¿Embarazada yo?

La segunda etapa: La negación 
 

 


En las instrucciones de los test caseros de embarazo dice con claridad “un resultado positivo es siempre positivo. Los resultados negativos pueden dar como resultado un falso negativo. Es recomendable realizar una prueba de sangre para constatar el resultado. Consulte a su médico. Pese a que el folleto no dejaba lugar a dudas, mi mecanismo de negación funcionaba a pura máquina y aunque ya me había hecho otro test, y nos habíamos quedado emocionados con la noticia, al día siguiente me hice uno más para sacarme las dudas. Esta vez dio negativo. Me tranquilicé y volví a aferrarme a la idea de estrés, de la gastritis y de un desequilibrio hormonal.


Haciéndole caso al folletín del test, fui a la consulta médica bastante confundida por los dos resultados contradictorios.


Me senté en la sala de espera, rodeada por panzas enormes y chicas que empujaban carritos de bebés. Cuando llegó mi turno, saludé a la médica y sin sentarme, arrojé la novedad sobre su escritorio:



-Creo que estoy embarazada.


- A ver. Explicame un poco mejor que significa eso.


-Bueno, tengo un test de embarazo con resultado positivo. Pero a los dos días hice otro y me dio negativo.


-¿Y para que te hiciste el segundo?


-No sé. Quería confirmarlo. O descartar la opción. Qué se yo.


-¿Tenés un atraso?


-Sí, de casi tres meses.


-¿Y tenés nauseas? ¿Sueño? ¿Te duelen las lolas?


-Sí, sí y sí.


-¿Querés que te diga mi diagnóstico, así sin revisarte? Sufrís un caso agudo de negación. Estás embarazada, chiquita. Vamos a hacer una ecografía para confirmarlo.


Todavía descreída, la seguí hasta el ecógrafo arrastrando los pies con desgano.

Mi marido esperaba en la sala de espera, sereno. Es un tipo extremadamente calmo, pero su calma me resultó un tanto fingida. Me puso nerviosa.

La médica lo invitó a pasar.

Se quedó parado cerca de la salida, con el sobretodo en la mano. Inmóvil. Con la cabeza le hice gestos para que lo apoyara en una silla y entre dientes le pedí que se acercara. Se acercó a la camilla y me agarró de los pies con suavidad. Agudicé la vista. Me había olvidado de quitarme el esmalte rojo de las uñas y lo tenía saltado. Tremenda desprolijidad para este momento histórico. Había un monitor en la cabecera de mi camilla, pero por la posición no podía distinguir la imagen.


La doctora puso un gel frío sobre mi panza y apoyó el aparato justo abajo del ombligo. Se rió mientras miraba el monitor.

    -Vení. Llamó a mi marido haciendo un gestito con el dedo.

Se acercó despacito. Yo lo ví en su cara y ahí supe que lo que tenía no era gastritis, ni estrés, ni un milagro de la naturaleza que había hecho que aumente dos talles de corpiño.

Me incorporé para ver en el monitor. La doctora me retó y me pidió que me quedara quieta. Giró el monitor para que lo pueda ver.




-Mirá, aca está tu hijo.



Nos empezamos a reír incontrolablemente. Salté de la camilla, con la bata que dejaba media humanidad al aire, para que la aprecien dos residentes morochos y de ojos azules que tenía ubicados estratégicamente a mis espaldas.


Nos dimos un abrazo. Y nos seguimos riendo.



-Según mis cálculos tenés un embarazo de nueve semanas y media. Tu fecha probable de parto es para los primeros días de abril de 2010.


- ¿Fecha de parto?



Ahí se me congeló la sonrisa. Me volví a sentar en la camilla y me temblaron las rodillas. Demasiada información junta.


Era oficial. Íbamos a ser papás en siete meses y medio.


Hasta la próxima crónica antiembarazada,

Flor 

Related Posts with Thumbnails


MODA

Estar cómoda está de moda: las zapatillas tipo Keds

Leer más


 
::Staff ::Así empezó todo ::Cómo anunciar ::Confian en nosotras::