto lo vi. Bailando sin ritmo, con una corbata de los looney tones y zapatillas Topper sucias, combinadas con un traje un talle más grande.

Presionada por la insistencia de Luciana me decidí a hablarle. Arregle mi flequillo con la hebillita, pensé en lo linda que tenía que estar maquillada y me dirigí hacia él.

No creo que la palabra sea nefasta, tampoco creo que sea angustia. Pero sí creo que la palabra que puede definir lo que sentí, en el momento en que vi que su novia le agarraba la mano para bailar juntos, se asemeja a la palabra dolor.

En toda mi preparación mental para decidirme a ir no había reparado en esa posibilidad.

- ¿Querés una copa de champagne?... Es gratis.

La fantasía del hada madrina parecía haber reencarnado en esa moza. Tomé la copa y la bebí de un tirón, mirando fijo la escena de los novios danzantes.

Luego, las demás vinieron por decantación. Una atrás de la otra, no sabía si era vino, champagne, frizze para niños o fernet. Lo único que me importaba era apaciguar el dolor y el alcohol parecía ayudarme.

Indefectiblemente si las cosas pueden empeorar, entonces empeoran. Después de tanta ingesta consecutiva de alcohol me caí literalmente. Fue la clase de caída en la que la nuca produce un fuerte ruido en su choque contra el piso.

No lloraba, estaba indignada conmigo por ser tan estúpida de creer que algo distinto podía pasar. No existen las princesas y yo no era la tímida de la escuela devenida en estrella porque se soltó el pelo y se quitó los anteojos. Yo era yo, y ni siquiera estaba muy segura de lo que eso significaba.

La música se volvió un sonido distante, opaco y mis ojos se fijaron en la bola de boliche que giraba encima de mí. Pensaba que mi vida siempre iba a ser ese intento, esa búsqueda que sólo concluye en un fracaso. Luciana me despabiló ayudándome a reincorporarme. Me quedé sentada en un sillón, mientras ella conversaba con unos amigos. De pronto me vi y me sentí tan ridícula que no pude contener la risa.

-¿Qué es tan gracioso?

Me dijo un chico que me resultaba familiar, aunque estaba segura de no haberlo visto antes.

-Yo, yo soy graciosa. ¿No me ves?

-No veo nada gracioso en vos.

-Eso es porque no ves bien, mirame. Tirada en un sillón sola, con la teta izquierda mojada con cerveza, ¿no te parece eso gracioso?

-Es que no te había visto la remera.

El extraño y yo nos miramos un segundo en silencio y estallamos de la risa.

-¿Quién es?

-¿Quién es qué?

-El pibe por él que estás tomando tanto.

-¡Ja! siempre es por un chico, ¿no? Uno que no me quiere pero que sí parece querer mucho a su novia.

-Ouch.

-Sí, ouch. Pero es así ¿no? No todos tenemos lo que queremos.

-Es verdad...esa frase merece un brindis, esperame acá. No te vayas.

El problema no fue esperarlo, el problema tampoco fue que no supiera siquiera su nombre, el problema es que cuando las cosas parecen mejorar siempre viene un ventarrón que nos coloca de nuevo en el lugar de partida:

-¿Cómo estas Clari? Te estaba buscando por todas partes. Quería hablar con vos.

-Hola, Juan Martín.

Continuará…

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¡Socorro! Llegó San Valentín

¿Qué es esto de estar obligados una vez al año a tener una cita? ¿A mirarnos a los ojos como bobos y a comer chocolates en cajas con formas de corazón mientras hacemos listas de nombres para los hijos que probablemente nunca tengamos? ¿Por qué no hay otra festividad antagónica de Santa Atenea dónde nos juntamos ese día con toda la gente a la que le tenemos bronca? Socorro. Llegó San Valentín.
Por Mariana Levy

Soy de las que veo conspiraciones capitalistas en donde sea. Es algo que me habrá quedado de la epoca de estudiante de Puán de extrema izquierda. Por eso voy a intentar convencerlos de que San Valentín es nocivo y hace mal a la salud. Y no voy a ser tan previsible como para hablar solo de los que están sin pareja. Esta festividad es sobre todo dañina para los que están comprometidos románticamente.

Todos sabemos que los “Días de...” son, han sido y serán un factor de angustia. De hecho, en muchos colegios cambiaron la celebración del día del padre y de la madre por el más neutral “Día de la familia”. Por fin  se tiene en cuenta que no todos los nenes tienen mamá y papá, así, como que ese retrato de la familia tipo es un mito. Lo mismo pasa con  San  Valentín. Acercándonos más a la edad de nuestras posibles lectoras... ¿no están hartas de que los 365 del año tías, madres, padres, hermanos y hermanas les digan “¿para cuándo?”. Cada vez se hace más predecible escuchar un “quiero ser tía/abuela/abuelo”, “¿por qué no te conformás con el primero que pasa?, "Vos sos demasiado perfeccionista, ¡si el último hasta se bañaba!”, “Mirala a la hija de mi amiga Laura, por dar tantas vueltas terminó soltera y seguro que se va a morir sola”? 

Digo: las que estamos solteras REALMENTE no necesitamos un recordatorio de nuestra condición. O la pareja que te mira con lástima desde la mesa de al lado porque un domingo se te ocurrió que no querías cocinar y te fuiste a almorzar sola. Entonces: están de más lo carteles sobre lo lindo que es el amor, las vidrieras forradas en terciopelo rojo y los informes en los diarios sobre los efectos beneficiosos que el amor trae a nuestro cuerpo.

Sin ir más lejos, en la muy buena serie “Ciega a citas” se refleja con mucho humor a dónde puede llegar una por la presión desmesurada de  tener que encontrar una pareja como sea. Y sé que más de una se empieza a desesperar alrededor de Noviembre mientras imagina que si no encuentra a alguien rápido no va a tener con quién cenar el 14 de febrero. Una vez más.

Pero pasemos al otro bando: las emparejadas. Ok, digamos que estás saliendo con alguien. Están bien, se quieren, se acompañan. Es tu novio, tu compañero, tu futuro marido, el padre de tu hijo, quién sea que te acompaña en este tránsito. ¿Realmente querés que te vengan a decir qué día tenés que salir a festejar tu amor?  ¿Sos de las que te agrada que te digan cuál es la manera correcta de celebrar ese amor?

Hoy en día, las maneras de relacionarse (¡por suerte!) son muchas, muy variadas y me parece que una de las cosas que más celebro de esta post modernidad líquida es que las reglas las pone cada pareja. Ya no hay más manuales que digan lo que está bien o lo que está mal en todos los casos. ¿Qué tal si estoy con alguien al que quiero mucho pero con el cual me sentiría ridícula cenando a la luz de las velas con un violinista atrás? ¿O si una pareja de hace mucho tiempo se obliga a ir a la estúpida cena y se siente mal porque ya no siente las mariposas en el estómago del enamoramiento de los primeros meses?

Soy una persona con la mente muy abierta y respeto al que genuinamente a quien quiera ir a cenar esta noche, decirse “cuchi cuchi cuuuuu” y reirse bobaliconamente. No respeto al que se obligue a hacerlo. Le sugiero que la va a pasar mejor quedándose en casa y mirando un dvd. San Valentín no es de mis fechas preferidas. Pero eso sí, si alguien me quiere invitar a tener una cita romántica, no me ofendo. Dejo mis datos en la redacción.

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Amor en el trabajo

¿Es posible encontrar el amor en el trabajo? Más allá de los encuentros ocasionales y los histeriqueos, ¿puede instalarse y crearse la posibilidad de encontrar una pareja entre las obligaciones y la rutina diaria? Una posible respuesta es la historia de esta pareja, la cual encontró en el ámbito laboral una razón para enamorarse y tomarse el subte de cada día con mariposas en la panza.

Por Josefina De Rosa

Todo ámbito laboral es una pequeña microsociedad en la cual las relaciones interpersonales se expresan en su máximo esplendor.

Convivimos con personas ajenas y cercanas a nuestras realidades, negociamos, realizamos intercambios, compartimos comidas y muchas veces momentos de relax. Afrontamos frustraciones, odiamos y reímos a carcajadas con nuestros compañeros diarios. Sobre todo si nuestro hábitat es una oficina de horarios rutinarios. Las caras se repiten y van adquiriendo cualidades, apodos. Vamos depositando en simples nombres y apellidos, emociones y prejuicios. Creamos amistades y, por supuesto, la intimidad va creciendo.

Histeriqueo no falta nunca y, cada tanto, en un happy hour o en la fiesta de fin de año descubrimos o formamos parte de un affaire. Pero mi pregunta es: ¿puede surgir el amor en el trabajo? Amor del que se puede proyectar, enamorarse y ser correspondido, llevar adelante un noviazgo compartido con deadlines y pendientes. ¿Qué pasa cuando las tareas se comparten? ¿Cómo afecta la rutina laboral a la pareja? ¿Actúan diferente durante las horas de trabajo?

Existen prejuicios y dudas sobre este tipo de relaciones y mi deseo es poder disiparlos, esta vez con un ejemplo empírico de una pareja que hace tres años se conocieron y desde hace dos años y medio están saliendo.

Marina y Lucho se conocieron cuando este último entró a trabajar al lugar donde ella se desempeñaba como recepcionista. El quedó flechado. Ella mucho no lo registró, o quizás, como toda mujer, se hizo un poco la interesante.

A partir de allí Lucho comenzó a actuar de la manera más visible posible para Marina. Se hizo muy amigo de su hermana, que también trabajaba con ellos, y le hablaba constantemente por messenger. Además, el pobre chico era capaz de llevarse trabajo a su casa con tal de, a las 6 de la tarde, cerrar todo y alcanzarla a Marina a la facultad.

Él la invitaba a salir constantemente y ante la negativa se sumaba a las salidas colectivas, donde de a poco se iban conociendo y Marina enganchándose. Compartían muchos momentos, cada día se llevaban mejor, tanto que comenzó a ser frecuente la ida y vuelta de mensajes durante el fin de semana (la tecnología siempre al servicio de la comunidad).

Como se imaginarán, por fin llegó el día en el que ella aceptó salir los dos solos, y a partir de ese momento Lucho no tuvo que esperar más. Llegó el primer beso y el noviazgo. El "nos estamos conociendo" mucho no aplicaba. Nos conocíamos desde hacía varios meses, ¿me explico?, me contó ella. Era cierto, esa salida llegó en el mejor momento, cuando ya estaba todo dicho.

Las áreas de ambos están bastante relacionadas, pero, según lo que me contaron, tienen una forma muy parecida de trabajar, sobre todo por ser muy obsesivos con el trabajo. Marina hoy en día tiene el puesto que Lucho desempeñaba cuando la conoció, por lo tanto él la ayuda mucho. Ella lo considera una guía en lo que concierne al ámbito laboral, pero también en la vida.

Cuando le pregunté cómo se arreglaban para compartir tanto tiempo y temáticas, Marina me dijo: la verdad es que lo llevamos bien, sino, no sé si podríamos estar juntos, viste como es esta oficina nos vemos todo el día. Ella aprecia el entendimiento que tienen al trabajar, el compañerismo es una característica primordial en esta pareja, se apoyan mutuamente. Llegaron a confesarme que hablan todo el tiempo de trabajo, fuera de la rutina diaria. Esto se debe a la importancia que le dan a esta esfera y cómo el compartirla alimenta el vínculo amoroso.

Según Marina, las peleas no son frecuentes en la pareja o son demasiado cortas, por lo tanto, no recuerda estar en el trabajo, peleados y no saber cómo manejar la situación. Para ella lo que más influye en la fluidez de esta relación es la diferencia de edad que tienen. No hay “celos bobos” y eso es fundamental, ambos saben cómo actuar y como ubicarse en cada momento y lo disfrutan.

Esta pareja se gestó dentro de un ámbito que favorece su fortalecimiento, por lo tanto hace posible que se desarrolle de la mejor manera y que haga posible que el amor se instale para quedarse. Son consientes de los errores que pueden cometer, esa es la clave para no meter la pata. No generar incomodidad ante los otros y brindarse, ante todo, libertad para elegirse día a día.


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Camarones al Wok

Eric nos sugiere un plato para agazajar durante el día de San Valentín mientras nos relata una tímida historia de amor.

Mi primer departamento parecía pensado a prueba de visitas: de un solo ambiente, lo primero que uno veía al entrar era la cocina con sus hornallas renegridas, la mesita de luz y la cama al lado, el baño a medio hacer, la mesa donde yo comía que era a la vez escritorio y mesada. En un espacio así de reducido, basta un solo libro fuera de lugar para que escandalice el desorden. Pero como después de las diversas inauguraciones sólo recibía visitas muy de vez en cuando, y en general de amigos todavía más tirados que yo, no me importaba.

Cocinar en ese departamento, entre los cd´s desparramados y el televisor siempre encendido, era una aventura aparte. Mi primer intento, recién mudado, fue con un bife cuyo olor persistió en el lugar –o en mi nariz– hasta el día en que abandoné el departamento, dos años después.

Más adelante probé con fideos y milanesas al horno, pero el desorden que se producía después, cuando me veía obligado a lavar la vajilla en el espacio de dos por dos frente a la bacha, me fueron quitando las ganas de cocinar. Mi dieta se redujo a empanadas, pizzas, hamburguesas y cualquier cosa que tuvieran para ofrecer los deliverys más económicos del barrio. Aumenté la frecuencia de las visitas a las casas de mi vieja, de mi abuela, me acordé hasta de las tías más lejanas. En poco tiempo me había transformado en ese personaje algo molesto, pero adorable por su pobreza, que cae en las casas puntualmente a la hora de comer.

-¿Cuándo voy a conocer tu casa? –me preguntó Romina una vez.
Yo no tenía el menor interés en que viniera a casa. Primero, porque mi departamento se había transformado en un lugar de tránsito. La sola idea de hacer orden me abrumaba. Y segundo, porque no sabía hasta dónde quería que siguiera adelante nuestra relación.
Nos habíamos conocido dos meses atrás, en casa de un amigo en común. Me gustaba pensar que unos pocos años atrás, cuando todavía era adolescente, hubiera muerto de amor por ella. Ahora me gustaba, pero con cierto desencanto. Después de Romina vendría otra, y después otra más, y al final nosotros dos éramos sólo una estación de tren en un viaje hacia ninguna parte.
Romina tenía un humor ácido que a veces se volvía oscuro, miraba películas de las que yo ni siquiera había escuchado hablar y a veces también me parecía un poco ingenua, no mucho, pero lo suficiente como para hacerme pensar que tal vez estuviera fingiendo que no me leía el pensamiento. Vivía con los padres, igual que casi todos mis amigos y compañeros de la facultad. Durante la semana apenas nos hablábamos. Era un amor de viernes o sábado. Nuestras salidas, desde antes de que yo me mudara al departamento, iban desde la puerta de su casa hasta algún bar, fiesta o casa de amigos y terminaban en un telo de Palermo o en casa de ella cuando los padres salían de viaje a alguna parte. Los viejos de Romina, igual que nosotros, estaban de viaje permanente.

-Si vivís solo –dijo–. Podríamos aprovechar. Siempre estamos de paso.
-Es cierto…
-¿Tenés miedo de que me instale en tu casa?-Se rió.
-No es eso –dije.

Al día siguiente la llamé.
-¿Querés venir el sábado? –dije– Te invito a cenar.

Dijo que sí. Hasta ese momento, no me había dado cuenta de que el sábado era San Valentín. Caí en el detalle cuando pasé por una florería y leí la fecha. Pensé que ella sí lo habría notado. Me sorprendió que no me molestara la coincidencia.

Pasé el jueves y el viernes haciendo orden, tirando cosas viejas, limpiando, hasta que mi departamento se transformó en un lugar más o menos presentable. El siguiente tema a resolver era el menú. Necesitaba algo fácil, liviano, que no llenase el departamento de olor. Mis amigos no estaban en condiciones de ayudarme. Me salvó mi prima:

-¿Tenés un wok? –preguntó.
-¿Qué es un wok?

Me explicó brevemente. Quedó en prestarme el suyo. Me lo entregó en una bolsa, con un par de recetas copiadas a mano. Todas me gustaron. Esta es la que usé al final:

Camarones al wok

  • 250 gramos de camarones
  • 1 ají rojo
  • 1 ají verde
  • 1 zucchini
  • 1 berenjena
  • 150 gramos de brotes de soja
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • 2 cucharadas de salsa de soja

La preparación era muy simple. Primero había que dorar los camarones en el wok con el aceite. Retirarlos y reemplazarlos por la berenjena, el zucchini y los ajíes cortados en juliana. Saltearlos durante unos minutos y agregar los camarones y los brotes de soja. Dejar unos minutos más sobre el fuego, moviendo el wok de un lado a otro.
Me parecía mentira que con tan poco esfuerzo bastara. Terminamos de cenar a medianoche. Yo me pregunté por qué habría tardado tanto en invitarla.
-Me gusta tu departamento –dijo–. Es cómodo.
-Sí –dije.
Miré a mi alrededor. Me pareció que tenía razón.


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