En mi caso personal, tengo que confesar que tengo las mañas de persona que hasta los 10 años fue hija única. Sin duda, ese fue un hecho determinante porque, si bien tuve muchos primos para jugar, de noche éramos mi mamá y yo, solas. No había muchas posibilidades de que mi mamá se quedara embarazada porque era viuda. Pero mi deseo era claro y obstinado. Yo quería tener un hermanito. Eran tal mis ganas de tener hermanos que recuerdo haberme quedado mirando vidrieras para bebés. No. No estoy exagerando. Así como los chicos miran en vidrieras el próximo juguete para navidad, yo miraba esa ropa vacía, esos maniquíes infantiles y visualizaba una tarde de juegos con mis hermanos.
Al poco tiempo, mi mamá se puso de novia. Un mes de mayo, hace ya veinte años, nació Silvina. Creo que pocas cosas me determinaron tanto como persona que el nacimiento de esa bolita chiquita con la que me empecé a pelear desde su primera respiración fuera del útero. Su llegada me cambió para siempre. Ni hablemos del nacimiento de Evelyn en el último año del secundario. Es raro llevarse 17 años con tu hermana menor.
La gente que me conoce tiene que reconocer que soy inmadura. Bueno, ahora ya saben por qué. Tengo mucha diferencia de edad con mis hermanas. Lejos de mimetizarse ellas con la hermana mayor, se dio a la inversa. Fui yo la que se mimetizó con ellas y extendí mi infancia y después la adolescencia para poder jugar con ellas dos. Inventarme palabras que sólo entendemos nosotras, códigos secretos, juegos tan propios e intransferibles, me hicieron ser la persona que soy.
Por todas estas razones, personales y subjetivas, nada profesionales, nace nuestra columna llamada “Hermanas”. Porque todas somos hermanas de alguien, tenemos hermanas, nos sentimos hermanas de, etc. Cada persona tiene su historia ligada a este lazo fundamental en la vida. Pero también por otra razón más. El espíritu de esta revista: la fraternidad.
Los invitamos a participar enviándonos sus relatos. Puede ser la carta de un hermano a su hermana. De una hermana a su hermano menor. La historia de vida de dos hermanas gemelas, etc. La idea es abordar estas hermosas historias de amor, aprendizaje, competencia y rivalidad, pero desde el lugar de la mujer.
En esta ocasión, queremos presentarles a las hermanas Olga Cossettini y Leticia Cossettini, dos pedagogas argentinas que fueron innovadoras en su estilo. Espero que esta sección les guste tanto como me gusta a mí (y a mis hermanas).
Hasta la próxima,
Dirección Editorial



