Ariel Farace nació en Lanús en 1982. Escribe, actúa y dirige. Es Egresado de la carrera de Dramaturgia de la Escuela Metropolitana de Arte Dramático. En 2007 fundó la compañía VILMA DIAMANTE con la que trabaja en la actualidad y con la que llevó a cabo la producción de la obra Luisa se estrella contra su casa.Durante la semana nos dio una entrevista para Victoria Rolanda.
- Ariel, cómo te interesaste por el teatro? ¿Fue a través de tu familia, cuándo creciste....?
- Mi relación con el teatro es de díficil reconstrucción para mí... Hoy desconozco la razón de tamaña ocurrencia, pero un día, en la pubertad, decidí anotarme en un taller de actuación en Lanús. En mi familia nunca hubo hay artistas. Bah... aunque mi padre había tenido una adolescencia ligada a la pintura, y eso puede que en mi mitología infantil haya sido importante . Ahora mismo viste una de las paredes de mi casa un paisaje nevado que él pintó.
- ¿Entonces el taller de actuación de Lanús fue definitorio?
- Sí. También imagino que la intensa relación que mi infancia guardó con la televisión pudo tener que ver con mi deseo por actuar. No tengo recuerdos como espectador teatral anteriores a la realización de ese taller. Digamos que esa experiencia fue la que disparó mi interés en las artes escénicas.
- ¿No motivó tu interés ninguna mujer?
- No diría que fue una mujer, sino todo el ejército de mujeres fuertes que rodeó mi infancia: mi abuela materna y su mundo ucraniano con la que me crié; una vecina que me enseñó a leer haciendo crucigramas; los hijas adolescentes de la vecina que me sacaban de paseo; una tía muy muy joven con la que conversábamos de madrugada; y la intensidad de mi madre, su candor. Cada una aportó una cuota dramática en la forma de ver las cosas, en mi salida al mundo.
- Contanos un poco de cómo te fuiste abriendo camino...
- Más que abrirlo yo, diría que el camino se abrió ante mí. A partir de ese taller empecé a interesarme por la cartelera de Buenos Aires y ha viajar cada vez que podía, con mis 12 o 13 años, a ver las obras que me llamaban la atención en forma totalmente arbitaria. Recuerdo haber arrastrado a algunos amigos de la escuela a ver el montaje de Augusto Fernández de La Gaviota, de Chejov, al Teatro San Martín sólo porque me gustaban los animales y el título me atrajo.
- ¿Te acompañaban tus amigos? ¿Cómo los convencías?
- Sí, no sé como hacía, pero les vendía la aventura. Algunos se dormían en medio de la función. Ese mismo año me encontré de casualidad con el montaje de Ure de En familia, de Florencia Sánchez, en el Cervantes. Cada espectáculo era para mí un descubrimiento fabuloso, transformador, mágico, y un violento aprendizaje.
- ¿Y de ahí ya no pudiste parar?
- Una cosa llevó a la otra. Continué en diferentes talleres, empecé a leer todo el teatro que llegaba a mis manos -el primer faro que recuerdo es Conrado Nalé Roxlo-. Y una vez dirigí una pieza de Alejandro Casona en la sala de música de la escuela. Después comencé a trabajar de asistente de producción de una compañía, leía entrevistas y anotaba nombres, investigaba. ¡Me sabía la cartelera de memoria! Salía de caminata por Corrientes para ver las puertas de los teatros, recoger folletos, una vez encontré una edición de La cantante calva, de Ionesco, en un tacho de basura frente al Teatro Alvear. Desde adolescente guardé una relación apasionadísima con la actividad. Pero un día, el encuentro con las clases de Pompeyo Audivert, a las que llegué un poco por intuición y otro poco por casualidad, fueron el canal de expresión y pensamiento para esa energía desbordante.
- ¿Fue un lugar muy importante para tu formación?
- Muy importante. Allí me formé, profundamente y en más de un sentido. Y allí comenzó también una estrecha relación con la poesía y la confianza en la escritura, hasta entonces una práctica privada. Llegado el año 2000, decidimos emprender un proyecto con algunos compañeros de taller -Carolina Balbi, Juan Pablo Piemonte y Luciana Mastromauro- y escribimos, actuamos y dirigimos Piara, estrenada en la Sala Contemporánea del Centro Cultural Recoleta y, en ese entonces, bajo la coordinación de Vivi Tellas. Esa pieza fue el puntapié inicial del resto de mi trabajo.
- ¿De qué directores considerás que aprendiste mucho?
- En cada lugar por el que pasé aprendí algo. De mis maestros de la Carrera de Dramaturgia de la EMAD. También de Marcelo Bertuccio, Alejandro Tantanian y Luis Cano, con quienes trabajé y de los que aprendí muchísimo. Después comencé a publicar algunas piezas. Dirigí Nostalgie 2175, de Anja Hilling, para el Goethe Institut... El mismo camino me fue haciendo tropezar con esas cosas. Así sigo caminando. Afortunadamente hoy me acompañan mis compañeros de la Compañía Vilma Diamante que hacen más grato el recorrido.
- ¿Cuál es la anecdota infantil que más refleja cómo sos ahora?
- Qué pregunta más difícil. A ver... en casa de mi abuela había una biblioteca. Una biblioteca pequeña donde unos pocos libros empolvados se mezclaban con todo tipo de otros objetos: pomadas para zapatos, costureros, botas de lluvia. Recuerdo mis encuentros privados con ese mueble inmenso para mi altura de niño. Esa atracción por los libros, objetos extraños para mí en ese entonces, el peligro que sugerían y el misterio que respiraban... Ese misterio que encuentro en las cosas es el que tal vez siga vivo hasta el día de hoy.
- Tus principales influencias para la puesta en escena... ¿vienen la literatura, del cine, del teatro?
- Imagino que de esas tres disciplinas y también de la danza, la pintura, el arte contemporáneo, la arquitectura... Además de la política y el desarrollo de la vida social.
- El personaje de Luisa es un personaje que vive en un mundo irreal pero sorprende por la actualidad que tiene. ¿Por qué creés que cada vez más gente elige la soledad como forma de vida? Digo...¿Es más fácil prender la radio, como lo hace Luisa, (o bien la computadora como hacemos la mayoría) que relacionarse con otros?
- No lo sé. Habría que pensar qué es relacionarse, qué es fácil o díficil y para quién. No sé si cada vez más gente elige la soledad. Sí, a veces, observo cierta dificultad en reunirse con otros a generar proyectos, a compartir experiencias, a pensar. Creo que aparece como un signo de estos tiempos y me parece poco feliz. Igual, con respecto a lo que decís de Luisa, pienso que todos vivimos en un mundo irreal.
- ¿En quién pensás cada vez qué estrenás?
- En los que ya no están.
- ¿Qué proyecto estás haciendo en este momento?
- Por un lado, con la Compañía Vilma Diamante estamos terminando con la funciones de Luisa se estrella contra su casa, que estrenamos en marzo pasado y que disfrutamos mucho hacer. Bajaremos de cartel el 14 de noviembre, aunque, a fin de noviembre, haremos una función extraordinaria para la Fiesta del Teatro CABA 2009. A la vez trabajamos hace un tiempo en la creación de una nueva pieza para estrenar a fines de 2010.
- ¿Y dentro de poco estrenás una obra nueva, no?
- Sí, estoy estrenando ya, el 6 de noviembre, la obra Galope en niebla, un texto de temática histórica que recibió el Premio de Dramaturgia del Fondo Nacional de las Artes del año pasado y que escribí y dirijo por encargo de la Comedia de la Provincia de Buenos Aires en la Sala Armando Discépolo, en La Plata.
- ¿Qué página web considerás imperdible?
- ¡Tantas! Pasen por las publicaciónes FOCO o MOLDE que nunca fallan.
- ¿Marilyn Monroe o Rita Haythworth?
- Rita, según Manuel Puig.
- ¿Sofia Loren o Brigitte Bardot?
- Ninguna o ambas.
- ¿Victoria o Rolanda?
- Rolanda, definitivamente Rolanda.
- ¿Entonces el taller de actuación de Lanús fue definitorio?
- Sí. También imagino que la intensa relación que mi infancia guardó con la televisión pudo tener que ver con mi deseo por actuar. No tengo recuerdos como espectador teatral anteriores a la realización de ese taller. Digamos que esa experiencia fue la que disparó mi interés en las artes escénicas.
- ¿No motivó tu interés ninguna mujer?
- No diría que fue una mujer, sino todo el ejército de mujeres fuertes que rodeó mi infancia: mi abuela materna y su mundo ucraniano con la que me crié; una vecina que me enseñó a leer haciendo crucigramas; los hijas adolescentes de la vecina que me sacaban de paseo; una tía muy muy joven con la que conversábamos de madrugada; y la intensidad de mi madre, su candor. Cada una aportó una cuota dramática en la forma de ver las cosas, en mi salida al mundo.
- Contanos un poco de cómo te fuiste abriendo camino...
- Más que abrirlo yo, diría que el camino se abrió ante mí. A partir de ese taller empecé a interesarme por la cartelera de Buenos Aires y ha viajar cada vez que podía, con mis 12 o 13 años, a ver las obras que me llamaban la atención en forma totalmente arbitaria. Recuerdo haber arrastrado a algunos amigos de la escuela a ver el montaje de Augusto Fernández de La Gaviota, de Chejov, al Teatro San Martín sólo porque me gustaban los animales y el título me atrajo.
- ¿Te acompañaban tus amigos? ¿Cómo los convencías?
- Sí, no sé como hacía, pero les vendía la aventura. Algunos se dormían en medio de la función. Ese mismo año me encontré de casualidad con el montaje de Ure de En familia, de Florencia Sánchez, en el Cervantes. Cada espectáculo era para mí un descubrimiento fabuloso, transformador, mágico, y un violento aprendizaje.
- ¿Y de ahí ya no pudiste parar?
- Una cosa llevó a la otra. Continué en diferentes talleres, empecé a leer todo el teatro que llegaba a mis manos -el primer faro que recuerdo es Conrado Nalé Roxlo-. Y una vez dirigí una pieza de Alejandro Casona en la sala de música de la escuela. Después comencé a trabajar de asistente de producción de una compañía, leía entrevistas y anotaba nombres, investigaba. ¡Me sabía la cartelera de memoria! Salía de caminata por Corrientes para ver las puertas de los teatros, recoger folletos, una vez encontré una edición de La cantante calva, de Ionesco, en un tacho de basura frente al Teatro Alvear. Desde adolescente guardé una relación apasionadísima con la actividad. Pero un día, el encuentro con las clases de Pompeyo Audivert, a las que llegué un poco por intuición y otro poco por casualidad, fueron el canal de expresión y pensamiento para esa energía desbordante.
- ¿Fue un lugar muy importante para tu formación?
- Muy importante. Allí me formé, profundamente y en más de un sentido. Y allí comenzó también una estrecha relación con la poesía y la confianza en la escritura, hasta entonces una práctica privada. Llegado el año 2000, decidimos emprender un proyecto con algunos compañeros de taller -Carolina Balbi, Juan Pablo Piemonte y Luciana Mastromauro- y escribimos, actuamos y dirigimos Piara, estrenada en la Sala Contemporánea del Centro Cultural Recoleta y, en ese entonces, bajo la coordinación de Vivi Tellas. Esa pieza fue el puntapié inicial del resto de mi trabajo.
- ¿De qué directores considerás que aprendiste mucho?
- En cada lugar por el que pasé aprendí algo. De mis maestros de la Carrera de Dramaturgia de la EMAD. También de Marcelo Bertuccio, Alejandro Tantanian y Luis Cano, con quienes trabajé y de los que aprendí muchísimo. Después comencé a publicar algunas piezas. Dirigí Nostalgie 2175, de Anja Hilling, para el Goethe Institut... El mismo camino me fue haciendo tropezar con esas cosas. Así sigo caminando. Afortunadamente hoy me acompañan mis compañeros de la Compañía Vilma Diamante que hacen más grato el recorrido.
- ¿Cuál es la anecdota infantil que más refleja cómo sos ahora?
- Qué pregunta más difícil. A ver... en casa de mi abuela había una biblioteca. Una biblioteca pequeña donde unos pocos libros empolvados se mezclaban con todo tipo de otros objetos: pomadas para zapatos, costureros, botas de lluvia. Recuerdo mis encuentros privados con ese mueble inmenso para mi altura de niño. Esa atracción por los libros, objetos extraños para mí en ese entonces, el peligro que sugerían y el misterio que respiraban... Ese misterio que encuentro en las cosas es el que tal vez siga vivo hasta el día de hoy.
- Tus principales influencias para la puesta en escena... ¿vienen la literatura, del cine, del teatro?
- Imagino que de esas tres disciplinas y también de la danza, la pintura, el arte contemporáneo, la arquitectura... Además de la política y el desarrollo de la vida social.
- El personaje de Luisa es un personaje que vive en un mundo irreal pero sorprende por la actualidad que tiene. ¿Por qué creés que cada vez más gente elige la soledad como forma de vida? Digo...¿Es más fácil prender la radio, como lo hace Luisa, (o bien la computadora como hacemos la mayoría) que relacionarse con otros?
- No lo sé. Habría que pensar qué es relacionarse, qué es fácil o díficil y para quién. No sé si cada vez más gente elige la soledad. Sí, a veces, observo cierta dificultad en reunirse con otros a generar proyectos, a compartir experiencias, a pensar. Creo que aparece como un signo de estos tiempos y me parece poco feliz. Igual, con respecto a lo que decís de Luisa, pienso que todos vivimos en un mundo irreal.
- ¿En quién pensás cada vez qué estrenás?
- En los que ya no están.
- ¿Qué proyecto estás haciendo en este momento?
- Por un lado, con la Compañía Vilma Diamante estamos terminando con la funciones de Luisa se estrella contra su casa, que estrenamos en marzo pasado y que disfrutamos mucho hacer. Bajaremos de cartel el 14 de noviembre, aunque, a fin de noviembre, haremos una función extraordinaria para la Fiesta del Teatro CABA 2009. A la vez trabajamos hace un tiempo en la creación de una nueva pieza para estrenar a fines de 2010.
- ¿Y dentro de poco estrenás una obra nueva, no?
- Sí, estoy estrenando ya, el 6 de noviembre, la obra Galope en niebla, un texto de temática histórica que recibió el Premio de Dramaturgia del Fondo Nacional de las Artes del año pasado y que escribí y dirijo por encargo de la Comedia de la Provincia de Buenos Aires en la Sala Armando Discépolo, en La Plata.
- ¿Qué página web considerás imperdible?
- ¡Tantas! Pasen por las publicaciónes FOCO o MOLDE que nunca fallan.
- ¿Marilyn Monroe o Rita Haythworth?
- Rita, según Manuel Puig.
- ¿Sofia Loren o Brigitte Bardot?
- Ninguna o ambas.
- ¿Victoria o Rolanda?
- Rolanda, definitivamente Rolanda.



