Especial Día del Amigo
La cuestión de la amistad entre el hombre y la mujer se ha hecho acreedora de más leyendas que la Coca-cola y a lo largo de los años se ha elevado casi al nivel de “mitología griega”. Está llena de interrogantes, casos de estudio, negativas rotundas y puertas entreabiertas.Y sin hablar del tema que a todos nos preocupa: ¿El sexo arruina la amistad?
Por Marisa Fernández Villalba
Diseño: homestudios
Mito nº1: Te quiero… dar
“Las cosas como son”, pregonaba la publicidad de Sprite, “él no es tu amigo, sólo te tiene ganas”, continuaba. Y detrás, un montón de situaciones en las que argumentaba que los chicos se hacen los interesados en la amistad con una chica cuando, en el fondo, su interés es otro.Una de las alegorías más sostenidas es que lo primero que se nos cruza por la cabeza cuando conocemos a alguien del otro sexo es: "¿Para la cama o para el café?”.
Y claro, si un muchacho se anima a morir intoxicado de estrógenos o ahogado en el hastío de mareas de narrativas femeninas, cualquiera podría pensar que “te quiere dar”. ¿Y qué? El problema aparece, claro, cuando vos no querés.
Mito nº2: Que las hay, las hay
Nuestro ineludible Sigmund Freud sale del paso diciendo que en algunas relaciones la pulsión sexual no es cancelada, sino puesta al servicio de "la amistad, la camaradería, el sentido comunitario”. Sin embargo, aparece una explicación que echaría por tierra cualquier coartada: la libido, cuya meta pulsional tiende a la unión sexual, no dejaría nunca de reconocerse en cada una de las manifestaciones del amor.
El enemigo de ese estado de cosas es fuerte y casi invencible. Así y todo (y aunque Freud no lo crea), la amistad entre el hombre y la mujer parece ser como con las brujas. Creer o reventar.
Mito nº3: Y si no me tienen fe
Otra de las quimeras es casi una cuestión de fe: “los varones creen menos en la posibilidad de amistad con las chicas”. Quizás, pensando en que para ellos las mujeres somos apetecibles por definición (¡gracias!), y nos dejan afuera como si nosotras la tuviéramos más clara. Noticias: no es así.
El punto es que en cada amistad heterosexual existe la posibilidad de que los sentimientos traspasen esos “límites imaginarios” en algún momento. Ciertas veces, la consumación sexual se hace inevitable. Y aquí la pregunta sobre si la intimidad fortalece el lazo cuando ya no hay nada más que probar. ¿Quién estableció que hay algo de malo en sofocar ese deseo?
Puede ser la oportunidad para pasar a otro estado de cosas más pleno sin necesidad de dar tantas vueltas. Aunque también (admitámoslo), la de que las cosas dejen de ser como eran para entrar en un magma de sentimientos y decisiones estresantes.
Mito nº4: ¿Es posible que después de una relación de pareja surja una amistad?
La respuesta queda bajo el dominio del “caso por caso” ya que depende de algo tan complejo como lo es una relación de pareja. Podemos estar tentadas en pensar que es muy difícil que esto sea así, pero no tenemos estadísticas al respecto.
Tendemos a querer comprobar si la amistad entre dos personas de diferente sexo puede ser igual de sincera que en una de dos personas del mismo. También tenemos la costumbre de someter los sentimientos a pruebas terribles de control de calidad.
La naturaleza misma de los sentimientos es variable y está constantemente atravesada por los avatares de la relación con uno mismo y con los demás, por eso no siempre es sencillo saber cuándo somos sinceros al expresarlos. La sinceridad y los sentimientos son dos conceptos de lógicas diferentes y seguramente no haya reglas mensurables para validarlos.
Mito nº5: Siempre uno de los dos se "confunde"
Es difícil plantear una confusión cuando, en todo caso, el tema está confundido desde su origen.
Uno de los vicios que más hemos desarrollado los seres humanos es pretender identificar nuestros sentimientos con etiquetas como si fueran latas de azúcar y yerba. Por eso ,todo el tiempo escuchamos frases de almanaque al estilo de: "Un verdadero amigo es:...." como si la amistad existiera más allá de los amigos que la profesan. La amistad es un sentimiento disfrutable y no una prueba constante de virtudes impolutas.
Cuando se siente amor por otro se movilizan sensaciones de todo tipo y algunos, más radicales, hasta aseguran que la amistad entre hombres y mujeres sólo es posible después de de haber tenido sexo.
La cuestión sería no asustarse ni exigirle a los sentimientos la pureza de las teorías abstractas. Y enfrentar la realidad de que siempre es un enigma cuando conocemos a alguien del sexo opuesto que nos cae bien. ¿Para qué lado se inclinará la balanza en cada relación? ¿Será amistad o amor?
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