Olga Cossettini no es sólo el nombre de una calle cheta de Puerto Madero. Para Olga no hay notas en ninguna Revista Femenina, ni notas de homenaje en la televisión. Sin embargo, fue una docente de vanguardia que nació en una familia de educadores de Santa Fe.
Por Cecilia Fiori
Olga Cossettini nació en el año 1898, se recibió de maestra en 1914 y comenzó poco a poco a desplegar un nuevo concepto sobre la enseñanza que sorprendería a sus contemporáneos y que sorprende hasta hoy en día. No lo hizo sola sino junto a su hermana,
Leticia.
Entre los años 1935 y 1950, Olga ejerció la dirección de la Escuela experimental Dr. Gabriel Carrasco de Rosario. Cossettini adhería a los principios de la llamada “Escuela Nueva”, corriente pedagógica surgida hacia de fines del Siglo XIX. En su escuela cada espacio o área de estudio amalgamaba sus límites con las disciplinas artísticas. Esto se debía a la concepción fundamental de enseñar a partir del fomento de la imaginación, la creatividad y la expresión de cada alumno.
Pero no todo era arte. Olga Cossettini también procuró que sus estudiantes recibieran una sólida formación en relación con las ciencias y la literatura. Debido a esto, fomentaba el permanente uso del laboratorio y de la biblioteca, dos espacios que dentro de la escuela deberían privilegirase en toda planificación de las actividades.
La educación, según la concepción de Cossettini, no debía de ningún modo ser un espacio cerrado, sino por el contrario tendría que estar en permanente contacto con el afuera, con la realidad circundante. En este sentido, su escuela no sólo era un sitio pedagógico de puertas abiertas, sino que hasta podríamos decir que era una institución ambulante.
En muchas ocasiones la escuela salía a la calle, al encuentro de su comunidad. Durante estas jornadas, que Olga denominaba como “Misiones de divulgación cultural”, se cumplía su objetivo de que sus alumnos se acercaran a su barrio, a sus necesidades.
Todo esto se enmarcaba dentro de una concepción del saber sumamente revolucionaria. Según ella, el conocimiento no debía ser transmitido por el docente, sino construido por el alumno a partir de su experiencia. El docente sólo funcionaba de puente entre el alumno y su experiencia de conquista del saber.
Los tiempos dentro de la escuela Dr. Gabriel Carrasco no eran cronometrados por el tic tac de un reloj, tal como los conocemos los que hemos pasado ya por instituciones educativas formales, no. Las actividades estaban reguladas según el interés de los alumnos y ni siquiera el recreo era pautado por una campana o timbre, tal cual lo conocemos, sino que al momento del esparcimiento los niños empezaban a escuchar una música que provenía del sector del patio y los invitaba a jugar.
Pese a lo que muchos podríamos pensar, en relación con este mundo escolar tan laxo, en su escuela no había problemas de conducta. Olga explicaba, con mucha naturalidad, que cuando los niños aman lo que hacen, se comprometen con su tarea y regulan sus conductas. De este modo, en su institución operaba una especie de normativa disciplinar consensuada con los estudiantes que dejaba de lado el marco cohercitivo que seguramente todos nosotros hemos experimentado en nuestro paso por la escuela.
Olga Cossettini era sin lugar a dudas toda una docente revolucionaria para su época. Pero llamativamente no fueron sus ideas pedagógicas las que le causaron más de una pena, sino sus ideales políticos. Fue así como el 28 de agosto de 1950, en pleno peronismo, el ministro de educación, Dr. Raúl Rapella, la declaró cesante en sus funciones docentes aludiendo razones de incompatibilidad ideológica y sin mediar ningún otro alegato que tuviera que ver con un juicio pedagógico sobre su actividad docente.
A partir de esa fecha, la institución educativa Dr. Gabriel Carrasco fue clausurada, tapiándose su puerta de acceso. Pese a la movilización multitudinaria de apoyo a la docente que llevaron a cabo alumnos y vecinos, la decisión ministerial nunca fue revocada y Olga nunca más volvió a dirigir su escuela.
Pero como todo gira en la vida, entre 1955 a 1957 Olga Cossettini fue designada Inspectora de Escuelas en la provincia de Santa Fe, en 1958 se la nombró Directora de Escuelas de la Pcia. de Buenos Aires y, en 1969, la Unesco la designó experta en formación de maestros.
Ya reivindicada por su labor y su aporte a la educación de nuestro país, Olga Cossettini pasó sus últimos días en el barrio de Alberdi, donde falleció en el año 1987.
En el año 1991 se hizo un documental en su honor que se llamó La escuela de la Señorita Olga, en donde se la recuerda por medio de los testimonios de sus ex alumnnos. También hablaba en el documental una viejita con voz quebrada, su hermana
Leticia, la gran compañera de Olga en esta aventura de trasformar la educación argentina y que hoy en día está mucho más olvidada todavía.