Un relato conmovedor, en primera persona, de Mariana, hija de montoneros desaparecidos, donde cuenta la ocasión en la que conoció a Néstor Kirchner. Este relato apareció ayer en su blog, después de enteresarse de la noticia.
Nota de la Dirección
Presidente.
Fue la única vez que lo vi.
Llevaba pocos meses en la presidencia y decidimos acercarle un documento con todos nuestros pedidos. De los "nietos", esa denominación que siempre me rebeló.
Hubo reunión en torno a una mesa y después nos trasladamos a su escritorio para ver las fotos de un compañero suyo de militancia, desaparecido, cuyo hijo acababa de conocer. Nos contaba todo aquello que le había contado al hijo sobre su padre. Se lo veía sinceramente conmovido.Aproveché para el sablazo: "Tenemos un proyecto de reconstrucción de las historias de vida de los desaparecidos que se trata justamente de esto, de familiares y amigos que cuentan la historia para sus hijos. Pero se nos acabaron los fondos y no vamos a poder terminarlo". De inmediato lo llamó a Parrilli: "Oscar, hay que ayudar a los chicos con este proyecto".
En un momento, no sé cómo pasó, nos quedamos a solas delante de una ventana que da al río. Le hice entonces una confidencia destinada a arrancarle una promesa tonta: "El día que asumiste, cuando nombraste a los desaparecidos en tu discurso, lloré. Te creí. Espero no arrepetirme nunca". "Te prometo que no te vas a arrepentir", me dijo.
No tengo ganas de escribir más que esto ahora, ni tengo ganas de trabajar ni de estudiar ni de nada. Hablo por teléfono con Site, escucho noticias, leo a los amigos, espero al censista y ansío el momento de pisar la plaza con mis compañeros hijis para defender lo que tenemos, que se lo debemos y no se lo debemos, que es nuestro pero que él supo hacer suyo.Y no, no me arrepentí, ni me arrepiento ni tendré ocasión de arrepentirme nunca porque la parca puta se lo llevó.
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