El principio del año es bueno para muchas cosas, para cambiar de trabajo, para enamorarse, para planificar metas, pero fundamentalmente para dos cosas bien básicas: tomarse vacaciones y cambiar el guardarropas. Si vacaciones ya nos tomamos, entonces sólo nos queda entretenernos con la segunda opción.
Por Cecilia Fiori
Quizás nunca te pusiste a pensar que éste es un momento justo para renovar tu placard, pero desde aquí te vamos a explicar por qué te conviene hacerlo en esta época del año.
Para las que ya se fueron de vacaciones y ahora están retomando sus rutinas laborales, seguramente saben de lo que les hablo. Volver del descanso con medio placard casi destruido es casi inevitable. Hay que renovar el look y esto se debe no sólo a que es necesario, sino también a otros aconteceres de la vida, a saber:
REMERITAS:
Las que más te gustan las usaste 1001 veces cada una porque estás convencida de que son las que mejor te quedan (y ni que hablar si estás bronceada). Pero a estas alturas ya estás repodrida de vértelas puestas, ¡urge un cambio!
DARSE UN GUSTO:
Volver a la rutina puede ser muy deprimente porque, obviamente, nadie quiere regresar a trabajar. Si a esto le sumás que tus compañeros de oficina recién están por irse y te caen el viernes con los bolsos a la oficina, en un buen acto de ostentación de su buena fortuna, es normal que te den ganas de suicidarte. Por eso nada mejor que darse un gusto y comprarse algún trapito antes de llegar a casa.
EL LAVADERO ASESINO:
Otra cuestión es el estado real y tangible en el que se encuentra tu ropa. Todas sabemos que cuando estamos de vacaciones y debemos mandar la ropa sucia a los lavaderos, ésta no regresa jamás de los jamases de la manera en la que la llevamos. No hay pedido ni súplica a la empleada del Laverrap que valga. De este modo, la remerita que era negra volverá a tus manos con un color gris topo deprimente. El pantalón, originariamente blanco, regresará con un tono celeste apastelado que no vas a saber con qué cuernos combinarlo. ¿Y los joggins? ¡Ay, querida, los joggins!. Estos, como tus hermosos buzos y camperas de algodón, vas a tener que donárselos en un acto de arrojo a tu sobrina más chica, dado que por más que intentes estirarlos no vas a lograr que modifiquen el talle 12 para niños con el que te los devolvieron.
UNA LUZ DE ESPERANZA:
Pero si bien estas cosas son ciertas, tengo la sospecha de que me estarán por retrucar que con qué dinero vamos a cambiar el guardarropas. Tranquilas. Por supuesto que tuve en cuenta ese detalle, no menor.
Otra de las verdades cuando regresamos de nuestras vacaciones es que volvemos sin un cobre. Todos nuestros ahorros y nuestro medio aguinaldo han servido felizmente para pagar los pasajes, la estadía, la comida, los licuados de la playa, nuestras salidas nocturnas y toda aquella chuchería tan fascinante que venden en la playa (anillitos, aritos, trajes de baño muy baratos y demás).
Al regresar a casa es verdad que nadie tiene un centavo y otra cosa cierta es que la ropa está cada vez más cara. Por eso, éste es un buen momento para comprar.
¡En enero comienzan las liquidaciones!
Hace ya algunas temporadas que apenas dejamos el corcho de la sidra de lado y asoma su cabeza el 2 de enero, todas las vidrieras de Buenos Aires cuelgan sus carteles de OFF. Si es así, el verano se remata por más que a la estación le quede mucho tiempo por delante y aún se empeñe en atosigarnos con sus insoportables temperaturas que permiten cocinar un huevo frito en el asfalto.
Pero también hay otro motivo casi tan atractivo como los descuentos para comprar: ¡en Buenos Aires no hay nadie! Todos están afuera. Tenés las tiendas para vos sola. Podés disfrutar de los probadores a pata suelta sin hacer colas ni nadie que esté rogando que salgas para poder entrar. Tampoco vas a escuchar el fastidioso “¿cómo te quedó?” porque, sabelo, las vendedoras que están no te joden. Bien porque no se tomaron aún vacaciones y están agotadas, o porque volvieron recién, no tienen ganas de trabajar y están tan o más deprimidas que vos por haber vuelto, lo cierto es que ni se las escucha hasta ni se molestan cuando les tocás una remerita de esa pila inmaculadamente ordenada, por la cual pareciera que se desangran cada vez que se la desarmás en otro momento del año.
AFILAR EL OJO:
Tampoco es cosa de comprar a la marchanta, mirá bien y compará porque a veces te ponen carteles de descuentos de 50% que no son reales y si vos recordás los precios de las vidrieras de diciembre te vas a dar cuenta de que en algunos casos sólo llegan al 30%.
Por eso, ir con prudencia y con criterio, no es cuestión de tirarse de cabeza sobre una mesa de ofertas y llevarse compulsivamente todo, sino de saber comprar y disfrutar comprando aquello que te volvía loca en diciembre y que salía $200 por quizás la módica suma de $120.
¡A disfrutar y a aprovechar de las liquidaciones!






























