Shloishim es más que una historieta: se construye como secuencias que arman una gran historia. Es casi como mirar una película.
Por Eugenia Rombolá
A veces un viaje en subte se puede transformar en un viaje a otro universo. En el caso de Shloishim nos transporta al universo de un niño judío con sus tradiciones, festividades y creencias. Si bien estos puntos en la historia son muy diferentes para quienes no crecimos en el seno de una familia judía, las escenas más significativas no tienen fronteras culturales. Así como no las tienen las relaciones entre padres e hijos.
Lo primero que todo el mundo dice cuando ve Shloishim es "¡Lo encuadernaron al revés!", pero apenas abrimos lo que aparentemente es la tapa, un cartelito nos avisa: “No empieces a leer todavía”. Es que está encuadernado para leer en el sentido de lectura en hebreo, y las viñetas están numeradas para que las sigamos de derecha a izquierda.
La historia es la reconstrucción de la infancia. El retrato de un padre difícil. Una abuela complicada. Hechos que dejan marcas imborrables: la muerte del padre, la pérdida de la inocencia y el descubrimiento de la vocación (en este caso, la vocación del autor como dibujante). Se puede decir que esta historieta intenta comprender ese mundo perdido, pero sobre todo, elaborar el duelo y transformalo. Y esta búsqueda se concretó en un libro que dialoga con nuestros propios mundos que ya no están.
La historia tiene episodios muy dramáticos pero también cuenta con un sentido del humor particular: cuando llegás a una escena triste, el humor de Janchez te sorprende, te descoloca y te hace llorar y reír de un momento al otro. Por ejemplo, cuando la familia Janchez sale del cementerio, después de haber enterrado a su padre, el narrador, que es el Brian adulto, nos dice: “Ese tum (el sonido de la tierra sobre el ataúd) lo iba a tener en la cabeza muchos años”, y ahí se nos escapa un lagrimón. Pero el personaje de Brian en la infancia remata: “ ¿A dónde vamos ahora?” .“A casa. ¿A dónde querés ir?”. “Por ahí nos invitaban a comer afuera”.Muchos habrán leído Shloishim por internet, a través de Historietas Reales, pero ahora que está editado en papel por Llanto de Mudo, podemos viajar leyendo esta historia. Es una experiencia que recomiendo. Ir en subte con Shloishim es como ver los primeros años de vida de Woody Allen si hubiese nacido en Buenos Aires.
Autor: Brian Janchez
Editorial: Llanto de Mudo
Páginas: 68
Precio: $14
Se consigue en comiquerías




