Estereopitos



Dime con quién garchas... Como los 12 signos del zodíaco te presentamos los 12 tipos de amantes de Victoria Rolanda. Cada uno con sus mañas, sus destrezas y sus problemitas. Pasen, vean y llévense el que más les guste.



Foto: Angie Làzaro

El perversito: Su línea de pensamiento es “vamos a hacer algo que vos no quieras”. Seguro te va a pedir algo muy fuera de lo común y que te va a hacer sentir incómoda. Y probablemente te manipule hábilmente para que accedas. Más tarde, cuando se lo cuentes a una amiga, no le vas a poder explicar por qué dijiste que sí a semejante cosa. Pero en el caso de que propuestas como “invitemos al carnicero de la esquina a que mire como cogemos” o “depilate delante mío así me masturbo” no te parezcan una locura, sino sexies, entonces el señor en cuestión sale de la categoría de “perversito” y entra en la categoría de “tu alma gemela”.


Fútbol, asado, minitas: Más conocido como el macho argentino. Es como un buen choripán, no tiene la sutileza de la comida gourmet y probablemente salpique (¡en más de un sentido!), pero jamás te quedás con hambre. Eso sí: incluye pelos en la espalda.


El garca: Jamás lo querrías tener como jefe o compañero de trabajo. No es muy buen tipo y trabaja de algo medio turbio. Sin embargo, sí lo querés como amante. Le encanta coger y no espera nada a cambio, ni siquiera una chupada de pija. Te va a hacer gritar hasta despertar a todos los vecinos. No sabías que alguien la pudiera tener tan clara. Te va a invitar a quedarte a dormir, pero porque le da paja bajar a abrirte. Y si al otro día tenés la suerte de que no te eche ni bien se levante, a lo máximo que podés aspirar es a un café negro, sin azúcar.


El confundido: En la primera cita pensaste que tal vez toda tu vida habías vivido equivocada. Que antes de Él pensabas que el hombre ideal no existía porque eras una resentida. No cogieron la primera noche, él quería que fuera especial. Cocina, toman vino y cogen más que bien, aunque vos no sabés si es porque es bueno en la cama o porque estás tan enganchada que todo te parece increíble. Y de repente, no sabés cómo, te empieza a hablar de sus mambos con la ex (de la cual en algunos casos se puede haber separado hace años o tal vez décadas). Vos lo escuchás porque pensás que si van a empezar a construir una relación lo tenés que bancar, que eso es lo que él haría por vos también. Paulatinamente dejan de coger del todo y vos ya no sabés bien para qué quiere estar con vos si lo único que hace es hablarte de otra mina. No te confundas: este chico no busca una mujer, sino un psicólogo o una mami. O ambos.


El retrógado: Cree que hay mujeres “para ponerse de novio” y otras para “divertirse”. Con la novia es tan aburrido que una de dos: ella es frígida o también tiene un amante. Él piensa que sería denigrarla hacer otra cosa que el misionero mientras la besa en la boca y le dice cuánto la ama. Con las chicas con las que “se divierte”, en cambio, puede ser muuuuy chanchito. Total, esa no va a ser la madre de sus hijos. Y si creen que este especimen viene sólo en modelo “opus dei” están muy equivocadas. Más de un intelectual progre pertenece a este nada selecto grupo. Si detectan a un retrógrado primero huyan y después denúncienlo por Facebook como cortesía para otras mujeres.


El candidato: Se da cuenta si te cortaste el pelo o si tuviste un mal día. Te lleva a tu casa o te pide que lo llames cuando llegás para quedarse tranquilo. Te cuida cuando estás engripada y te dice que el jogging y el pelo engrasado de no bañarte por cuatro días te queda divino. Y lo peor de todo es que lo dice en serio. Para él, el sexo y el amor son una sola cosa y cada vez que te “hace el amor” te quiere demostrar cuánto te quiere y cuanto te respeta. Se toma tres horas en darte besos por todos lados. Pone velas, inciensos y te hace masajes. Le importa mucho más que acabes vos que acabar él. Jamás les contaría a sus amigos lo que hacen en la cama (igual tampoco habría mucho para contar...). No entiende cómo alguien se puede calentar con una película porno. Y es tan, pero tan, pero tan bueno que más que un em-pome es un em-bole.


El boy scout: Suele venir en envases sub 25. La frase que más lo define es “Sí, dale”. Todo lo que le propongas le viene bien. No tiene demasiada destreza, pero la suple con un entusiasmo envidiable. Todo momento y lugar son buenos para coger. No conoce palabras como “no” o “dormir”. No tiene preconceptos. Su curiosidad le dicta que todo puede ser una nueva puerta al placer hasta que se demuestre lo contrario. Puede llegar a soplarte adentro de la concha a ver si te produce algo. Todas tus sugerencias son bienvenidas. Es divino, divertido y saca la lengua como un perrito cada vez que te sacás el corpiño. Pero tal vez no tengas ganas de coger todo el tiempo o de ir siempre a trabajar sin dormir. Quizás de vez en cuando quieras leer un libro –“¿un qué?” preguntaría él si leyera esta nota-. Ideal para un amor de verano (o para un largo invierno que pases desempleada).




El maniático: Tiene una lista de reglas de cómo hay que comportarse en la vida y también en la cama. Se coge de una manera. Por ejemplo: recién bañados y adentro de la cama (no sobre el acolchado). O él siempre atrás tuyo. O vos siempre arriba. O siempre en una silla. O absolutamente en silencio. O con la luz siempre apagada . Suele ser el más caballero de los hombres en otros aspectos, pero si no seguís su pequeña rutina neurótica obsesiva no sólo va a perder la erección sino la paciencia. Y según él va a ser culpa tuya porque “él ya te dijo lo que tenías que hacer”. Mi consejo: decile que bajás a comprarte un chocolate y empezá a correr sin mirar para atrás.


El aparato: Es torpe. No puede creer que se levantó una mina y te habla dos horas de algo que no te interesa y que probablemente no entiendas. No es tonto (en la mayoría de los casos) pero su inteligencia está mal distribuida y no le quedó nada en el área de “tratar con otra gente de manera exitosa”. Se pone nervioso y se ríe espasmódicamente. Tus silencios lo ponen más nervioso y habla aún más o se calla del todo y de repente (no sé que me da más miedo). Probablemente nunca llegues a acostarte con él, pero si lo ibas a hacer sólo por curiosidad te lo ahorro. Su comunicación con su cuerpo es nula, así que imaginate cómo se puede comunicar con el tuyo. Leyó muchas revistas con tips sobre como cogerse minas y te va a hacer todo el numerito. Lo vas a ver haciendo cosas extrañas en lugares extraños (ej: abajo del ombligo) y que no vas a entender por qué te lo hace. Te va a mirar con cara de “mirá como te hago gozar” y te va a agarrar un ataque de risa o de compasión. Y si llega al punto de encontrar dónde está la vagina y de embocar su enhiesto miembro adentro no va a durar mucho, así que no te preocupes. Lo peor ya pasó.


El tipo maduro: Te escucha como nadie. Nunca pensaste que la historia de cómo amasabas fideos con tu tía Nora en tu infancia pudiera ser tan interesante. Siempre dice cosas agradables y nunca la pifia respondiendo a preguntas como “¿me hace un poco gorda esta pollera?”. Cuando te lleva a la cama no tenés que hacer nada, él hace todo y tan bien que no te acordás en qué momento toda tu ropa quedó tan acomodadita arriba de su sillón. Sabe dónde está todo y hasta parece que alguno de tus ex le hubiera contado todos tus secretos. Te hace acabar varias veces antes de acabar él. Eso sí: cuando acaba está muerto. Es una experiencia muy recomendable, salvo que el señor en cuestión abuse de la pastillita azul y acabe muerto, ¡pero de verdad! Eso sí que es anti-climático. ¡Si no preguntale a Jessica Cirio!


El Gran DT: El sexo para él es un deporte. Cree que cuantas más posiciones usen mejor. Tiene fuerza y te zarandea de acá para allá, de arriba para abajo. La primera vez que estuviste con él creíste que hasta ese día no sabías lo que era coger. Para él en la cama es un aburrimiento. Un polvo no merece llamarse polvo si no te estampó contra el placard, te llevó alzada cogiendo ida y vuelta a la mesada de la cocina, se dieron una ducha en el medio y te dejó la mejilla marcada con el motivo de las baldosas del patio. Te da indicaciones de lo que tenés que ir haciendo momento a momento. Una de dos: o te retirás antes de esguinzarte o el te pone de patitas en la calle. Este especimen se aburre rápido. En cuanto te haya paseado por todo el kamasutra se va en busca de un nuevo crack.
Foto: Angie Làzaro



Papá Noel: Es el tipo más sexy que conocés y está con vos. No podés entender como las minas por la calle no lo paran para dejarle su teléfono. Coge como los dioses, le encanta hacerte la paja y chuparte la concha durante horas. Te hace sentir que por más que le encanten las mujeres no existe otra más que vos desde que te conoció. Es un caballero en todo lo que dice fuera de la cama, y un camionero una vez que entran al cuarto, pero siempre te abraza después de coger. Cuando te depertás él te estaba esperando para coger de nuevo y que vos acabes un par de veces. Después de eso te dice que te quedes durmiendo y cuando volvés a abrir los ojos te trajo el desayuno a la cama. Cuando te terminás de vestir te dice que estás preciosa y te lleva en auto al trabajo.


Sí, sí, ya adivinaron, es un invento de mi imaginación. Eso sí: si alguna lo conoce no sea boba y no avive gilas. Llévese el secreto a la tumba o después no me culpe si intento robarle el novio.

Hasta la próxima entrega,

Amy

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