Por supuesto que fuimos a la fiesta. Me puse pollera de jean y una remera bastante fea que mi hermana consideró que no le molestaría prestarme. La hermana de Luciana, más caritativa que la mía, ofreció maquillarnos. Recordemos que yo era una inexperta en cuestión de preparativos femeninos. Si quieren ponerlo en formato de película sería el personaje de la anteojuda con el pelo atado y mochila gigantota que se desplaza con torpeza a lo largo de todo el film.
Llegamos temprano y conseguimos pasar cuando todavía estaban los familiares de los egresados retirándose. Nos sentamos a conversar en una escalerita que desembocaba en la pista de baile. Cuando de pronto lo vi. Bailando sin ritmo, con una corbata de los looney tones y zapatillas Topper sucias, combinadas con un traje un talle más grande.
Presionada por la insistencia de Luciana me decidí a hablarle. Arregle mi flequillo con la hebillita, pensé en lo linda que tenía que estar maquillada y me dirigí hacia él.
No creo que la palabra sea nefasta, tampoco creo que sea angustia. Pero sí creo que la palabra que puede definir lo que sentí, en el momento en que vi que su novia le agarraba la mano para bailar juntos, se asemeja a la palabra dolor.
En toda mi preparación mental para decidirme a ir no había reparado en esa posibilidad.
- ¿Querés una copa de champagne?... Es gratis.
Presionada por la insistencia de Luciana me decidí a hablarle. Arregle mi flequillo con la hebillita, pensé en lo linda que tenía que estar maquillada y me dirigí hacia él.
No creo que la palabra sea nefasta, tampoco creo que sea angustia. Pero sí creo que la palabra que puede definir lo que sentí, en el momento en que vi que su novia le agarraba la mano para bailar juntos, se asemeja a la palabra dolor.
En toda mi preparación mental para decidirme a ir no había reparado en esa posibilidad.
- ¿Querés una copa de champagne?... Es gratis.
La fantasía del hada madrina parecía haber reencarnado en esa moza. Tomé la copa y la bebí de un tirón, mirando fijo la escena de los novios danzantes.
Luego, las demás vinieron por decantación. Una atrás de la otra, no sabía si era vino, champagne, frizze para niños o fernet. Lo único que me importaba era apaciguar el dolor y el alcohol parecía ayudarme.
Luego, las demás vinieron por decantación. Una atrás de la otra, no sabía si era vino, champagne, frizze para niños o fernet. Lo único que me importaba era apaciguar el dolor y el alcohol parecía ayudarme.
Indefectiblemente si las cosas pueden empeorar, entonces empeoran. Después de tanta ingesta consecutiva de alcohol me caí literalmente. Fue la clase de caída en la que la nuca produce un fuerte ruido en su choque contra el piso.
No lloraba, estaba indignada conmigo por ser tan estúpida de creer que algo distinto podía pasar. No existen las princesas y yo no era la tímida de la escuela devenida en estrella porque se soltó el pelo y se quitó los anteojos. Yo era yo, y ni siquiera estaba muy segura de lo que eso significaba.
La música se volvió un sonido distante, opaco y mis ojos se fijaron en la bola de boliche que giraba encima de mí. Pensaba que mi vida siempre iba a ser ese intento, esa búsqueda que sólo concluye en un fracaso. Luciana me despabiló ayudándome a reincorporarme. Me quedé sentada en un sillón, mientras ella conversaba con unos amigos. De pronto me vi y me sentí tan ridícula que no pude contener la risa.
-¿Qué es tan gracioso?
Me dijo un chico que me resultaba familiar, aunque estaba segura de no haberlo visto antes.
-Yo, yo soy graciosa. ¿No me ves?
-No veo nada gracioso en vos.
-Eso es porque no ves bien, mirame. Tirada en un sillón sola, con la teta izquierda mojada con cerveza, ¿no te parece eso gracioso?
-Es que no te había visto la remera.
El extraño y yo nos miramos un segundo en silencio y estallamos de la risa.
-¿Quién es?
-¿Quién es qué?
-El pibe por él que estás tomando tanto.
-¡Ja! siempre es por un chico, ¿no? Uno que no me quiere pero que sí parece querer mucho a su novia.
-Ouch.
-Sí, ouch. Pero es así ¿no? No todos tenemos lo que queremos.
-Es verdad...esa frase merece un brindis, esperame acá. No te vayas.
El problema no fue esperarlo, el problema tampoco fue que no supiera siquiera su nombre, el problema es que cuando las cosas parecen mejorar siempre viene un ventarrón que nos coloca de nuevo en el lugar de partida:
-¿Cómo estas Clari? Te estaba buscando por todas partes. Quería hablar con vos.
-Hola, Juan Martín.
Continuará…
No lloraba, estaba indignada conmigo por ser tan estúpida de creer que algo distinto podía pasar. No existen las princesas y yo no era la tímida de la escuela devenida en estrella porque se soltó el pelo y se quitó los anteojos. Yo era yo, y ni siquiera estaba muy segura de lo que eso significaba.
La música se volvió un sonido distante, opaco y mis ojos se fijaron en la bola de boliche que giraba encima de mí. Pensaba que mi vida siempre iba a ser ese intento, esa búsqueda que sólo concluye en un fracaso. Luciana me despabiló ayudándome a reincorporarme. Me quedé sentada en un sillón, mientras ella conversaba con unos amigos. De pronto me vi y me sentí tan ridícula que no pude contener la risa.
-¿Qué es tan gracioso?
Me dijo un chico que me resultaba familiar, aunque estaba segura de no haberlo visto antes.
-Yo, yo soy graciosa. ¿No me ves?
-No veo nada gracioso en vos.
-Eso es porque no ves bien, mirame. Tirada en un sillón sola, con la teta izquierda mojada con cerveza, ¿no te parece eso gracioso?
-Es que no te había visto la remera.
El extraño y yo nos miramos un segundo en silencio y estallamos de la risa.
-¿Quién es?
-¿Quién es qué?
-El pibe por él que estás tomando tanto.
-¡Ja! siempre es por un chico, ¿no? Uno que no me quiere pero que sí parece querer mucho a su novia.
-Ouch.
-Sí, ouch. Pero es así ¿no? No todos tenemos lo que queremos.
-Es verdad...esa frase merece un brindis, esperame acá. No te vayas.
El problema no fue esperarlo, el problema tampoco fue que no supiera siquiera su nombre, el problema es que cuando las cosas parecen mejorar siempre viene un ventarrón que nos coloca de nuevo en el lugar de partida:
-¿Cómo estas Clari? Te estaba buscando por todas partes. Quería hablar con vos.
-Hola, Juan Martín.
Continuará…
Hacete fan de Victoria Rolanda en Facebook: www.facebook.com/RevistaVictoriaRolanda
Follow us in twitter: www.twitter.com/victoriarolanda



