Cuando una idea, o algo que pretende serlo, se enciende en la cabeza de un publicista, una mujer también se enciende… ¡Pero de bronca!
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| Ilustración: homestudios |
Clarisa Ercolano
Primer caso. Se dice a sí mismo el “Rey Carlitos”. Es un nene de 8 o 9 años montado a una bicicleta, lleno de mugre, mocos verdes y con más bacterias que centímetros de altura. Un asco por donde se lo mire. Esta criatura de dios dice: “este fin de semana tenemos vía libre. Papá no atenderá los llamados del trabajo y mamá no lavará la ropa”. Como telón de fondo se presenta el “mejor jabón en polvo”. Un producto puede sacar todas las manchas. Incluso las que esa madre despreocupada dejó adheridas a la ropa de su pequeño hijo indefenso por el lapso de ¡dos días!
Segundo caso. Se ve a una familia tipo con necesidades de recortar algunos gastos. Un primer plano nos muestra una mujer con cara de “tengo problemas para ir al baño”. El famoso y desgraciado tránsito lento, algo que todas alguna vez sufrimos pero que antes no tenía un nombre tan comercial. El marido le dice, con su mejor cara de apóstol, a la madre abnegada: “seguí tomando ese yogurt que te ayudaba a ir de cuerpo, total ahora, cuesta 20 centavos menos”.
Tercer caso. Hay una madre sola con su hija pequeña sentada a la mesa que, además, intenta depilarse al mismo tiempo. A ninguna mujer le gusta depilarse. Depilarse duele, mancha la ropa y ensucia. No es ningún lujo asiático ni una extravagancia de la moda. Es una necesidad. La publicidad da por sentado que una madre no tiene tiempo para su cuidado personal, incluso el más básico. Y mientras tironea de la cera esconde el dolor -porque mujer quejosa es igual a mujer insufrible-. Entonces mamá trasmuta esa tortura en muecas amorosas para que su hija tenga su propio show humorístico. La marca de belleza te dice: “porque podés ser mamá y estar linda”.
Ahora digo, ¿a quién cuernos se le ocurre que una mujer sólo dedica tiempo a lavar la ropa y un hombre sólo atiende responsabilidades laborales? Bienvenidos a la era moderna, publicistas amigos: ¿no saben que el 80 por ciento de las mujeres también trabajan y atienden llamadas laborales? Si una mujer quiere un día libre, no se queda a “no” lavar la ropa. Se toma el día, se va a un spa o sale con sus amigas.
¿A quién demonios se le ocurre que una puede tomar como gesto de amor que su pareja le de su aprobación para comprar un yogurt que active el tránsito intestinal? Despierten, si al super vamos nosotras, ¿en los hechos quién maneja al presupuesto? Además, si a mi me regalan un yogurt, lo mando a freír churros.
Y por último, sí, se puede ser una madre linda. Obvio. Y ninguna mujer teme ya a la cera de depilar porque ahora también enfrentamos, estoicas, otros métodos como la edpiladii eléctrica. Además, reivindicamos el derecho a encargarnos de nuestra belleza en privado, en el baño o donde sea, y no haciendo 3200 cosas a la vez. Ser diosa lleva un tiempo. Y si sus hijos tienen padre, que él les de comer, que además de afeitarse la barba, no tiene una lucha sin cuartel contra los pelitos encarnados.
Por eso, les digo, publicistas amigos, dejen de pensarnos como se nos pensaba hace 40 años. Las cosas cambiaron y bastante. Ahora, cuando vemos propagandas de ese tipo, algunas escribimos una nota y otras, simplemente, piensan: “yo a eso no lo compro ni muerta”.
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