Queridas amigas, me encantaría, en vísperas de este tan esperado acontecimiento, saludarlas, y desearles infinitos corazones rebozantes de miel. Sin embargo, no tengo otra opción que advertirles sobre esta espeluznante fecha, que ya me está pisando los talones y me recuerda todos mis dolores de cayos.
Por Aurelia Gómez
Ni Wikipedia tiene una res puesta para tan fatal conexión, que yo presumo realizada más bien por un “Don Valentín”, que tenía ya un armario lleno de peluches con corazones invendibles, en parte por feos, y en parte por excesivamente empalagosos. Y a éste, imagino, se le sumaron muchos más “Don Valentín”, ya de otros rubros, como florería, puesto de globos, confitería, restaurantes carísimos y muchos más que en este momento no se me vienen a la mente, pero que seguramente ustedes, mis queridas femmes fatales, rompecorazones full time, ya estarán recordando.
Dejando de lado esta aclaración, ahora me encantaría compartir con ustedes una cantidad de acontecimientos que echan por tierra toda esperanza de romanticismo relacionada con esta funesta fecha. Estos son los hechos por los cuales, en el día de hoy, ya no creo en San Valentín.
Recuerdo que por febrero de un año muy lejano, tenía ya en mente dejar al noviecito de turno de aquel entonces. Acercándose la fatal fecha del 14 de febrero, y previendo un romanticismo inusitado, provocado por el conocido miedo masculino de “perder a la jermu”, me aferré a la única coartada que tenía a mano: el cumpleaños de una amiga soltera, exactamente en ese día. Claro que el muchacho insistía para verme, y luego de algunas artimañas telefónicas aterrizó inesperadamente en mi casa con el objetivo de “pasar un rato”.
Teniéndolo ya en mi dulce hogar, no pude mentirle al recibir por teléfono la respuesta negativa de mi amiga, que pasaba el festejo para otro día menos complicado (incluso para mí, que formaba parte la agrupación “amigas con novio”).
Una vez sorteado este obstáculo, el joven embistió de nuevo y me invitó a dar una vuelta por costanera, a lo que no pude negarme. Como aunque la disfracemos, la mona, mona queda, aunque revistamos un día de romanticismo, si no hay romance, no hay nada que podamos hacer.
Así fue como terminamos en un hermoso lugar de costanera, bajo una pérgola, y como quién no quiere la cosa, de hablar poco comenzamos a conversar más, de conversar a exponer diferencias de opiniones, de allí a tener una discusión acalorada, y no me pregunto cómo, pero terminé coronando nuestra maravillosa salida con una frase del estilo “necesito un tiempo para pensar”, “no sos vos, soy yo”, o alguna de las conocidas variantes. El paso del tiempo tuvo la indulgencia de perdonarme tal atropello, haciéndome olvidar aquella frase que tan poco combinaba con la magnífica noche de cupido.
Otro fatal 14 de febrero, mientras yo suspiraba por mi amor eterno, con el cual me casaría y tendría aproximadamente 19 hijos, el joven Don Juan andaba por los alrededores de la localidad de Floresta asegurándose muchos más amores eternos, episodio del que por suerte me di por enterada apenas una semana más tarde, con lo cual el maravilloso acontecimiento no puedo verse opacado por la vulgaridad de unos simples cuernos.
Otro San Valentín, en el que me encontraba sola, tuve la estupidísima idea de organizar una “salida de mujeres”, con el fin de improvisar un anti- San Valentín. ¡Qué puedo decirles, amigas!, la idea no pudo ser peor. Nuestra autoestima, tan alta al comienzo, terminó aplastada por todos esos enamorados que parecían brotar como hormigas de la misma tierra, besándose, a los arrumacos, arrojándose flores por los balcones. Un asco, humillante, patético. Eramos el club de solteronas de toda la ciudad de Buenos Aires. Si están solas, por favor, no intenten algo así. Es un suicidio colectivo.
En fin, queridísimas, no quiero aburrirlas con mi anecdotario. Sólo quería decirles, que luego de tantos bochornos, papelones, y (para seguir con los -ones), lagrimones por no amanecer entre flores y pétalos de rosas, como les sucede a todas las modelos publicitarias, les diré que el 14 de febrero es un día para mí tan temido como la aparición de Freddy Krueger, o el payaso IT, exactamente cuando sale de la alcantarilla.
Y antes de retirarme, sólo quiero aconsejar lo siguiente: a las que están acompañadas, no esperen que su novio se transforme en el novio de América sólo para quedar bien con sus amigas, que si aman a sus novios, parejas amantes o maridos, ámenlos ese día como todos los demás, aunque nunca está demás una linda demostración o un regalito, pero por favor, les pido expresamente, que si tienen celular, no aprovechen esa promoción de los ochenta mensajes, o por lo menos, no con su amado, porque si le mandan ¡80! mensajitos en un día, chicas, les aseguro que aunque sean el amor de su vida, las va a dejar, definitivamente.
A las que están solas les pido que no se pongan tristes, aunque el mundo entero conspire contra ustedes (no se les ocurra ni prender la tele, ¡y mucho menos escuchar la radio!), que siempre es mejor estar sola que mal acompañada, y que por lo menos la mitad de todas esas fanfarronas que gritan su amor a viva voz, lo hacen nomás para no ser menos, y ya al día siguiente están de nuevo planeando darle a su pareja de turno un calmante bien potente, un tecito de cianuro, o una buena patada en el…
Bien amigas, este es mi informe sobre el día V. ¡Hasta la próxima!
Hacete fan de Victoria Rolanda en Facebook: www.facebook.com/RevistaVictoriaRolanda
Follow us in twitter: www.twitter.com/victoriarolanda



