Ha llegado el último día del año. Seguramente estarás pensando qué cosas te ha dejado. Siempre el fin de año es un momento en donde solemos hacer balances y reflexionar sobre los logros alcanzados y sobre esas cosas que aún están pendientes en nuestra lista de anhelos.
Hace una semana, Eugenia Rombolá nos contaba cómo habían sido sus navidades a lo largo de su vida, desde pequeña hasta la mujer que es hoy. Al acordarme de esto, naturalmente me salió hacer el ejercicio mental de tratar de recordar cómo habían sido los fines de año a lo largo de mí vida y la verdad es que fueron mucho menos enroscados que lo que lo son hoy.
Cuando era chica, el fin de año era más que nada una oportunidad para jugar con mis primos y hacer de las mías, ya que siempre fui bastante terrible. Ya en la adolescencia, el treinta y uno significaba la proximidad, en horas solamente, de poner los pies en la arena y correr a zambullirme en el mar, disfrutar con mis amigos, trasnochar, levantarse sin que suene el despertador y esas cosas que sólo suceden en tiempo de vacaciones.
Hoy las cosas no son tan simples. Con el cierre del año uno comienza a cuestionarse qué cosas logró de todas aquellas que a principios de 2009 se había planteado como metas a alcanzar: ¿Logramos ese cambio laboral que soñabamos? ¿Pudimos decir “no” ante las cosas que no nos gustaron? ¿Tuvimos la suerte de conocer a alguien que nos enseñe a levantarnos cada mañana con una sonrisa? Y tantas otras variantes que no voy a seguir enumerando, porque ya casi me siento como el pajarito de la propaganda que le picotea la cabeza a la protagonista atormentándola con los mandatos familiares y sociales que no ha logrado aún cumplir o en los que no ha podido todavía encajar.
El fin de año de un adulto es más o menos eso, un pajarito que llega para picotearnos la cabeza y para recordarnos todo lo que no hemos podido alcanzar. Por eso les propongo, amigas, que traten de volver a la simpleza que tenían nuestros fines de año cuando eramos niñas y que como en la propaganda le digamos al pajarito: ¡Volvete al árbol!
Tratemos de no angustiarnos por lo que no se cumplió este año y de regocijarnos con lo poco o mucho que hayamos sabido y podido conseguir.
Entonces, las invito a elevar la mirada, tomar una copa (aunque sea imaginaria) y ¡brindar con nosotras, mujeres! y ¡Feliz 2010 para todas!
Nuestro principal deseo es que el año que se inicia nos encuentre con la sabiduría necesaria para elegir las opciones de la vida que nos hacen felíz y nos hacen crecer en el amplio sentido de la plabra. ¡Salud!
Pd: Gracias a todas (y a todos) por acompañarnos en este hermoso sueño concretado que es Victoria Rolanda.




