Agustín, o sencillamente El bobero, como lo llaman sus lectores, nos cedió amablemente su post Echale Agua para la sección Hermanas, en donde desarrolla la invención de un lenguaje particular con sus hermanos, con el objetivo de volver locos a sus padres. Claro ejemplo de cómo se potencian entre sí aquellos de una misma familia.
Agustín Aguirre es también hermano de Carolina Aguirre, la creadora del blog "Ciega a Citas" que fue llevado a la televisión y hoy es una exitosa serie.
Recuerdo incontables anécdotas graciosas de mi infancia. Sin embargo, nada llegó a superar jamás el hecho de haber creado, literalmente, un nuevo lenguaje.
Nuestros padres, creían que mi Hermano,
Mi Hermana y yo, estábamos totalmente locos, y que teníamos que ser internados en un pirandero lo más pronto posible.
A pesar de las prohibiciones que teníamos por parte de ellos en cuanto usar nuestro lenguaje, solíamos hacerlo en reiteradas ocasiones, pero principalmente frente a ellos, como un acto de infante rebelde.
Aquí les transcribo uno de los diálogos más divertidos que recuerdo haber tenido en el auto de mi padre.
Para develar el significado de la palabra, basta con hacer click sobre la misma.
Mi Hermano:
- Che, ¿Por qué el
Ají está tan zarpado en
Chacarita?
Yo:
- No sí, se le voló el
tapete por que tuvo una historieta con
Verdolaga.
Mi Padre:
- ¡Che, déjense de decir locuras o los bajo!
Inmediatamente se escuchaban unas risas desmedidas. Verdaderamente disfrutábamos sacarlos de quicio. Ese día estábamos haciendo uno de esos viajes familiares con destino corto.
Mi Padre:
- ¿Qué es el ají? ¿Qué es el techista? ¿A vos te parece? (Mientras miraba fijo a mi Madre)
Mi Madre:
- Chicos, hablemos normalmente, así participamos todos.
Mi Hermana:
- Qué infierno, a verdolaga le pintó
la de Daniel Laruso, la que faltaba. Me parece que al ají le creció más el zapallo, cada vez que miro para adelante siento que va a explotar y me va a ensuciar.
Mi Padre:
- Chicos, vamos a conocer a la nueva novia de su tío, así que les pido encarecidamente que se comporten y que lo hagan quedar bien.
Mi Padre:
- ¿Qué mandarina? ¿Pero de qué torta habla este chico? (Mientras miraba enojado a mi Madre. A medida que el diálogo se ensuciaba más, mi padre iba aumentando la velocidad, y el ambiente era una bomba de tiempo)
Mi Hermano:
- Pero el tío es gordo, tiene olores, y encima es hincha de River. ¿Quién carajo le va a dar bola?
Mi Hermana:
- Será una oligofrénica como él. Otra no hay. (Mientras meneaba la cabeza)
Mi Padre:
- Hablá bien. Chicos, la vida no es todo apariencia. A su tío lo pueden querer, es una buena persona.
Yo:
- ¿Entonces a qué vamos? ¿No podíamos visitar buenas personas más cerca de casa?
Mientras mi Padre se agarraba la cabeza, como quien acaba de recibir la peor noticia de su vida, comenzamos a reírnos demencialmente de algo sucedido ese mismo día.
Un amigo de nuestro Barrio, llamado Andrés, había intentado prender fuego un sapo. En su afán de incendiar al pobre bicho, se prendió fuego a él. Pero no de esas prendidas de un segundo, se prendió fuego a tal punto que los vecinos debieron tirarle volquetes de agua para apagarlo.
Mi Hermano:
- Claro, encima me pierdo el partido de Boca. Aparte, seguro que se separan a las dos semanas y nos hicieron ir al pedo. El tío está loco, no le va a durar.
Mi Padre:
- Para cada roto hay un descocido, chicos.
Mi Hermano:
- ¿Y para Andrés que está quemado?
Agradecemos a Agustín Aguirre por su gentileza.