Bienvenidos a Crónicas de bolsillo (para mujeres sin cartera)
Soy Blonda y recibí la invitación de Victoria Rolanda para tener un espacio en su casa. Así que me puse a diseñar una columna pensada en lo cotidiano. Un lugar donde poder compartir lo que a muchas mujeres nos pasa, lo que nos identifica, lo que nos hace reír o emocionarnos. Presentación realizada sólo me queda invitarlas a que lean mis Crónicas de bolsillo para mujeres sin cartera. Mi primera entrega es acerca de uno de los mejores inventos de la humanidad: el chocolate.
Imagen: homestudios
Que el chocolate posee propiedades terapéuticas no es novedad.
Hay masajes, mascarillas, aceites y hasta tratamientos reductores y tonificantes que utilizan las bondades del cacao en pos de nuestro bienestar.
Hay masajes, mascarillas, aceites y hasta tratamientos reductores y tonificantes que utilizan las bondades del cacao en pos de nuestro bienestar.
Desconozco si los métodos son efectivos y poco me importa si un Toblerone contribuye a la antioxidación de las células, aunque debo reconocer que más de una vez fantaseé con sumergirme en una bañadera llena de Nutella o en uno de esos peloteros infantiles que en lugar de pelotas de plástico estuviera lleno de gigantes M&M.
Sanador de las penas del alma y del corazón, motivador de ánimos, remolque de espíritus desvencijados, el chocolate fue y será mi cómplice entrañable.
Para las citas frustradas hay un bombón guardado en el cajón de emergencia de la cocina. Para las discusiones familiares, una caja de brownies de fácil cocción en la alacena. Para los casos de espera prolongada de un llamado que no llega, un delivery de helado de chocolate con almendras.
Casualmente la otra noche, cuando veía por décima vez Love Actually, me di cuenta de que no es lo mismo un domingo en compañía de una taza de té verde y una galleta de gluten que aquellos con una tableta de 75 grs. del más puro chocolate dispuestos a saciar mi antojo.
Con un chocolate en la cartera el encuentro casual con un ex, al que nos cruzamos en el shopping mientras empuja un cochecito de bebé y le sonríe a su enamorada esposa, se hace mucho más llevadero (sobre todo si además de chocolate tenemos a mano un blister de Rivotril).
Definitivamente, una porción de selva negra o un alfajor triple pueden rescatarnos de las más deprimentes situaciones.
¿Tu jefe tuvo un mal día y te hizo responsable de los errores más absurdos? Un bocadito de chocolate.
¿El pelo recién planchado se volvió un enjambre de rulos con el primer chaparrón? Dos bocaditos de chocolate.
¿Se te rompió el aire acondicionado el día históricamente más caluroso del año?, ¿perdiste el colectivo cuando llegabas tarde a la entrevista de tu vida?, ¿se te rompió el taco justo en lo mejor de la fiesta? Tres bocaditos.
¿Viste al novio de tu mejor amiga con otra y no sabés como decírselo? Media tableta de chocolate con cereales.
¿Viste a TU novio con otra y no sabés como digerirlo? Una cuenta corriente con el kiosquero amigo.
¡Basta de falsos convencimientos! Media hora en la cinta no elimina el fracaso de una relación, ni un baño de espuma es capaz de calmar la ansiedad de un mail que no llega.
Por eso, a esta altura de mi soltería, llegué a dos conclusiones. La primera es que mi mejor aliado en los momentos en que las horas parecen mirarme fijamente a los ojos acentuando la soledad, es un millón de calorías envueltas en papel dorado.
La segunda, es que un hombre no podrá jamás equiparar la inexplicable sensación de un pedacito de delicioso y espeso chocolate deshaciéndose en la boca. Salvo que el hombre en cuestión llegue al encuentro con una caja de bombones o que se trate del mismísimo Willy Wonka. En ese caso lo podría considerar…
Hasta la próxima,
Blonda



