La navidad... según pasan los años









Cuando me tocó escribir algo para navidad, me di cuenta de que sólo podía hablar desde lo que significó la navidad para mí según pasaron los años .


Por Eugenia Rombolá



Cuando éramos chicas empezaba como dos o tres semanas antes, cuando ya comenzábamos a planear lo que le pediríamos a Papá Noel. Y en la tele se llenaba de películas temáticas, donde siempre había algún malvado que no creía en el espíritu navideño, pero al final cambiaba de opinión.


Yo nunca vi a Papá Noel. Ningún familiar tuvo la bondad de calzarse el disfraz. Lo que sí recuerdo es que a las doce todos los grandes nos arengaban a los chicos de ese entonces para que salgamos al parque a ver los fuegos artificiales.


Había un amigo de papá que era capo en eso. Traía todo un arsenal que nos dejaba como media hora con la boca abierta mirando el cielo. Entonces cuando entrábamos a la casa, el arbolito estaba lleno de regalos y mamá decía que recién se había ido Papá Noel, que no se quedó a saludarnos porque estaba muy apurado.


En fin, esa historieta me la comí dos o tres años, y como dos años más me hice la distraída, para no arruinarle la ilusión a mamá de que el montaje papanoelístico había cumplido su cometido.


La navidad era linda. Era una familia unida, aunque sea por una noche. Era amigos, fiesta, ponerse linda. Era comida rica, regalos y tarjetitas de amor y paz. Una navidad digna de Victoria.


Después, en la adolescencia, la navidad era esperar a que sean las doce para escapar de una familia cada vez más rota, salir de joda y emborracharse, porque sí, porque ser adolescente era insoportable y en pedo se hacía un poco más llevadera.


Ahora, en la adultez la época de navidad puede ser un horrorr. La gente anda alterada por la calle, ya está harta, quiere que se termine el año, los negocios están que explotan de personas desquisiadas. Si no hay niños en la cena familiar, la navidad parecería ser algo absurdo.


Sin embargo, puede ser diferente. Como en casi todas las cosas de la vida, es una cuestión de actitud. No es extraño que para estas fechas nos lleguen mails de amigos de los que hacía mil que no teníamos noticias, que a alguno, un poco en pedo, se le dé por llamar al hermano con el que estaba peleado, que el jefe diga “feriado de corrido hasta el 3 de enero”, qué sé yo, esos gestos que en marzo, en julio o en agosto no ocurren ni de casualidad.


Así que si sos como el malo de las películas que veíamos en la infancia, si sos como yo, o como Rolanda, aflojá, comprate algo lindo, sonreíle a los parientes, qué le vas a hacer, son lo que te tocó, aceptalos, olvidate del boludo que te hizo sufrir durante todo el año, rodeate de la gente que te quiere y haceles el mejor regalo: sentirte bien junto a ellos.


Desde VR te deseamos una navidad llena de alegría, buena onda y alcohol (para las que les gusta, claro). Porque la navidad no es ni verde ni roja. Es rosa y negra, como vos, como nosotras, como Victoria Rolanda.


¡Un beso grande y muchas felicidades!






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